- La última tropelía de Sánchez resume a todas las demás
Txeroqui, jefe de ETA, pasa el día ya en su casa, gracias a una decisión de Pedro Sánchez impuesta por Arnaldo Otegi: ahí está el famoso pacto secreto entre el PSOE y Bildu del que no existe documento firmado, como el que sí consta con Puigdemont e incluye la palabra ‘referéndum’, consistente en intercambiar el voto filoetarra en presupuestos e investiduras por facilidades a los terroristas.
Ese tipejo no ha renegado ni condenado nada, de lo cual se seduce su orgullo y satisfacción por los crímenes que cometió y ordenó cometer, un rosario de secuestros, tiros en la nuca y bombas que al parecer no merecen formar parte del engendro memorístico del Gobierno, pactado con Bildu y destinado a llamar franquistas a partidos que no existían con Franco y a blanquear a los amigos de los terroristas para que no parezca tan infame deberles el cargo.
No hay mayor indignidad posible que soltar a etarras para comprarte un puesto que no te dieron los ciudadanos, ni peor degradación moral que hacerlo con una trampa de Marlaska y añadirle la vergüenza final: reescribir la historia del horror, para que parezca un accidente, un empate o algo similar, y se intente disimular el abyecto origen de la Presidencia de un indecente: los votos de un tipo que pasó el día en la playa, con la familia, mientras sus socios asesinaban a Miguel Ángel Blanco.
Y en esto se resume todo: un pobre hombre, con más ínfulas que talento y más intereses que principios, dispuesto siempre a avalar lo que sea con tal de revocar el mandato de las urnas: a Podemos le compró el chavismo, al independentismo el desguace constitucional y el fin del Estado de derecho y a Bildu la libertad de asesinos y la reescritura de la historia.
En ese contexto ya resulta delirante que los autores de la mayor indecencia de la historia reciente, que es alquilarse la placa de sheriff con el visto bueno de los cuatreros y a cambio de lo que le exijan, se empeñen además en llamar ultraderechista a Vox primero y luego al PP por estar dispuesto a llegar a acuerdos.
El mismo alejamiento de la vida que se percibe al creer que se puede pactar con la escoria sin convertirse en ella se detecta en el deplorable análisis del PSOE sobre las causas de su infortunio: el avance fascista.
En realidad, todo es más sencillo: el PSOE ha dejado de ser un partido de Estado, no conoce la calle, no puede entrar en los barrios y tiene una agenda estrictamente centrada en abonar los impuestos revolucionarios de sus secuestradores, ajenos a las necesidades de los paisanos y con frecuencia dañinos para ellos.
España no tiene un problema de extrema derecha, pero sí de izquierda extrema, tan radical como burguesa, pija y clasista como para no conocer ni sufrir las consecuencias de sus decisiones: sus políticas económicas, migratorias, laborales, sociales, policiales y de todo tipo, sustentadas en mantras, peajes y negocios, afectan sobre todo a la gente más humilde, que vota siempre en defensa propia.