Marisol Oviaño-Vozpópuli

  • El gobierno planea convertir a Ceuta en un parque temático estilo Gaza

El gobierno, acosado por su propia corrupción, ha declarado la guerra a los jueces como si fueran terroristas. “Lobos solitarios”, dijo Óscar López, ese que —presuntamente— le pidió a Villarejo información sobre las saunas sabinianas para acabar con Sánchez. Quién le iba a decir entonces que  siendo  un admirador, un esclavo, un amigo, un siervo de Su Sanchidad.

En contraposición a los lobos solitarios debe de estar el rebaño de los Jueces y Juezas por la Democracia, que no se ha sumado al comunicado que las principales asociaciones de jueces han firmado en apoyo a Biedma —la instructora del caso del hermanísimo—tras conocerse que Leire Díez pidió a dos clanes de narcotraficantes que le dieran “un sustillo”. Por suerte para la juez, los narcos son más decentes que la mafia sanchista y no aceptaron el encargo.

Mientras, en Ceuta hay más moros cada día. Y lo único que faltaba era que desembarcasen allí organizaciones de ultraizquierda bajo el pretexto de ayudar a los migrantes, como si estos no se valieran por sí mismos para secuestrar la ciudad y conculcar los derechos de todos los ceutíes. Si los de Negu Gorriak/Derecho a Techo fueran hermanitas de la caridad, habrían metido la ayuda humanitaria en la furgoneta y habrían tirado para África sin dar mayor publicidad al asunto tal y como recomendaba Jesucristo: “cuando des limosna, no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”. Pero organizaron una rueda de prensa para hacer público que también iban a “poner el cuerpo” ante la —imaginaria— violencia fascista y racista que los ceutíes, las FCSE y los militares están ejerciendo sobre los migrantes.

Ya podían presumir

El objetivo de anunciar a bombo y platillo su viaje no era otro que provocar a los caballas, quienes después de dos meses de invasión y de inacción gubernamental, no están para bromitas abertzales. Por eso el domingo pasado algunos esperaron a los navarros en el puerto para decirles que, como los invasores, podían irse por donde habían venido. Y, mira tú por dónde, andaba por allí una diputada de Ceuta Ya! —un partido ceutí progresista promarroquí y propalestino—, que había ido en su Mercedes anticapitalista a recoger a un activista de la flotilla a Gaza y a una abogada especialista en DDHH que trabaja para la ONU. Los ceutíes los confundieron con los de Pamplona —en realidad, mismos perros con distintos collares—, empezaron a tirar huevos y piedras al coche y la policía cargó contra ellos.  Objetivo conseguido: los de Negu Gorriak ya podían presumir de que habían sido víctimas de ataques fascistas y prometer más lío: “Continuamos con nuestro plan de enviar más brigadistas a Ceuta en las próximas semanas, porque la solidaridad no se detiene por las amenazas”. Brigadistas. 

Basta analizar someramente su lenguaje guerracivilista para concluir que son la misma cosa que Podemos, ¿acaso no hemos oído mil veces eso de “poner el cuerpo” en boca de Irene Montero? Esta misma semana la hemos visto poniendo su cuerpo —y el de sus guardaespaldas— al servicio de la performance de la funcionaria Maricarmen, esa jubilada que quería seguir viviendo en el Retiro pagando un alquiler franquista.  Pablo Iglesias, que sigue mandando en ese partido de aliades, matones bukaneros y mujeres histéricas, siempre ha defendido el uso de la violencia —y eso que sin escoltas no tiene ni media bofetada—, y no dudará en utilizarla si ve peligrar su negocio. Pero Podemos camufla su naturaleza chequista entre un batiburrillo de asociaciones marginales, algunas de ellas de nombres tan imposibles como su extinta filial pamplonica: Aranzadi Iruñea Denon Artean-Pamplona. Con lo fácil que es decir ETA, oye.

El día 23, Aitor Balbás Ruiz, portavoz de Negu Gorriak, decía en el programa de Risto Mejide que creemos que son proetarras porque somos unos incultos que no leemos a Bertolt Bretch. Pero en 2015 él fue de número 6 en la lista de Aranzadi, que facilitó que Bildu llegara a la alcaldía de Pamplona. En las elecciones de 2019 los suyos sólo obtuvieron 867 votos, pero en lugar de volverse a casa, siguen intentando imponer sus abracadabrantes ideas —denuncian el problema habitacional al tiempo que fomentan la inmigración ilegal— desde los márgenes del sistema.

Han acudido a Ceuta bajo el paraguas de la Agencia Europea Anti-Fronteras —cuyo nombre lo dice todo—para unirse a otras organizaciones de su misma calaña que ya están allí. Como No Name Kitchen “brindamos ayuda humanitaria y acción política para todas esas personas que sufren devoluciones violentas y otras formas de abuso”, Fraktal “estamos poniendo en marcha (..) una red europea contra el capitalismo racial y por la abolición de las fronteras”, Grup de Suport L´aurora: “Katakrak, No Name Kitchen, L’Aurora Suport, Negu Gorriak DT, Solidarity Wheels, Rescue Life y Basoa estamos poniendo en marcha, junto con organizaciones de otros países del continente, como Solidarity Wheels, Louise Michel, Alarm Phone o Maldusa, una red europea contra el capitalismo racial y por la abolición de las fronteras”. Etc.

El gobierno planea convertir a Ceuta en un parque temático estilo Gaza, y todas estas organizaciones ultraizquierdas están allí para remar a favor de ese objetivo. No deja de resultar irónico que todos estos grupúsculos vayan de revolucionarios mientras trabajan para cumplir los planes globalistas de la Agenda 2030, cuyo pin lleva nuestro rey en la solapa. Santiago y cierra España.