Gorka Angulo-El Correo
- El trámite presupuestario puede precipitar la definitiva moción de censura que obligue a nombrar el quinto ‘premier’ en 21 meses o llamar a elecciones
Francia comienza septiembre con una arriesgada petición de confianza de su primer ministro, François Bayrou, que aporta más inestabilidad e incertidumbre a un país con una triple crisis: política, financiera e identitaria. La crisis institucional la origina la Asamblea Nacional ‘colgada’, con tres grandes bloques políticos que no consensúan nada y que han convertido a Bayrou en un superviviente nato al superar ocho mociones de censura desde diciembre del año pasado, con el presidente Emmanuel Macron ausente de los números rojos de sus cuentas y dedicado a temas de defensa y exteriores con liderazgos fallidos en la OTAN, África, Ucrania o Gaza.
Macron quiere acabar con el humo en Ucrania o Palestina vendiendo más humo en su país, porque no logra ni prestigio internacional ni una economía competitiva. El trámite parlamentario del proyecto presupuestario para 2026 puede precipitar la novena y definitiva moción de censura que obligue al presidente a nombrar su quinto ‘premier’ en 21 meses o a convocar elecciones generales.
El proyecto de cuentas públicas supone a priori un recorte de 43.800 millones de euros para hacer frente a una deuda desbocada de 3,3 billones, lejos todavía del riesgo de insolvencia de Grecia en 2010, pero con la obligación de hacer un gran esfuerzo en varios ejercicios. A lo que hay que sumar un incremento del gasto en Defensa del 10% hasta 2028. Los partidos de la oposición al bloque macronista, en los extremos del mapa, son conscientes de que hay que acometer reformas urgentes, pero nadie quiere tomar decisiones que obliguen a los franceses a soportar un esfuerzo fiscal y social que les deje igual o peor.
Francia no tomó medidas, como sí hicieron España o Portugal, después de la Gran Recesión de 2008-2009, y ahora toca pagar las decisiones erróneas del presidente, quien pensaba que incrementando el gasto las cuentas se reequilibrarían y así actuarían sobre el nivel de empleo. Con él, entre 2019 y 2024, la deuda aumentó un 14,8% mientras que la media de crecimiento en la zona euro era del 3,8%. Todo esto se traduce en una crisis identitaria como resultado de la creciente desigualdad económica, también geográfica y cultural.
Más que de Francia, tenemos que hablar de ‘las Francias’: la de las élites de la globalización frente a la rural, la receptora de la crisis industrial, la de las ‘banlieues’ y la de los jóvenes desempleados. La riqueza se concentra (sin impuesto a las grandes fortunas) y la pobreza se extiende hasta la cifra de 9,8 millones de personas que viven por debajo del umbral de pobreza monetaria.
El bloqueo parlamentario y el poder que tiene el presidente trasladan el debate político por todo el Hexágono a medios de comunicación y redes sociales, y las protestas a la calle, violentas, con los negocios de los Campos Elíseos tapiados como en Florida con los huracanes. Se espera cierto clima preinsurreccional para el 10 de septiembre, convocado por el ‘hashtag’ #BloquonsTout (bloqueemos todo).
La dura realidad es que el sistema de la Quinta República no tiene mecanismos para superar el bloqueo parlamentario de una representación polarizada. El pasado mayo, en un intento por retomar el liderazgo político, Macron anunció varios referendos o preguntas sobre posibles reformas en una sola consulta, pero la iniciativa no deja de ser otra propuesta de política-ficción, como lo fue el llamado ‘gran debate nacional’ como solución a la crisis de los ‘chalecos amarillos’. Otro detalle más del ocaso del macronismo, el gran bluf del siglo XXI ya con el síndrome del ‘pato cojo’.
Vamos más cerca: si uno repasa la biografía de Macron puede llegar a la conclusión de que el presidente ha destruido el sistema educativo que le encumbró al poder de la banca y la política. Exalumno del prestigioso liceo Henri-IV, el más afamado de la capital francesa junto al Louis-le-Grand, su excelencia ha quedado totalmente depreciada por el siniestro sistema Affelnet, supuestamente para acabar con la segregación escolar mediante un algoritmo que asigna alumnos como si fuera el sorteo de la Europa League. Con Affelnet, un alumno brillante en el primer ciclo de un colegio reputado, no tiene ninguna posibilidad de ser admitido en los mejores institutos. Un ejemplo más de cómo los gobiernos de Macron han matado la meritocracia, uno de los grandes valores republicanos, para entronizar la mediocridad en un sistema educativo hiperdevaluado que fue viga maestra del sistema y ascensor social de generaciones de franceses.
El mismo Macron, en modo populista, acabó con la Escuela Nacional de Administración (ENA), la cantera para las élites políticas y empresariales. Hasta ahora los grandes problemas del país los solucionaba con las 3-D: diálogo, dinero y disculpas. El diálogo no aporta consensos y no hay dinero. Solo le quedan las disculpas y esperar a 2027.