Editorial-El Correo
- Los nefastos gestos de exclusión y legitimación de ETA que han salpicado la carrera desvirtúan el apoyo al euskera,patrimonio común de los vascos
El ambiente festivo con el que finalizó ayer en Bilbao una multitudinaria Korrika debería constituir el mejor desenlace de su 24 edición. Los momentos de emoción vividos por sus participantes reflejan la pluralidad e inclusión que requieren iniciativas como esta, necesitadas de adhesiones enriquecedoras y ventanas abiertas: desde familias enteras y jóvenes como Pello Reparaz, líder de Zetak -el grupo que puso el colofón en El Arenal y que llenará este verano dos veces San Mamés-, hasta entidades sociales de diferente cuño y representantes del Gobierno vasco encabezados por el lehendakari. Bajo el lema ‘Euskara gara’, el compromiso por buscar apoyos a la lengua vasca con «los brazos abiertos», como se apuntó en el mensaje final leído en el Ayuntamiento, tendría que estar a salvo de cualquier uso partidista, y más cuando hablamos de un patrimonio común de todos los vascos y vascas.
Por eso conviene reflexionar sobre lo que ha sido esta Korrika y extraer todas las lecciones posibles. Las positivas, como el abrumador y sentido respaldo que se ha concentrado en la última txanpa, encarnado por ese corredor que tomó el lekuko (testigo) para «celebrar la vida» tras haber sufrido un infarto. Pero también los hechos nefastos que han salpicado la carrera desde su inicio hasta su conclusión, empañando su loable defensa de un idioma minorizado y sobre el que pivota además la educación en Euskadi.
Arrancó en Iparralde con mal pie por la arbitraria decisión de AEK de vetar a CC OO por haber recurrido oposiciones que exigían a los trabajadores un nivel lingüístico «desproporcionado». Y no por repetida deja de ser motivo de justificada denuncia la proliferación de expresiones a favor de presos de ETA. Sería un ejercicio de hipocresía no censurar sin ambages la cartelería ofensiva e, incluso, la participación de reconocidos exetarras en primera línea, en lo que ha sido una clara y tolerada utilización del escaparate, y una muestra de absoluta insensibilidad hacia las víctimas del terrorismo. La legitimación de la violencia hoy, y más en una prueba con miles de escolares en sus filas, no admite la equidistancia. Es una auténtica anomalía que debería llevar a sus organizadores a desterrar la intolerancia si de verdad quieren sumar integrantes y no dar argumentos a quienes aún recelan de la normalización. El euskera precisa de amplios consensos para superar los enormes desafíos que suponen el fracaso escolar, el fenómeno migratorio, los derechos laborales o la Inteligencia Artificial.