Rosa Martínez-Vozpópuli

  • Preguntar es acoso. Investigar es persecución. Pedir explicaciones es guerra sucia. Publicar documentos es fango

En España hemos llegado a un punto maravilloso de madurez democrática: cuando una investigación afecta al PSOE, el verdadero problema deja de ser lo investigado y pasa a ser la mala educación institucional de investigarlo. Qué falta de tacto. Qué poca sensibilidad. Con la cantidad de meses anodinos que tiene el año, vienen los jueces, la Guardia Civil, los sumarios, las agendas y los audios a ponerse todos de acuerdo justo cuando al Gobierno le venía mejor hablar de derechos, de concordia, de Palestina, de Franco o de cualquier otra cosa que no obligue a mirar hacia Ferraz con las luces encendidas.

La última genialidad consiste en denunciar una “agenda judicial acelerada” contra el PSOE. El concepto es precioso. Antes las causas iban lentas y era prueba de que todo funcionaba con garantías. Ahora algunas avanzan y resulta que la Justicia tiene prisa golpista. El calendario, ese fascista de pared, también participa en la conjura. Junio ya no es un mes, es una operación encubierta.

A esto hay que sumar otra explicación igual de reconfortante: la UCO tendría manía al PSOE. Al parecer, la Guardia Civil no investiga indicios, documentos o declaraciones. Qué va. Sus agentes se levantan por la mañana, se sirven un café cargado, miran al horizonte con rencor antiguo y deciden dedicar otra jornada laboral a fastidiar al socialismo español. Debe de ser agotador gobernar rodeado de funcionarios empeñados en hacer su trabajo cuando peor conviene.

Jueces y periodistas

La tesis tiene una ventaja evidente: evita responder al contenido de nada. Si la UCO señala algo incómodo, la UCO está resentida. Si un juez cita a alguien, el juez hace política. Si un periodista publica una información, el periodista fabrica fango. Si un ciudadano pregunta qué demonios está pasando, el ciudadano ha comprado el relato de la derecha. Al final, la única institución limpia, noble y perseguida de este país va a ser el PSOE. Una lástima que siempre acabe rodeado de investigados, comisionistas, fontaneras, agendas, sobresaltos y explicaciones que parecen redactadas por alguien encerrado en un ascensor con poco oxígeno.

Lo del caso Leire Díez ya venía bastante adornado de fábrica sin necesidad de ponerle farolillos. Reuniones, nombres, presuntas maniobras para obtener información sensible y la sombra de una operación dirigida a desestabilizar causas judiciales incómodas para el PSOE: todo muy normal, muy higiénico y muy regenerador. Pero el escándalo, según el manual de supervivencia socialista, no está en que algo así pudiera haberse intentado. Está en que alguien lo investigue.

Porque esa es la clave de toda esta etapa: el poder ya no niega solo los hechos; intenta convertir la comprobación de los hechos en una agresión. Preguntar es acoso. Investigar es persecución. Pedir explicaciones es guerra sucia. Publicar documentos es fango. El ciudadano debe aceptar una versión oficial que cambia cada tres días, con la misma fe con la que algunos aceptan que el yogur caducado todavía está bueno si lo remueves con entusiasmo.

Operación centrifugadora

Luego llega la fase del alejamiento sentimental. Ábalos deja de ser Ábalos y se convierte en una presencia remota del pasado. Cerdán pasa de fontanero principal a señor que pasaba por allí. Leire Díez actuaba por su cuenta, por libre, como Dora la exploradora del socialismo amateur. Todos son compañeros hasta que aparece un atestado. Entonces empieza la operación centrifugadora y cada cual sale despedido hacia una órbita distinta, sin que nadie en Ferraz parezca haber compartido nunca mesa, partido ni ilusión con ellos.

Antes de que vengan los guardianes de la pureza procesal con el catecismo en la mano: la presunción de inocencia debe respetarse siempre. También cuando el investigado no milita en el PSOE, detalle que suele olvidarse en ciertos ambientes con una facilidad admirable. Nadie debería ser condenado antes de tiempo. Pero respetar la presunción de inocencia no obliga a fingir que no olemos el incendio ni a creer que cada diligencia judicial forma parte de una novela escrita por la derecha judicial mediática policial y, si hace falta, atmosférica.

Llevan años llamando fango a todo lo que no controlan. Fango era preguntar por la mujer del presidente. Fango era hablar del hermano. Fango era Koldo, Ábalos, Cerdán. Fango es la prensa, la oposición, los jueces, la UCO, los audios, las agendas y cualquier objeto sólido que tenga la insolencia de no evaporarse cuando Moncloa lo señala con el dedo.

Victimismo institucional

Quizá llevan tanto tiempo pisando barro que ya confunden lo que tienen bajo sus pies con el paisaje. El PSOE puede culpar al calendario, a los jueces, a la UCO, a los periodistas, al destino y a Mercurio retrógrado. Puede envolverse en victimismo institucional y presentarse como un partido acosado por la realidad. Pero cuando uno acumula demasiados incendios, culpar al humo, para no buscar el foco, resulta poco serio. Y cuando un partido acaba defendiendo que la Guardia Civil y los jueces le tienen manía, el problema quizá no se arregla con anunciar un plan anticorrupción. Se arregla con algo bastante más difícil: dejar de dar motivos.