Mikel Buesa-La Razón

  • Gracias a los efectos de las subidas fiscales, en términos comparativos, hemos empeorado en general nuestro nivel de bienestar

La insistencia de los miembros del Gobierno en la tasa de crecimiento del PIB sin entrar en mayores consideraciones acerca los términos per cápita de esa variable macroeconómica o de referencias a la distribución del valor añadido de la economía cuando, simultáneamente, se extiende una sensación de malestar entre los ciudadanos, es sintomática de que algo está fallando en el diagnóstico gubernamental. No me entretendré en discutir que esa tasa responde a un fenómeno real, pero sí señalaré que, en los últimos cinco años, ha coincidido con una extraordinaria ampliación de la población –cifrada en dos millones de personas– gracias a una inmigración descontrolada. Además, ha tenido lugar un importante aumento de la fiscalidad nominal –impulsada por la ausencia de correcciones inflacionarias en la tarifa del IRPF, el aumento de las bases del Impuesto de Sociedades y, en menor medida, los efectos del aumento de precios en la recaudación del IVA– de manera que, en ese mismo período, la aportación de los ciudadanos a la hacienda se ha expandido, en promedio, en un 33 por ciento. Para completar el panorama, añádase a lo anterior el incremento de las cotizaciones sociales.

Todo esto tiene su reflejo en la renta disponible por habitante, una variable macroeconómica ésta que se menciona muy poco, pero que es muy relevante porque refleja lo que, tras el pago de los impuestos, tasas y cotizaciones, llega al bolsillo de los contribuyentes. Pues bien, de acuerdo con la información publicada por Eurostat, resulta que, desde el año 2010 hasta ahora, esa renta ha permanecido estancada en términos reales –descontando el efecto de la inflación– mientras que, en el promedio europeo, se ha registrado un aumento del veinte por ciento. O sea que, gracias a los efectos de las subidas fiscales, en términos comparativos, hemos empeorado en general nuestro nivel de bienestar. Como contrapartida, el gobierno ha establecido un «escudo social» en forma de subsidios para los perceptores de rentas bajas que, sin embargo, no ha servido para mejorar la distribución personal de la renta. En resumen, la tan cacareada tasa de crecimiento está escondiendo el fracaso de la política económica del Gobierno de Sánchez en orden a la mejora del nivel de vida de los españoles..