JESÚS J. HERNÁNDEZ | ÓSCAR BELTRÁN DE OTÁLORA-EL CORREO

  • Repasamos la iconografía de los anuncios de disolución de una y otra facción terrorista. De la cara descubierta de los ‘polimilis’ en Biarritz al video clandestino de tres encapuchados con el que la banda puso fin a su delirio militar

El fin de ETA-pm ha pasado a la historia por una imagen, la de su disolución en un frontón de Biarritz, donde diez militantes de la organización se quitaron sus capuchas en público y mostraron su rostro. Ocurrió el 30 de septiembre de 1982, hace ahora 40 años. La representación del final de este grupo terrorista es completamente distinta a la del final de ETA militar, que tuvo lugar el 20 de octubre de 2011 y cuya puesta en escena se limitó a un vídeo en el que aparecían tres encapuchados dando cuenta del «cese definitivo de la actividad armada». El análisis iconográfico de ambos momentos de la historia vasca pone de relieve la diferencia en la forma en la que ambas organizaciones dejaron las armas y los mensajes subliminales que querían transmitir.

En el origen de las diferentes historias que cuentan las imágenes del final de ambas organizaciones terroristas se encuentra un hecho significativo. Mientras que los ‘polimilis’ dejaban las armas tras una larga negociación con el Gobierno español, los ‘milis’ tomaron una decisión de forma unilateral, después de que tanto la acción policial y judicial, como su cada vez mayor aislamiento social, le forzaran a dar un paso sin haber obtenido ninguno de sus objetivos y cuando su derrota era evidente. Estas dos formas tan distintas de dejar la lucha armada se traducen en los detalles que se aprecian en la foto final de los ‘milis’ y los ‘polimilis’.

Los referentes

¿Por qué Pertur?

En la zona derecha de la foto tomada en el frontón de Biarritz aparece un retrato de Eduardo Moreno Bergareche, ‘Pertur’, el principal líder de la VII Asamblea -partidario de la creación de un partido político- y quien había desaparecido el 23 de julio de 1976, sin que sus restos hayan sido localizados hasta la fecha. Sobre el final de Pertur existen dos hipótesis. La primera atribuye el secuestro y muerte a miembros de los ‘bereziak’, los comandos de la banda contrarios al abandono de las armas. El último día que se vio a ‘Pertur’ con vida viajaba en un coche con Miguel Ágnel Apalategui, ‘Apala’, y Francisco Mujika Garmendia, ‘Pakito’, líder de la facción contraria al diálogo. También se le atribuye la desaparición a la ‘guerra sucia’, y aunque se abrió una vía para investigar la participación de ultraderechistas italianos en el crimen, estas pesquisas no ofrecieron ningún avance. ‘Pertur’ sostenía líneas de pensamiento que no habían sido aceptadas por los sectores de ETA-militar, en especial, en las referidas a la apuesta política, la creación de un partido y la aceptación de las reglas del juego democrático.

Según el historiador Gaizka Fernández Soldevilla, «la disolución de los ‘polimilis’ no habría sido posible sin la figura de ‘Pertur’ porque es el primero que expresa que el partido debe mandar sobre la banda y es así como logra imponerse Mario Onaindia». Hasta que se dio a conocer públicamente, la muerte de Pertur no fue reivindicada por ningún grupo terrorista. Que la ‘Triple A’ lo hiciera con posterioridad tiene poco valor, ya que puede tratarse de una operación de falsa bandera, muy habitual en este periodo.

El escenario elegido

De un frontón a la clandestinidad

El 20 de octubre de 2011 ETA hizo público un vídeo grabado en un lugar desconocido y protagonizado por tres encapuchados. Nunca se ha conocido el sitio exacto en que fueron tomadas las imágenes. Es una estampa radicalmente diferente a la rueda de prensa celebrada el 30 de septiembre de 1982 por una decena de dirigentes de ETA-pm, a cara descubierta, en el frontón de Biarritz. Eligieron una sala del frontón porque varios ‘polimilis’ conocían a uno de los gestores del recinto deportivo.

