Alberto García Reyes-ABC
- Ellos no se dan cuenta de la hipocresía que supone recomendar novelas y poemarios cuando ni siquiera saben contestar a sus oponentes en el Congreso algo que no traigan escrito de antemano
Regla número uno del consejo literario: jamás regales un libro que no has leído. El lector impostado no es consciente, pero se le nota mucho el gesto de intelectualoide falso. Una recomendación de oídas da tanta grima como una cita de Google o un discurso de ChatGPT. De verdad, no lo hagáis. Se os nota. Es como un tertuliano explicando hoy cómo se gestiona la erupción de un volcán y mañana las razones del conflicto entre China y Taiwán. No cuela. Pero por lo que sea, no hay personaje público que se libre de la impostura del pseudointelectualismo. Los faranduleros y cantantes aburren a su público con sermones ideológicos de patio de colegio. Si su música no es suficiente argumento para ellos, ni se imaginan para nosotros. Cuánta pereza. Pero sin duda el especimen más pretencioso es el político, que nos recomienda lecturas al tuntún, tal vez escogidas por algún asesor, a pesar de que ninguna sede de ningún partido tiene biblioteca. ¿Alguien ha visto una entrevista a un responsable público en su despacho en la que salgan libros? Ellos no se dan cuenta de la hipocresía que supone recomendar novelas y poemarios cuando ni siquiera saben contestar a sus oponentes en el Congreso algo que no traigan escrito de antemano. Los dos o tres que debaten sin papeles lo hacen porque se han aprendido las consignas parvularias de memoria. Sálvese quien pueda. Y en el escalafón superior se sitúan los que se inventan citas sesudas: como dijo el célebre poeta paquistaní, (aquí una frase propia barata). La falsa atribución es el gran timo del analfabeto senequista y del político acomplejado.
Lo más preocupante de que un presidente del Gobierno se ponga a recomendar canciones y libros durante una atroz invasión del territorio nacional no es que minimice la gravedad de los hechos que está obligado a gestionar, sino que en plena crisis internacional nos tome por idiotas haciéndose pasar por un estadista de gran altura intelectual. Si sabemos que no ha escrito su tesis doctoral ni su ‘Manual de resistencia’, ¿por qué tenemos que creer que ha leído los libros que recomienda? La actitud más honesta en estos casos es la del futbolista Joaquín cuando presentó sus memorias en ‘El Hormiguero’. El jugador le preguntó a Pablo Motos si se había leído el libro y el presentador le confesó que sólo había podido ojearlo. Joaquín remató a la escuadra: «Pues ya te has leído más que yo». No haber leído ni lo que lleva tu firma es el culmen de la sociedad del postureo. Eso sí que es literatura fantástica, como cuando Luis del Olmo recitó en antena un falso poema de un camboyano recién condecorado con el Nobel que tuvo que inventarse sobre la marcha Carlos Herrera porque no había manera de encontrar nada de su obra en plena era analógica. Por desgracia, ahora las mentiras literarias no son para entretener, sino para aborregar. Por eso yo me estoy releyendo en la playa ‘Un mundo feliz’, de Aldous Huxley, pero no se lo recomiendo a Sánchez, no vaya a ser que lo lea.