Ignacio Camacho-ABC

  • «Lo relevante de la Semana Santa es su extraordinario arraigo. No hay que alarmarse porque se aleje del canon clásico»

«ESTO también debe de ser nueva espiritualidad, ¿no? Sólo que tiene más de cinco siglos». Un rictus de ironía se dibuja en el rostro de mi amigo mientras esperamos junto a la vieja Universidad sevillana la procesión del Cristo de los Estudiantes con su larguísima hilera de cirios encendidos. Viene con unos tipos con pinta de guiris que contemplan con mucha atención los detalles del rito. Son colegas europeos de un seminario de sociología de las religiones, me explica, a los que ha invitado para ilustrar sus debates con una investigación fenomenológica en vivo. «Han estado en el concierto de Rosalía en Madrid y dicen que el ambiente no era tan distinto; no paran de preguntarme por el hilo, que debe de existir sin duda, entre esta explosión de piedad popular y aquella atmósfera de éxtasis casi místico. Y creo que están a punto de averiguar –lo dice con una sonrisa– por qué en España no triunfó el protestantismo. Espera a que vean a los costeros meciendo el ‘paso’ de la hermandad de San Benito…».

«Lo que sí han entendido muy bien es que esto es un filón para la Iglesia. Nosotros nos quejamos de la tensión urbana, del desparrame cofrade durante todo el año, de la saturación turística o de la banalización del fondo religioso de la fiesta, pero es porque estamos demasiado cerca. La perspectiva cambia cuando te alejas; a otra distancia lo que se percibe es un pueblo agrupado alrededor de una creencia. ¿Que no es una fe dogmática, que mucha gente está aquí sólo por eso que ahora se llama cultura de la experiencia? Y qué. Lo mejor de la Semana Santa consiste en su carácter de celebración abierta. Creyentes, devotos, agnósticos, indiferentes, curiosos… eso sí que es una verdadera relación ecuménica. Y en torno a un mensaje de perdón, de sacrificio, de redención: la jerarquía católica sería estúpida si desperdiciase una oportunidad como ésta. ¿Espectáculo? Claro, como siempre. ¿Tú crees que el maestro Mateo hubiese hecho el pórtico de Compostela de haber existido el cine en la Edad Media?».

«Mira, esto de la nueva espiritualidad conviene analizarlo despacio. Puede ser una moda, uno de esos fenómenos transitorios propios del mundo contemporáneo. Pero sí sospecho que más allá de Rosalía o de la película de las monjitas, que tienen su impacto, puede estar pasando algo. Los movimientos católicos ya no son sólo los ‘kikos’ y los carismáticos; hay muchos jóvenes involucrados en Hakuna, Effetà o Emaús. Quizá en Andalucía estemos desdeñando el modo en que los millenial se acercan a la Semana Santa porque no sigue el canon clásico. Se verá con el tiempo, yo no los descartaría tan rápido. Estos que me acompañan son tipos sensatos, y aunque no entiendan bien la huella histórica del barroco han visto una emoción pietista con muchísimo arraigo, sobre todo en la periferia, en los barrios. Y la convivencia en la calle, que a nosotros nos empieza a parecer un problema, les ha impresionado. Al final, el papel de la religión en una sociedad no lo definen los curas sino los laicos…».