Tonia Etxarri-El Correo
Un día después de conocer el auto del juez Calama que imputa al expresidente Zapatero la presunta comisión de graves delitos como organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental, atribuyéndole un liderazgo en una trama de corrupción que trasciende del beneficio por el rescate de Plus Ultra, se le presentaba una papeleta difícil de asumir a Pedro Sánchez para disimular que estaba acorralado en el Congreso.
Con una investigación tan directa sobre el blanqueo de fondos procedentes de la empresa estatal de petróleo venezolano y del programa de cartillas de racionamiento de alimentos diseñado por el chavismo en plena hambruna que sonrojaría a cualquier ciudadano honrado, Sánchez tenía difícil escapatoria parlamentaria. Y no se lo ocurrió otra cosa que recurrir al eterno comodín de la foto de Feijóo con el narco Marcial Dorado hace ya 31 años mientras desgranaba consignas. Se inmoló por Zapatero, es cierto. Por dos veces. Pero la sombra de un Bambi degenerado en presunto depredador sin límites le ha complicado todavía más la supervivencia en La Moncloa a Pedro Sánchez que ayer pasó verdaderos apuros en sede parlamentaria.
Veinticuatro horas después del impacto que provocó, en la familia socialista, el auto judicial contra Zapatero, tocaba recular. Se habían dedicado a hablar de la persecución de la ultraderecha, incurriendo en la mentira de contar que todo este proceso tiene su origen en una denuncia de Manos Limpias. El bulo no aguantó ni una jornada porque no tenía nada que ver con la realidad. Esta investigación partió de la Fiscalía Anticorrupción, que atendió dos peticiones de cooperación internacional, desde Suiza y Francia, que seguían el rastro de una organización criminal dedicada a blanquear dinero negro procedente de Venezuela. En realidad, ayer no se desmintieron pero fueron conscientes del error en el que habían incurrido y cambiaron de tono. Ya no hay ‘lawfare’.
El auto del juez Calama desmonta el argumentario victimista de Moncloa. Señala un cúmulo de indicios y evidencias que hasta los parlamentarios más activistas de la izquierda e independentistas que se mantienen habitualmente en guardia contra los jueces tuvieron que reconocer que no podían presentar objeciones ¿ El caso Plus Ultra es el caso ZP? Deberá decidirlo la Justicia.
A medida que los partidos han ido conociendo los detalles del texto judicial, han ido abandonando el postureo del apoyo cerrado al imputado, han dejado de hablar de cacería judicial contra la izquierda al reconocer que se trata de un asunto de máxima gravedad. Las adhesiones inquebrantables se han ido cayendo. No todas, claro está. La falta de definición del PNV y Bildu resultó llamativa en contraste con la escenificación del viraje de ERC o de Podemos, partido que formaba parte del gobierno de Sánchez, en 2021, cuando se aprobó en Consejo de Ministros, el rescate a la aerolínea.
Se impone cierto distanciamiento de ZP. Nada que ver con las primeras declaraciones de fe ciega en un expresidente que, lejos de ser un jarrón chino, ha sido, entre otras cosas, el inspirador de las campañas de Sánchez y que tendrá que dar muchas explicaciones ante la Justicia y ante los ciudadanos.