Irene González-Vozpópuli

  • La ley la hace quien tiene la fuerza, y cuando dos partes la tienen, hay negociación, posible paz y comercio

La detención de Maduro por los Estados Unidos es una magnífica noticia en sí misma, pero sobre todo porque pone fin al relato de ficción en el que ha vivido Occidente, especialmente Europa, que le ha llevado al colapso civilizatorio y al suicidio a costa de mantener una narrativa ficticia sobre la democracia liberal y un orden basado en reglas, como les gusta recordar a los globalistas para justificar el asesinato de naciones soberanas. Es la fuerza lo que determina que una nación esté protegida de ataques exteriores. Es la fuerza lo que configura la ley, la libertad y la paz y no al revés. La lógica de los imperios lleva a que Estados Unidos, que busca una política exterior que no la deje atrás respecto al avance de China, considere fundamental el control del Ártico y el resto del continente americano, al que llama su patio trasero con razón, donde el gigante asiático tiene una influencia creciente.

Si Estados Unidos tiene que hacer algo que no le gusta a Von der Leyen para proteger sus intereses lo hará igualmente. Lo ha hecho siempre. De hecho no hay mucha novedad en el caso de Venezuela ¿Qué cambia ahora? Que en la Administración Trump lo dicen abiertamente. Marco Rubio está pletórico dando una lección de geopolítica en los medios de todo el mundo, los primeros que viven de mantener esa ficción de mentiras de la sumisión a instituciones supranacionales inútiles y corruptas, como es la ONU. “No nos importa lo que diga Naciones Unidas de nuestras acciones si estas son necesarias para proteger los intereses de nuestro país”. “Este es nuestro hemisferio”, en un claro aviso a China.

Cuando le preguntaron por qué no detenían a otros dictadores de izquierdas contestó: “Esto no va de derechas o izquierdas, necesitamos controlar y estabilizar la región y sólo importa que colaboren con nosotros” (en alcanzar sus intereses). Siempre ha sido así, pero ahora un magnífico Marco Rubio lo dice para fijar el eje de la política que se va a llevar a cabo en los próximos años, de un mundo con al menos dos imperios. Estados Unidos busca su lugar y marca territorio. Estos movimientos necesitan que se deje atrás la ficción y retórica de un mundo infantilizado, fracasado y agotado.

El instinto de supervivencia y poder es más fuerte que la narrativa de ciencia ficción. Una potencia que no está dispuesta a ejercer la fuerza para proteger sus intereses frente a sus enemigos no es una potencia ni un Estado, sino una élite corrupta y traidora a la nación que facilita que otros ejerzan esa fuerza sobre él. Por eso María Corina Machado no es parte de la solución en esta primera fase, porque sin control de la fuerza, de la Guardia criminal corrupta Bolivariana, la que ha ejercido el terror contra el pueblo venezolano, habría una guerra civil que no le interesa a nadie, mucho menos a Estados Unidos.

La UE ha traído la guerra a nuestras calles

Toda la prensa centro liberal está muy perdida y asustada porque sus consignas infantiles e hipócritas sobre la democracia, la diversidad y la inclusión quedan hechas añicos ante la fuerza de la realidad. No deja de remover el estómago ver cómo aquellos que han estigmatizado como extrema derecha a quienes defienden la soberanía de sus naciones frente a una Unión Europea liberticida que nos arruina, ahora claman como posesos, sin ninguna compasión por los venezolanos asesinados y encarcelados por el chavismo, que la detención de Maduro es un ataque intolerable a la soberanía de Venezuela.

¿De qué soberanía hablan? El país caribeño, primera reserva del mundo en petróleo y otras materias primas, era un territorio no soberano hace muchos años controlado por extranjeros, agentes cubanos y narcos de todas las regiones con un tipo local en chándal como bufón nacional visible llamado Nicolás Maduro. Esto es el modelo de «soberanía» que defiende el globalismo, un gobierno profundamente corrupto que permite el expolio del territorio por terceros a cambio de beneficios personales, sin beneficios para la nación y sin que les importe que el pueblo pase hambre.

La soberanía es el derecho de la nación a través del Estado de decidir su futuro con el fin de proteger la prosperidad, la libertad, la justicia y la paz de los nacionales por encima de intereses de terceros. Y esto no existe ni en Venezuela, ni en Europa. Todos los globalistas de la Unión Europea, (todos los partidos de España, salvo Vox), han aplaudido como un avance de progreso europeísta perder soberanía en favor de la Unión Europea. Les ha parecido bien que los españoles no podamos decidir nuestra política energética, agraria o migratoria en favor de nuestros competidores y tengamos que acoger millones de inmigrantes del tercer mundo. Aplaudieron la intervención de las elecciones en Rumanía y las sanciones a Hungría por no ser de la cuerda ideológica.

Los necios han defendido que gracias a perder soberanía no hay guerras en Europa, mientras la UE ha traído la guerra a nuestras calles con una inmigración que nos odia casi tanto como nuestros dirigentes. Además, la organización que nació para la paz lleva años queriendo meternos en guerras que no son nuestras. Lo más ridículo es que dicen defender la pérdida de soberanía en favor de la Unión Europea para competir con Estados Unidos y China. Ambos, cuando vieron el tapón unido a la botella de plástico se echaron a temblar. Ni el Partido Comunista Chino puede ganar en regulación a la UE, es cierto.

La ley la hace quien tiene la fuerza, y cuando dos partes la tienen hay negociación, posible paz y comercio. Sin fuerza propia un país está condenado al expolio y la esclavitud de terceros. España, después de medio siglo sin definir una política exterior, no está en condiciones de exigir mucho. Los dirigentes del régimen constitucional es lo que nos han legado para que ellos pudiesen vender más fácilmente los intereses de España a cualquiera, incluso a Marruecos, a cambio de nada para el pueblo.