- En una democracia normal quien firma el peor resultado de su partido dimite al minuto y se va a su casa, aquí pronto la recolocarán con un chollazo
María Jesús Montero Cuadrado, sevillana de 60 años y madre de dos hijas, solo tiene ahora mismo una preocupación. No es el futuro del PSOE, una moto averiada que acelera hacia la sima con un piloto que se salta todos los semáforos, o que España carezca desde hace tres años de Presupuestos, o el buen futuro de Andalucía. Lo que desvela desde la noche del domingo a nuestra aguerrida Marisu de Triana es la siguiente pregunta: ¿Cómo seguir chupando del bote? ¿Qué puedo hacer para darme el piro rápido de Andalucía y hacerme con un puesto donde se gane un pastizal sin dar palo al agua?
Sin embargo, Marisu pierde el tiempo preocupándose. El PSOE dispone de relajantes balnearios de lujo para todas y todos. Nadia Calviño, la fenómena que en sus memorias reconoce que presionó al INE para cocinar los datos contables de la nación, se llena ahora el bolsillo como presidenta del Banco Europeo de Inversiones (BEI), con un sueldo de 381.000 euros al año, 31.700 pavos al mes. Magdalena Álvarez, ministra con Zapatero y pringada en los ERE con condena incluida, se hizo también de oro en su día con cuatro añitos al frente del BEI.
Teresa Ribera acumuló muchos méritos en el Gobierno de Sánchez. Su talibanismo verde impuso un modelo energético que provocó el apagón y su escaqueo en el extranjero durante la dana resultó de una irresponsabilidad y falta de humanidad imperdonable. Por tan excelentes servicios fue premiada como vicepresidenta de la Comisión Europea, a la vera de la meliflua Von der Leyen, puesto en el que se lleva 424.000 euros al año, cinco veces más de lo que empaquetaba en España como vicepresidenta. Por su parte Beatriz Corredor, clásica apparatchik socialista, sigue con su agradable sueldo de más de medio millón al año en Red Eléctrica tras fundirle los plomos a España y Portugal. Un caso único.
A medida que se cumplen años cuesta cada vez más encontrar un gran puesto. En esa delicada tesitura se encontraban Miguel Iceta, de 65 años, y Ximo Puig, de 67, tras perder sus respectivas poltronas en los gobiernos español y valenciano. Pero Sánchez, que tiene más visión que todos nosotros, supo ver que estas dos grandísimas figuras albergaban madera para convertirse en unos soberbios diplomáticos. Dicho y hecho. Ambos están pegándose la vida padre en París, con sueldos de 140.000 euros (más dacha pagada, gastos, chófer y escoltas). Iceta, como embajador ante la Unesco, y Ximo, ante la OCDE. Siento escalofríos solo de pensar en las extenuantes jornadas de trabajo que ambos afrontan representándonos ante tan trascendentales organismos.
A la vista de tales precedentes, no debes desanimarte, admirable Marisu, aunque es comprensible que habiéndote pasado 36 de tus 60 años de existencia viviendo de la generosa teta del PSOE te inquiete tu futuro. En reconocimiento a tu extraordinario desempeño en el Ministerio de Hacienda y como candidata en Andalucía, Sánchez podría nombrarte embajadora especial ante el Festival de Eurovisión, o Alta Comisionada de la OPS (Oficina de Pelotilleo al Separatismo), o incluso delegada extraordinaria en Soto del Real, donde si el proyecto de regeneración del líder supremo sigue adelante acabará habiendo más socialistas que en Ferraz.
En una democracia normal, Montero habría dimitido y se habría ido a su casa en la noche del domingo, toda vez que los electores han expresado en su perfecta libertad que no quieren verla ni en pintura. Pero aquí seguirá viviendo de nuestros impuestos como premio a empalmar un fracaso con otro. La que se autodefinía como «la mujer con más poder en el conjunto de la democracia» no va a volver a su plaza de técnico administrativa de hospitales, de la que nunca debió haber salido. Con su habilidad como trepa de partido, Montero acabó ocupando cargos que desbordaban muy de largo sus capacidades. Y el día que el público tuvo la oportunidad de evaluarla en las urnas, pues ha dejado muy claro lo que opina de ella: Marisu ha logrado la proeza de empeorar el resultado de Gallardo en Extremadura.