Ignacio Camacho-ABC

  • La errática base de cálculo del tarifazo retrata a un Trump arbitrario rodeado de una tropa de diletantes iluminados

Poco antes de la tormenta arancelaria, el vicepresidente de Estados Unidos y los principales altos cargos de seguridad y del Pentágono se dedicaron a comentar en un chat los detalles de una operación militar contra los hutíes de Yemen. Un chat cualquiera, Signal, sin ningún tipo de encriptación para preservar el secreto, en el que incluyeron por error o vaya usted a saber qué otras razones a un periodista que asistió atónito al relato en directo de un ataque aéreo. Los tipos celebraban cada fase de los preparativos del bombardeo con frívolo lenguaje coloquial e iconos adolescentes de musculitos, bombas e incendios, como si estuvieran participando en un videojuego. Esta colección de minervas es la clase de gente que gobierna hoy la primera potencia del planeta, la que tiene en sus manos las riendas de la economía global y un capital de tecnología y armamento cuya sola existencia puede determinar el curso de la paz o de la guerra.

Lo más inquietante de Trump, jefe de esta tropa de diletantes iluminados, es su carácter errático. La ya famosa pizarra del tarifazo demuestra la absoluta veleidad de unas medidas justificadas sobre un método de cálculo que sólo con mucha benevolencia se puede calificar de arbitrario; en realidad, es simplemente falso. Falso en las premisas, falso en las conclusiones, falso en los datos seleccionados para argumentar un criterio previamente establecido en torno a filias, fobias y prejuicios, sin otra base que el sesgo antojadizo o la división entre amigos y enemigos que está en el núcleo de todo populismo. Es lógico el estupor de la comunidad internacional al comprobar que el presidente de la nación más poderosa del mundo toma decisiones de enorme trascendencia al margen de cualquier elemento de juicio objetivo. Por puro capricho. Y mira que desde el primer mandato había precedentes para estar prevenidos y mantener encendidas todas las luces de peligro.