Jesús Cuadrado-Vozpópuli

  • No hay ninguna visión idealista, solo puro cálculo electoral. Mover el tablero, como ellos mismos confiesan

La pasada semana, desde el palacio de La Moncloa, con su tono habitual de cantinfleo, el presidente del Gobierno lanzó al mundo la enésima campaña de agitación electoral. Resumen: menos misiles, más hospitales. “No a la guerra”. Pero, si pretendía pararle los pies a Donald Trump, debería haber seguido el ejemplo del socialdemócrata Mark Carney. En Davos, el primer ministro de Canadá demostró saber de qué habla: “Ya no confiamos solo en la fortaleza de nuestros valores, sino también en el valor de nuestra fortaleza”. Es decir, cumplir con el gasto en defensa, lealtad con los aliados, apoyo comprometido contra los desafíos criminales de Rusia e Irán. ¡Hospitales y misiles! A diferencia de Sánchez, ante la amenaza a la independencia canadiense, Carney sí paró en seco al bravucón de la Casa Blanca, igual que la primera ministra danesa, con Groenlandia. Es lo que separa a un estadista de un mequetrefe.

Al día siguiente de la teatralización del “No a la guerra”, el Gobierno envió un barco de guerra a un escenario de guerra, y sin la autorización obligatoria del Congreso, que regulamos en la Ley de Defensa de 2005. Frente a esos misiles de los ayatolás que Sánchez no quiere ver, no hay vía diplomática posible, como han demostrado décadas de fracasos. Lo sabe, pero su guerra es electoral. Por eso, hacen trampas sobre la legalidad internacional. ¿Qué ocurriría hoy en un Consejo de Seguridad? Rusia, el invasor de Ucrania, con capacidad de veto, ha exigido con cinismo que se respeten las normas internacionales. China, otro tanto. Sería interesante comprobar si Sánchez se alinearía con ellos o con Reino Unido, Francia y EEUU, también con opciones de veto. ¿Con quién va?

Los sospechosos habituales

Sánchez y los dirigentes del Psoe intentan hacer creer a los españoles que hay alternativas negociadas a la amenaza nuclear y balística iraní, y a sus crímenes terroristas. Si fuera así, que las pongan encima de la mesa. El sanchista Borrell lo intentaría durante los cinco años de alto representante de la Comisión Europea, pero a la vista está que con resultados nulos. Les conviene aclararlo para que no se piense que el misil “No a la guerra” solo lleva carga electoral. La prueba está en quiénes acompañan a Sánchez. El catálogo no deja lugar a dudas. Fuera, además de rusos y chinos, le aplauden todos los adscritos al castrochavista Grupo de Puebla, como el presidente colombiano Petro, la presidenta mexicana Sheinbaum o la dictadora venezolana Delcy Rodríguez, la camarada de Zapatero. En casa, los sospechosos habituales: comunistas, bildutarras, independentistas “progres”, anticapitalistas. Todos, alineados tras la consigna “Otan de salida, ¡sí!”.

Los propios ayatolás, con sus declaraciones, encabezan el apoyo internacional a Sánchez. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, le ha alabado por su “conducta responsable” al rechazar, señala, “violaciones de derechos humanos”. Va aún más lejos y le encumbra al destacar que “aún existen éticas y conciencias despiertas en Occidente”. Viniendo el piropo del responsable directo de 30.000 iraníes asesinados a tiros mientras se manifestaban pacíficamente, incluidos decenas de niños, no se entiende que el “doctor” no haya reaccionado aún. Es el mismo que condena a Reino Unido, Francia y Alemania por su declaración conjunta, en la que se mostraban dispuestos a acciones militares para proteger Europa. El dictador iraní les califica como irresponsables y provocadores por alinearse con EEUU e Israel.

Si el “No a la guerra”, a diferencia de lo que ocurría en 2003 con Irak, ha aislado a España de todos sus aliados, la pregunta es qué tiene que ver eso con la seguridad y defensa de los españoles, que, si fueran posibles, obviamente preferirían soluciones diplomáticas. Si había dudas sobre las intenciones electorales, el ministro Albares, el libro abierto del Gobierno, las despejó al señalar a Núñez Feijóo como líder de “el partido de la guerra”. Entendido, maestro. Merecería ir al mando de la fragata Cristóbal Colón para enmarcar el mensaje. Es bien visible que estos tipos nunca pensaron en la defensa nacional. De momento, Ceuta y Melilla contienen la respiración. No hay ninguna visión idealista, solo puro cálculo electoral. Mover el tablero, como ellos mismos confiesan, y a ver qué pasa. En fin, Sánchez invita, tú pagas.