Juan Soto Ivars-ABC
- No se conceden indultos por un sentido de la justicia, ni por un instinto de piedad. Se indulta a sí mismo el político que pelea el indulto
He leído los indultos a ‘las seis de La Suiza’ (cinco mujeres y un hombre) en seis páginas del BOE. Las órdenes las firma Félix Bolaños, que oficialmente es ministro de Justicia y oficiosamente ministro de Invasiones en el Poder Judicial. No se hace referencia en ninguna de esas páginas a que las sindicalistas indultadas por el Gobierno y condenadas por todos los tribunales, con una magistrada progresista en la última pantalla del Supremo, estuvieran defendiendo a una compañera de un «abuso sexual y laboral». Pero sí lo ha dicho Yolanda Díaz, oficialmente ministra de Trabajo y oficiosamente próxima ministra en el paro, en un vídeo. Veamos a quién acusa Yolanda Díaz.
La sentencia, que son mis ojos para este caso, refiere que una trabajadora embarazada de la pastelería La Suiza, pequeño negocio familiar de Gijón, tuvo un día pérdidas y llamó a su pareja para que fuera a recogerla. El hombre se puso muy agresivo en la pastelería con el jefe. Golpeó un armario frigorífico, dio voces y el dueño de la pastelería lo denunció por el altercado. Luego la trabajadora pidió la baja y se la concedieron por embarazo de riesgo. El problema judicial empieza cuando el dueño denunció a su pareja y ella fue a la CNT: quería que el dueño retirase su denuncia y obtener el máximo en la indemnización tras extinguir ella misma la relación laboral.
Planearon entonces una serie de acciones de presión sindical. Catorce protestas frente a la pastelería con reparto de pasquines, gritos a la clientela, insultos, petardos, bombas fétidas y algo más: difamación en las manifestaciones y en las redes sociales del sindicato contra el dueño, donde se incluía ese supuesto ‘abuso sexual’ del que no consta ninguna sentencia y que más bien parece una injuria. La pastelería terminó cerrando a consecuencia de estos escándalos.
Por estas acciones de protesta desabridas, seis militantes de CNT recibieron su condena por coacciones. Entonces, pasaron a llamarse ‘Las 6 de La Suiza’ en la retórica numérica que la izquierda radical aplica a los activistas condenados por la justicia en acciones de protesta, como ‘los 6 de Zaragoza’. ¿Las 6 de La Suiza recibieron una condena injusta o excesiva? No lo parece, al menos leyendo el indulto del Gobierno, que admite que la presión sindical pudo ser excesiva y no levanta las indemnizaciones económicas ni los antecedentes penales. Únicamente saca de la cárcel, a la publicación del BOE, a unos sindicalistas que ya estaban cumpliendo sus penas en tercer grado, es decir, que prácticamente estaban fuera.
Cuando entraron en prisión, Podemos se sumó con fuerza a la reivindicación del sindicato y empezó a exigir el indulto. Sumar hacía los coros. Pienso que se le ha concedido este indulto a Podemos en concreto, y no a ‘las 6 de La Suiza’, como se le conceden a los de Podemos puestos en las tertulias de Televisión Española o acceso para Canal Red en Movistar Plus. A CNT, Canal Red también le concedió un programa en su parrilla, más o menos en la misma época de la reivindicación y cuando los camareros de la taberna Garibaldi se sindicaron. Es todo así. Aquí todo va de favores. Es utilizar las prerrogativas como un coto privado e ir con chulería un pasito más allá.
No sé si las cinco mujeres y un hombre estarían ahora mismo indultados y fuera de la cárcel de no ser por los encajes de bolillos parlamentarios del PSOE con Podemos. Podemos, por cierto, tuvo mucho que ver con otro indulto muy polémico del Gobierno, del que entonces formaban parte: el de Juana Rivas y María Sevilla, condenadas por sustracción de menores y convertidas en santas en una disparatada campaña de negación institucional y mediática de la realidad.
Cuando las indultaron, a nadie en el Gobierno parecía importarle el daño que estas mujeres habían perpetrado contra sus exparejas y los hijos, como no parece importar a nadie en este Gobierno de ahora el daño que haya podido sufrir la familia que regentaba la pastelería La Suiza por parte de la CNT.
No se conceden indultos por un sentido de la justicia, ni por un instinto de piedad. Se indulta a sí mismo el político que pelea el indulto, y lo hace a ojos del indultado y sus simpatizantes. Los partidos se autoindultan en la causa de otros. Es un poder más de los partidos políticos, como subir los impuestos y repartir el dinero entre sus amigos. Es el indulto sintonizado con las causas sociales instrumentalizables. Indultan a quien conviene y pintan de ‘humanitario’ un acto de soberbia gubernamental que machaca los razonamientos jurídicos de las sentencias. Es derribar el Quijote con un tuit. Quien se llena la boca con víctimas desprecia a la víctima certificada de un delito y hace pasar por víctimas a quienes recibieron una condena judicial firme en un proceso con todas las garantías.
Por eso el indulto me parece una figura feudal. La gracia que el mandamás tiene, por ejemplo en el día de su cumpleaños o en una fiesta señalada con unos cuantos rateros encarcelados por los tribunales. En Marruecos, el Rey Mohamed VI es generoso con los indultos cuando termina el Ramadán, y en España hemos llegado al extremo de que se negocie una amnistía discrecional a cambio de escaños.
¿Hay gente que merece ser indultada? ¿Acaso no comete errores la Justicia? Desde luego que sí. Quizás alguien muy pobre que robó comida para su hijo hambriento y acabó en prisión porque ya tenía antecedentes por otros delitos menores; o quien tuiteó un chiste y recibió una condena cuestionable con una interpretación retorcida de la ley; o alguien que terminó en la trena después de un vaivén entre la condena y la absolución resuelto con votos particulares bien argumentados.
Una clase política digna produciría indultos dignos que darían pie a ajustes posteriores en el Código Penal y fecundas disquisiciones entre los juristas. No es el caso. Tenemos una clase política parasitaria que indulta como nombra altos cargos: tú sí, porque me conviene; tú no, porque me da igual lo que te merezcas.
Pero cuidado. En la resaca del indulto puede haber condenas. Irene Montero y Ángela Rodríguez ‘Pam’ fueron sentenciadas a pagar al ex de María Sevilla cuando, para justificar el indulto a la delincuente, injuriaron a la verdadera víctima. Si yo fuera el propietario de La Suiza, demandaría a Yolanda Díaz por llamarlo abusador sexual.