«Al entrar al frontón de Biarritz, nos pusieron un sello de ETA en la mano. Había muchos medios españoles, franceses y extranjeros»

J. I. FERNÁNDEZ

Fotógrafo que cubrió la rueda de prensa de los ‘polimilis’

Juan Ignacio Fernández, fotógrafo de EL CORREO, recuerda que los periodistas fueron citados en los alrededores del Casino de Biarritz. «Un hombre se nos acercó e hizo un gesto con la cabeza para que le siguiéramos con nuestro coche. Nos llevó hasta el frontón de Biarritz, donde se celebró la rueda de prensa. Al entrar, nos pusieron un sello de ETA en la mano. Había muchos medios españoles, franceses y extranjeros», rememora. «Recuerdo la mesa corrida y el mantel blanco, la foto de Pertur y que había unas flores sobre la mesa», añade. Durante la celebración de la comparecencia, que no fue especialmente larga, «se recibió un aviso de bomba al que nadie hizo demasiado caso».

Los ‘polimilis’ buscaban era un acto multitudinario, un evento abierto. La intención era mostrar una imagen de normalidad, de respaldo a su propuesta de abandonar la violencia era transparente. Su actitud constrata de forma radical con la postura adoptada en 2011. Un acto clandestino, grabado en un vídeo, sin testigos, ni periodistas.

Las banderas

La ikurriña y el arrano

La iconografía que muestra el final de ETA-pm en 1982 y la rama militar en 2011 difiere de forma muy sustancial. En la primera estampa hay solamente una bandera, la ikurriña, que preside la mesa. En la segunda imagen, la de los encapuchados, se opta por tres banderas, esta vez con mástil. A su derecha, se sitúa la ikurriña. A la izquierda, el arrano beltza y la bandera de Navarra.

«No es la bandera de Navarra normal sino la modificada», advierte el catedrático de la UPV Santiago de Pablo. «En el año 1982 no existía esa versión, que hace variar las cadenas y las convierte en una cinchas. Recupera un supuesto diseño de una bandera medieval que se quiere identificar con un Estado vasco. Y eliminan las cadenas que tienen su origen en una leyenda sobre las Navas de Tolosa y aluden por tanto a la idea peninsular», analiza.

«El arrano beltza tiene su origen en un sello de los reyes navarros hasta el siglo XIII», explica el historiador. Su conversión en bandera se atribuye a Jesús Idoeta y Javier Balda en 1978, que diseñaron la enseña. «El formato más habitual, con fondo amarillo, parece deberse a Telesforo Monzón, que consideró que lo rescataba del olvido y le puso el fondo amarillo porque recordaba los pergaminos medievales donde podía verse», añade De Pablo. Es imposible que el arrano beltza apareciera en la rueda de prensa de los ‘polimilis’ porque estaba todavía poco extendido y porque se vinculaba además con una corriente ideológica diferente. Los ‘polimilis’ estaban en la órbita de la Euskadiko Ezkerra de Mario Onaindia y el arrano aludía a la HB de Monzón. En 2003, ETA llegaría a debatir si el arrano tenía que ser la bandera de Euskadi. En su revista interna de ese año -el Zutabe 100-, llegarían a afirmar que aparcaban esa discusión hasta después de conseguir la victoria.

Los ‘polimilis’ no dudaron en optar exclusivamente por la ikurriña. Es el año 1982 y ha estado prohibida hasta 1977, aunque su uso se acabó de regular en el Estatuto de Gernika, que es refrendado en 1979. Es la bandera de Euskadi, sin debate. «Son años en los que se colocan ikurriñas en las cimas de los montes y en los campanarios de las iglesias y es una bandera que es vista también como un símbolo antifranquista, y que es reivindicada por el nacionalismo pero también por los partidos de izquierda», recuerda De Pablo.

Los emblemas

De la estrella roja al hacha y la serpiente

En la rueda de prensa de disolución de ETA ‘polimili’, el anagrama de la banda preside la estancia. Sin embargo, en el vídeo de disolución de los ‘milis’ el símbolo de la organización terrorista está compuesto por una serpiente y un hacha entrelazadas bajo el lema Bietan jarrai («Seguir en las dos»). Fue creado en los años 60 por el anarquista Félix Likiniano, refugiado en el País Vasco francés, quien elaboró una talla de madera que regaló a un miembro de ETA. Posteriormente, labró otras piezas que iba entregando a sus amigos. Según el dirigente etarra, Mikel Albisu, ‘Antza’, «el hacha significa golpear, y la serpiente, ser inteligente» por lo que se resumiría en «usar la fuerza«, la violencia, con inteligencia. Para Joseba Arregi, desde una perspectiva crítica, el hacha encarna «la violencia y el terror» y la serpiente «la idea que la banda se hace de la política como táctica para engañar el enemigo».

