- Solo hay un periódico en el planeta que no informa del memorable triunfo de la selección española ante Francia, es el de Bildu, socio preferente de ese que saben
El precioso partido de fútbol que disputaron España y Francia en las semifinales del Mundial aparece reseñado en toda la prensa del planeta. De Osaka a Boston, no hay periódico que no recoja la victoria de la máquina de alta precisión que ha armado Luis de la Fuente. Bueno, miento, hay una excepción: el diario separatista vasco Gara, que no ofrece una sola línea.
¿Y qué es Gara? Pues es el sucesor directo de Egin, el periódico de ETA, que fue cerrado por la justicia en 1998 por su clara connivencia con el terrorismo. En Egin trabajaba la que hoy es portavoz de Bildu en el Congreso, Aizpurua, esa desagradable señora de voz ronca que nos endilga unas infumables lecciones de presunta superioridad moral y que en su día fue condenada por apologista de los asesinos. Aizpurua ejerció como directora de Gara durante un lustro.
Gara no informa del triunfo de España porque su promotor, Bildu, el partido de ETA, sabe que las gestas españolas en la cancha contribuyen a reforzar una unidad nacional que ellos quieren reventar. Así que prefieren hacer el ridículo borrando el partido en su portada.
En la misma línea operan los jerarcas del farisaico PNV, con su jefe, Aitor Esteban, de ancestros sorianos, y con el presidente vasco, Pradales, con un árbol genealógico que daría para una comedia titulada Ocho apellidos burgaleses. Un fanatismo profundamente paleto lleva a ambos a proclamar que les da absolutamente igual lo que haga España, porque para ellos solo existe una selección, la de «Euskadi» (neologismo inventado a finales del siglo XIX por el padre fundador del PNV, Sabino Arana, un dirigente racista, misógino y xenófobo del que se sienten muy orgullosos). Al despreciar a España, en realidad están despreciando a sus propios vecinos vascos, que de manera mayoritaria se sienten españoles, apoyan a la selección y se alegran con sus éxitos.
Este breve resumen de obcecaciones provincianas quedaría incompleto sin el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, del PSC. Se hizo con el poder gracias al apoyo del PP, que quería evitar que Junts, que ganó las municipales, se hiciese con la alcaldía. Pero en la práctica Collboni, de ancestros andaluces por rama materna, ha resultado a efectos prácticos tan nacionalista como su rival, Xavier Trías. Lo ha demostrado durante el Mundial, negándose a instalar pantallas en Barcelona para ver a España con todo tipo de pretextos insustanciales. Para salir del paso anunció que las permitiría solo en la final, en la secreta esperanza de que España no llegaría a ella. Por fortuna se ha columpiado y el domingo le tocará el trago de ver a riadas de aficionados de España viendo el partido en las calles de Barcelona, para desagrado del PSC de Illa, un partido nacionalista más, y del insufrible separatismo catalán.
Frente a un atraso xenófobo e insolidario, que lleva a algunos a pensar que un vecino de Irún o de Sitges es superior y diferente a uno de Jerez o Ponferrada, emerge como contraste en positivo la idea solidaria de España, que nos hermana a todos. Lo expresó con claridad el riojano Luis de la Fuente Castillo, un apóstol del sentido común: «Estamos muy orgullosos de ver un país unido entregado a una causa común».
Así ha sido: plazas y bares de toda España con la gente volcada espontáneamente con su selección. Un equipazo donde ponen orden el madrileño Rodri o el almeriense Baena; donde le echa casta el extremeño Porro; donde aportan su magia el español Yamal, hijo de una guineana y un marroquí, y el español Nico, hijo de refugiados ghaneses y que hoy es el estandarte del equipo vizcaíno que supuestamente solo admite el ADN vasco. Una selección española donde levantan un muro defensivo Laporte, un francés que prefirió ser español, y Curbasí, el niño prodigio hijo de un carpintero de un pueblo de Gerona.
Los triunfos de la selección acreditan lo evidente: existe una realidad insoslayable llamada España, cuya situación política se encuentra distorsionada porque un felón sin escrúpulos prefirió aliarse con los peores enemigos de su nación, empezando por el siniestro partido del periódico que no da ni una coma cuando España gana la semifinal del Mundial.
Un gran país víctima de la peor política. España ha sido tomada como rehén por una persona de psicología esquinada. Un mandatario autoritario, que se niega a hacer el más mínimo comentario cuando su hermano, al que tiene escondido en la Moncloa a costa de nuestros impuestos, acaba de ser condenado por prevaricador y que incluso ordena una campaña contra los jueces.
Pero la prueba del algodón de la calle ya lo ha condenado. Feijóo se fue a ver la semifinal a la calle, sentado con la gente de lo más tranquilo en una terraza de Chamberí. ¿Qué le habría ocurrido a Sánchez si por una vez se atreviese a salir del blindaje e intentase algo similar? Eso lo dice todo.