Juan Carlos Viloria-El Correo

  • La macabra lista del delincuente sexual alcanza ahora a la flor y nata de la jet global

La maldición de Jeffrey Epstein, más de mil víctimas identificadas, tres suicidios, treinta años de investigaciones, alcanza ahora a algunos de los que le protegieron en vida, salpicando a cientos de personajes de las monarquías, los negocios, la política, y la flor y nata de la sociedad estadounidense. Culpables e inocentes, cómplices y conocidos, amigos y enemigos, están ahora en la macabra lista sucia del pedocriminal. Porque la inmunidad para el crimen de los que disfrutó en vida el delincuente sexual y multimillonario estadounidense los mantuvo hasta después de muerto. Se suicidó en 2016 pero no ha sido hasta noviembre del año pasado cuando el poder político y la justicia estadounidense han logrado superar los grandes obstáculos hasta desclasificar millones de archivos documentales que muestran la telaraña de redes sexuales, políticas y de dinero que tejió a lo largo de su vida. Incluso ahora que se han desclasificado solo la mitad de los archivos que incautó el FBI, los congresistas que los han visto se quejan de la eliminación de seis nombres en los papeles de Epstein. El FBI ya se quedó con un palmo de narices cuando tras denuncias de agresiones sexuales a menores en su mansión de Palm Beach y tres años de investigación y testimonios de muchas jóvenes, el fiscal de Florida llegó con él a un acuerdo favorable y logró la inmunidad federal en 2008. La aparición en los papeles de Epstein de una lista de clientes que va desde los presidentes Trump y Clinton a miembros de toda la clase política a izquierda y derecha, a senadores, secretarios de estado hasta el respetado lingüista Noam Chomsky o un premio Nobel de Física, explican el poder y la impunidad que todavía provoca la evocación de su nombre y el miedo a ser relacionado con su trama pedocriminal. Siempre quedará la duda de si era el millonario y proxeneta quien buscaba blindarse con la amistad y complicidad con la jet set global o eran los depravados y deslumbrados ricos y famosos los que se acercaban a Jeffrey buscando placeres prohibidos y amistades peligrosas.

A medida que vayamos conociendo el material desclasificado podremos hacernos una idea de los secretos de la enigmática red de sexo y corrupción. Ahora empieza a desbrozarse la madeja y la presunción de inocencia obliga a distinguir entre delito y cotilleo. Entre encubridores y víctimas de su diabólico genio para enredar y contaminar a todo el que se le acercaba. El último en caer ha sido el icono de la izquierda cultural francesa ministro de Mitterrand, Jack Lang. Ha dimitido de sus cargos pero asegura como otros que su relación con Epstein data de una época en la que nada hacía suponer que era el centro de una red de criminalidad. Ingenuo o culpable la maldición ya le ha hincado los colmillos.