Iñaki Ezkerra-El Correo

  • En los homenajes las erratas son muy frecuentes, si no obligatorias, a la manera de un impuesto a pagar por el vicio laudatori

La Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre ha sido noticia estos días por detectar dos erratas en la placa callejera que el Ayuntamiento de Sevilla inauguró a la memoria de Luis Cernuda en el ‘Paseo de los poetas de la Generación del 27’, un itinerario literario ubicado en la calle Tetuán de esa ciudad que es una fábrica de poetas de todas las generaciones. Las erratas denunciadas son la tilde que le han puesto a la ‘i’ de Luis y un espacio en blanco que precede al año 1963 en que murió el poeta y donde simplemente tenía que estar el guión que une esa cifra con la de 1902, el año de su nacimiento. La placa de la discordia se inauguró el pasado martes y, al día siguiente, miércoles, ya andaban los amigos de Vicente Aleixandre movilizándose, haciendo pública su ortográfica denuncia y demostrando que también son amigos de Luis Cernuda.

Yo es que creo que en los homenajes las erratas son muy frecuentes, si no obligatorias, a la manera de un impuesto que hubiera que pagar por ese vicio laudatorio. Hace quince años detecté una errata que se había deslizado en una placa dedicada a Miguel de Unamuno que lucía en un comedor del antiguo Sheraton bilbaíno, hoy llamado Hotel Meliá. La plancha reproducía un soneto del filósofo de la Villa del Nervión y donde debía decir «el filo no resistí de tu mirar» decía «el tilo no resistí de tu mirar». A mí es que casi me gustaba más con la errata, que convertía un tradicional poema galante (un tanto ñoño, la verdad sea dicha) en una atrevida pieza surrealista: una mirada femenina que, al proyectarse sobre el autor, fuera como un árbol que te cae encima. Uno disfrutó, la verdad, imaginando a la musa lanzando tilos sobre el vate enamorado. Aunque aquello, más que una ‘musa del Bochito’, debía de ser una bruja de Zugarramurdi. Recuerdo que escribí un artículo proponiendo que dejaran la errata tal como estaba por lo que tenía de sugerente. No me hicieron caso. Hoy el soneto de Unamuno está corregido tan escrupulosamente en la placa del comedor de ese hotel que incluso luce con la ortografía vigente en 1911, cuando Unamuno lo publicó: aparece con una ‘á’ y un ‘fue’ acentuados, que acabarían perdiendo las tildes. La tilde de la preposición ‘a’ sería suprimida ese mismo año de 1911 por la RAE y la del pretérito indefinido del verbo ser en 1959.

En cuanto al ‘Luís’ acentuado de Cernuda en la placa del Ayuntamiento sevillano, no hay posible escapatoria. Tienen razón los Amigos de Vicente Aleixandre y hacen bien en urgir a su corrección porque en este país los errores de todo tipo se prolongan siglos. Y eso si no hay un funcionario que se niegue a suprimir el acento y que, para no dar su brazo a torcer, tenga la brillante iniciativa de catalanizar al poeta sevillano y volverlo Lluís Cernuda o asturianizarlo y rebautizarlo como Luisín.