ABC-PEDRO GARCÍA CUARTANGO

NOCHE DE ESPERPENTO

SÓLO cabe calificar de esperpento el espectáculo que los cuatro partidos nacionales ofrecieron en la noche electoral del domingo, en la que los dirigentes del PSOE, PP, Ciudadanos y Podemos rivalizaron en un recital de despropósitos e incoherencias.

La mejor explicación de por qué Vox ha irrumpido en el Parlamento andaluz con 12 escaños y 400.000 votos reside en la propia conducta de los líderes de estas formaciones, incapaces de hacer la menor autocrítica y ser coherentes con todo lo que habían venido diciendo.

Es verdad que resulta muy inquietante el éxito de Vox, un partido que mezcla el populismo con tintes xenófobos y que ofrece soluciones demagógicas a los problemas complejos como la inmigración o el deterioro de las instituciones.

Pero a Vox no se le puede combatir con reacciones como la de Susana Díaz, que ahora pretende mantenerse en el poder so pretexto de que hay una amenaza a la democracia. Después de cuatro décadas de gobierno del PSOE en Andalucía y tras perder la mayoría parlamentaria, Díaz se niega a dar un paso atrás.

Dice que las fuerzas constitucionalistas deben aliarse para aislar a Vox, pero olvida que Pedro Sánchez fue el primero en pactar con los independentistas para que triunfara su moción de censura. Sostiene que debe gobernar el partido con más votos, pero el PSOE mantuvo lo contrario cuando ganó Javier Arenas con 50 escaños. Insiste en que tiene que haber una alianza de partidos democráticos pero sólo si ella encabeza ese nuevo Gobierno. Y todo con una complacencia que obvia la corrupción y los errores cometidos en esta legislatura.

También resulta poco coherente la reacción de Juan Manuel Moreno Bonilla, que, aunque tiene muchas papeletas para ser el nuevo presidente de la Junta, ha obtenido unos pésimos resultados con una importante hemorragia de votos y escaños. La irrupción de Vox supone una inquietante amenaza para el partido de Pablo Casado en las próximas citas electorales. Sólo un dato: la extrapolación a unas generales de los resultados de Vox provocaría al PP una pérdida cercana a los 30 escaños en todo el territorio nacional.

Si Moreno Bonilla hizo de la necesidad virtud, Juan Antonio Marín sufrió un ataque de amnesia al olvidar el que fue uno de sus esloganes favoritos en la campaña: que cualquier resultado que no fuera adelantar al PP sería un fracaso. Ahora Ciudadanos quiere presidir el Ejecutivo siendo la tercera fuerza política cuando no lo logró en Cataluña tras ser la primera.

Pero la peor de todas las reacciones fue el ridículo y bochornoso discurso de Pablo Iglesias y los dirigentes de Podemos, que hablaron de crear un frente antifascista como si estuviéramos en la primavera de 1936. Sin la menor contención ni sentido común, sus dirigentes corearon eslóganes guerracivilistas invocando una épica bélica. Eso sí, tampoco hicieron la menor autocrítica porque la culpa de sus malos resultados es de los otros. En eso coincidieron todos.