Este anagrama existía cuando los ‘polimilis’ abandonan su actividad pero no formaba parte de la simbología que utilizaba ETA en ese momento. En Biarritz, los simbolos violentos como puede ser el hacha y la serpiente no se utilizaron. La apuesta por la paz tenía que ser clara.

El gran detalle

A cara descubierta o encapuchados

La gran imagen del fin de los ‘polimilis’ fue ver a los miembros de la banda a cara descubierta. Según Luis Emaldi, uno de los que aparece en la foto, se buscaba transmitir una imagen de «normalidad y de sinceridad». «No se trataba de un simulacro ni una simulación. Éramos muy conscientes de la importancia de la imagen y de cómo iban a tratar las cabeceras y los informativos la puesta en escena de nuestra disolución». El hecho de aparecer a cara descubierta era, además, un signo de coraje en un momento en el que las diferencias dentro de ETA eran muy fuertes e iban acompañadas de crímenes como el de ‘Pertur’ pero también de enfrentamientos en las calles del País Vasco francés. Quitarse la capucha y mostrar la cara también era una forma de respaldas el abandono de las armas con nombre y apellidos, no desde una nebulosa clandestina.

En 2011, la puesta en escena de ETA para anunciar el fin de la violencia fue todo lo contrario a transparente. Tres personas con la capucha blanca y la boina, grabados en un vídeo y sin ningún tipo de testigos. El mensaje es totalmente diferente al de los ‘polimilis’ y sigue estando marcado por el militarismo y la clandestinidad. Fueron las fuerzas de seguridad las que identificaron a las tres personas que aparecían en la imagen: David Pla -hoy en la dirección de Sortu-, Iratxe Sorzabal e Izaskun Lesaka. El hecho de que no se les viera las caras es muy significativo. ETA seguía sin permitir liderazgos, nadie se atribuía la decisión de dejar las armas sino que se atribuía a una organización, a un debate secreto que las ciudadanía ignoraba y que no consideraban necesario que se conociese. El oscurantismo y la ocultación eran el mensaje. Dejaban más preguntas en el aire quizás porque la banda todavía no había entregado las armas y esperaba iniciar una negociación con el Gobierno que nunca se produjo.

Los uniformes

Ropa civil en Biarritz, militar después

Uno de los detalles más significativos a la hora de comparar las dos imágenes del fin de la violencia es la uniformidad cuasimilitar que empleó ETA en 2011 y la ropa de civil de los ‘polimilis’. Cualquier connotación con la violencia fue eliminada en la presentación del frontón de Biarritz mietnras que los ‘milis’ vestían igual, con una ropa oscura idéntica. En 1982 hubo un esfuerzo por alejarse de cualquier símbolo que pudiera ser entendido como una referencia al pasado de atentados y ataques. «Nuestra sensación era de normalidad. Incluso no parábamos de fumar, algo que era muy habitual en aquellos años. Lo que queríamos hacer ver, en cierta forma, era que ya existía un partido político, un Estatuto, una democracia, y el aparecer vestidos de civil nos vinculaba a ese pensamiento democrático», afirma Emaldi. Los ‘milis’, por el contrario, mostraban una continuidad absoluta con el resto de comunicado que habían hecho público durante sus años de existencia.

En su época de actividad terrorista, los ‘polimilis’ habían aparecido con armas, capuchas negras y buzos de color blanco. Es paradójico que los ‘milis’ le dieran la vuelta a esa imagen y utilizasen capuchas blancas y uniformes negros. Según Luis Emaldi, el hecho de que los ‘milis’ continuasen utilizando las capuchas y los colores oscuros remite también a otro tipo de escena: las apariciones de miembros de ETA en funerales de terroristas fallecidos. «Esa connotación con la muerte la llevaron hasta el final», afirma.