Ramón Pérez-Maura-El Debate
  • Como todo lo que tiene que ver con el nacionalismo es igual de aplicable al nacionalismo vasco que al catalán: la única negociación posible con el nacionalismo pasa por ceder. Mucho o poco, pero siempre ceder. El nacionalismo jamás hace la más mínima cesión. Y su objetivo real es el fin de la nación española

Ayer se presentó el nuevo libro de Jaime Mayor Oreja Una verdad incómoda. Testimonio de una época: contra el silencio y la mentira (Espasa, Barcelona 2026). Y me apresuro a decir que yo creo que es de lectura imprescindible. El autor dice que no son unas memorias, pero se le parecen mucho. Y hace un diagnóstico de la sociedad española demoledor. Y creo que con mucho fundamento en los dos principales problemas que denuncia: el nacionalismo y la pérdida de valores de nuestra sociedad. Permítanme centrar este artículo en la primera de esas dos cuestiones.

La narración que hace del acoso criminal a los miembros de la UCD y Alianza Popular en la Transición es espeluznante. Aunque cueste creerlo, el partido que gobernaba en España vivía, en la práctica en la clandestinidad en el País Vasco. Los ejemplos que da el autor son abrumadores. Como muestra, que tenían que reunirse en los domicilios particulares de los miembros de la junta de la UCD allí. Y en algún caso hasta en la sala frigorífica de un carnicero que era simpatizante del partido. No se me ocurre nada que se parezca más a la clandestinidad. Por no hablar de los asesinatos perpetrados contra ellos.

Mayor hace un excelente retrato del País Vasco de su juventud, tan alejado del que puede vivirse hoy. Describe Villafranca de Ordicia, donde veraneaba, como un lugar idílico. Una sociedad profundamente religiosa, con muchas vocaciones y sin ninguna tensión. Y en la que los policías nacionales pedían voluntarios ese destino por la placidez del mismo. Pero una sociedad en la que la izquierda abertzale se convirtió en una moda que destruyó la convivencia. Hijos de requetés y de franquistas inequívocos acabaron en ETA. Y compañeros de colegio de Jaime Mayor. Si habían ido al mismo colegio y después siguieron caminos tan diferentes tiene que ser porque la semilla del mal se plantó fuera de esas aulas.

Mayor denuncia lo que tantas veces hemos visto y que como todo lo que tiene que ver con el nacionalismo es igual de aplicable al nacionalismo vasco que al catalán: la única negociación posible con el nacionalismo pasa por ceder. Mucho o poco, pero siempre ceder. El nacionalismo jamás hace la más mínima concesión. Y su objetivo real es el fin de la nación española.

Tras las elecciones autonómicas vascas de 2001 en las que Jaime Mayor no consiguió la victoria y en las que concurrió en tácita alianza con el PSOE de Nicolás Redondo, los socialistas dieron un giro radical y pasaron a alinearse con el nacionalismo. La victoria del PP por mayoría absoluta en 2000 fue un trauma político que los socialistas nunca han superado. Y desde entonces su aproximación al nacionalismo ha sido constante. Y el entendimiento de Sánchez con Bildu es el primer paso para seguir gobernando con ellos cuando al fin se hagan con el Gobierno vasco. Algo que ocurrirá.

Jaime Mayor denunció reiteradamente la aproximación de Zapatero a ETA. Tanto en conferencias como en los órganos del partido donde dice que sólo tuvo el apoyo de Aznar, Esperanza Aguirre y Carlos Iturgaiz. Los demás guardaban silencio. Y lo hacían porque esa era una verdad incómoda. La que da título a este libro.

Precisamente esa denuncia del acercamiento de Zapatero a ETA fue el desencadenante del abandono de su militancia en el Partido Popular. Durante la pandemia se produjo una reunión entre Rodríguez Zapatero y el secretario general del PP, Teodoro García Egea. Mayor llevaba veinte años denunciando el «proceso» que habían puesto en marcha Zapatero y ETA. Ver a García Egea reunirse con Rodríguez Zapatero fue la gota que colmó el vaso y Mayor llamó a Pablo Casado y se dio de baja en el partido. Sin alharacas.

A partir de ahí Jaime Mayor hace un llamamiento casi desesperado al entendimiento entre el PP y Vox. No puede decirlo con más claridad: «Si desde el PP se busca la marginación de Vox, y si desde Vox se persigue el debilitamiento del PP y de su eventual gobierno, fracasaremos estrepitosamente. Si nos equivocamos en ese sentido, lo que nos ha llevado al abismo, nos hundirá en él, nos llevará a un fracaso total de la democracia española surgida en la Transición, y nosotros habremos colaborado de manera dramática a ello». Más claro que el agua de un manantial.