- El escudo social consiste en ir poniendo tapones a un barco que se hunde, y la única «extraordinaria y urgente necesidad» es la de Pedro Sánchez por mantenerse en el poder.
«Desde que comenzara el año 2022, se han aprobado un total de nueve paquetes de acciones y medidas que han perseguido mitigar el impacto y las consecuencias que la invasión de Rusia en Ucrania está teniendo en España».
¿La invasión de Ucrania? Pues sí.
Así comienza la Exposición de Motivos del Real Decreto-ley 2/2026, el del famoso «escudo social».
Recordemos que, para que el Gobierno consiga evitar los penosos trámites parlamentarios, los informes, las enmiendas y todo eso que dificulta el imparable avance del progresismo; para que, en suma, pueda sustituir un proyecto de ley por un decreto ley; deben existir razones de «extraordinaria y urgente necesidad».
¿Cómo se puede, entonces, invocar algo ocurrido hace cuatro años, cuando paracaidistas rusos aterrizaron en el aeropuerto Hostómel y fueron inesperadamente rechazados por los ucranianos?
Pues luego el Decreto se remonta aún más en el tiempo, hasta 2020, y explica que su objeto también incluye extender «las medidas de protección en situaciones de vulnerabilidad en materia de vivienda» que fueron aprobadas durante la pandemia de la Covid-19.
¿Dónde está la extraordinaria y urgente necesidad de unas medidas que tienen que prorrogarse todos los años desde hace seis años?
¿No estará más bien el problema en que Pedro Sánchez es incapaz de aprobar unos Presupuestos?
Inmune al desaliento, el Decreto dedica tres de las cuarenta páginas que lo componen a ponerse la venda antes de la herida y a justificar, de manera escasamente convincente, que es completamente urgente y necesario.
Y zanja la cuestión diciendo que «la extraordinaria y urgente necesidad de aprobar este real decreto ley se inscribe en el juicio político o de oportunidad que corresponde al Gobierno».
Es decir, se da la urgente necesidad porque lo dice el Gobierno. Y punto.
Qué tiempos aquéllos en los que Pedro Sánchez recordaba a Rajoy que no se puede gobernar por decreto. Ahora, más de la mitad de las iniciativas legislativas del gobierno siguen esta vía.
En Mallorca se llama variat («variado») a un desdichado descubrimiento culinario que consiste en mezclar en un mismo plato raciones francamente heterogéneas; así se consigue que la salsa de una sepia, o unas pilotes, invada a una pobre ensaladilla rusa que pasaba por allí.
Pues bien, la extraordinaria y urgente necesidad tampoco se lleva bien con estos decretos variat, que mezclan sin gracia las ayudas al coche eléctrico con la financiación de los ayuntamientos y, llegado el caso, con la prórroga laboral de un DAO incontinente.
Porque, como es natural, puede haber una mayoría parlamentaria a favor de alguna de sus partes y contraria a otras.
Hace un mes Pedro Sánchez incluyó en su decreto variat la revalorización de las pensiones con la protección de los inquilinos morosos a costa del propietario.
Y antes de que se votara (todo era necesario y urgente, y no había que perder tiempo) grabó un vídeo denunciando a la malvada derecha por oponerse a él.
Tal y como había previsto (estaba diseñado para eso) el decreto fue rechazado, y eso demuestra que subordinó una supuesta extraordinaria y urgente necesidad (la de revalorizar inmediatamente las pensiones) a una verdadera: mantener su relato de la malvada derecha y ultraderecha.
El Decreto tiene la desfachatez de llamar a este batiburrillo «principio de eficiencia», y dice tan tranquilo que «se ha procurado que la norma genere las menores cargas administrativas para la ciudadanía».
A fin de cuentas ¿hay una carga burocrática más pesada que el propio Parlamento?
Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados.
¿Quieren otro ejemplo de extraordinaria y urgente necesidad? El decreto también contempla «la renuncia a la llevanza de los libros registro a través de la Sede electrónica de la Agencia Estatal de Administración Tributaria», que es una extraordinaria y urgente necesidad que creó él mismo en el mes de diciembre.
Y, en fin, todo esto sin entrar en el famoso «escudo social». Porque tener un escudo está bien, pero es mejor no recibir porrazos.
Ramón González Férriz describía la paradoja de este Gobierno: a la vez que el PIB y el empleo crecen, disminuye el poder adquisitivo y crece exponencialmente el problema de la vivienda. Uno de cada cuatro españoles está en riesgo de pobreza o exclusión, y cerca de un 16% de familias ha sido incapaz de mantener una temperatura correcta en 2025, el doble de los que había cuando los actuales socios del Gobierno clamaban por la pobreza energética.
Parece que el escudo social consiste en ir poniendo tapones a un barco que se hunde, y que la única «extraordinaria y urgente necesidad» es la de Pedro Sánchez por mantenerse en el poder.