Teodoro León Gross-ABC

  • Hay una factura irreparable para esa izquierda que nunca ha roto con Sánchez

No era necesario que Rufián, mientras se postula como nuevo «líder de las Españas», explicase que él prefiere llenar TikTok que bibliotecas. Como le respondieron a aquel tipo que presumía en público de no leer nunca un libro:

—Oiga, hay cosas que no es necesario decir, ya se notan solas.

Rufián, obvio, no es el tipo leído de bibliotecas. Sus habilidades son otras. Es un ‘influencer’ de la política y Twitter ha resultado su medio natural. Eso a lo que Sánchez aspira confesando en TikTok que enciende incienso al llegar al despacho, se pone la camiseta de la selección española para celebrar patrióticamente el empleo, colecciona quijotes –ojo, estilo Rufián, no libros, sino figuritas, como un otaku con sus muñecos– y juega con legos, ocultándose en la realidad virtual de las miserias de la realidad real de sus gobiernos que se juzgan en el Tribunal Supremo. Ahora Rufián trata de construir una izquierda capaz de tener éxito en esa realidad virtual.

No va a ser fácil. Hay algo que no podrán evitar durante años, ni él ni Podemos ni los de Sumar ni la mismísima IU: su sumisión al sanchismo. Han sido parte misma del Frankenstein sanchista, vencidos por la seducción de las alfombras mullidas del poder y los presupuestos públicos. Han antepuesto mantener el estatus. No ya lo de Yolanda Díaz convirtiendo su año de ‘pato cojo’ en unas largas vacaciones en primera clase bajo la lógica de «para lo que me queda en el convento…». Todos los socios son cómplices. Y Rufián ha sido uno de los más habituales en los micrófonos del Congreso para dictar coartadas hasta que se han visto con el fango al cuello y desplomados. El tipo que llegó a San Jerónimo para 18 meses, que impidió cerrar el ‘procés’ con las 155 monedas de plata, ahora –para entendernos– pasa de pantalla. Toca Frente Amplio de las Españas, qué cosas.

Hay una factura irreparable para esa izquierda que nunca ha roto con Sánchez. Ser cómplice los mete en el ‘reality’ de estos días en el Supremo, donde se está poniendo el sanchismo en escena. Al final la verdadera «izquierdita cobarde» no es el PSOE sino la extrema izquierda, esa a la que ahora le irrita que la llamen «extrema» y hasta se indignan si les dicen comunistas, mientras andan tapándose en el burladero retórico de «el espacio a la izquierda del PSOE» o «la izquierda de la izquierda», eufemismos ridículos para encajar bien en TikTok y que retratan su vergüenza nominal. Rufián sabe a qué juega y por eso ha dicho junto a Irene Montero que «no estoy aquí para repartir carnés de izquierdas o derechas, me da igual; tenemos que hablarle de tú a tú a la gente y decirles que si comparten justicia social, democracia, libertad… eres de los míos». Realidad virtual tiktokera, blanqueada a la carta… es lo que viene en esa suerte de «izquierdita cobarde».