Fernando Navarro-El Español
  • De ser cierto que Sánchez fue chantajeado por Marruecos, y que el cambio de opinión sobre el Sáhara se debió a ello, no es descabellado pensar que su conducta pudiera encajar en la traición tipificada en el Código Penal.

La trama de Jefes de Estado, película de acción que reúne a Idris Elba y John Cena, se activa en el más insospechado de los lugares: la Tomatina de Buñol.

De modo similar, el 18 de abril de 2021 estaba a punto de desencadenarse un conflicto internacional, esta vez real, en otro lugar inesperado: Logroño. Allí había sido llevado Brahim Gali, líder del Frente Polisario, para ser atendido en un hospital público.

¿Por qué se había metido el Gobierno en ese berenjenal?

Era evidente que a Marruecos, que considera a Gali un terrorista, la hospitalidad sanitaria española no le iba a sentar muy bien.

En efecto, el 17 de mayo Marruecos abrió la frontera de Ceuta y animó a las multitudes, incluidos niños y adolescentes, a que entraran en territorio español. De repente, miles de inmigrantes inundaron las calles ceutíes.

El 18 de mayo, Pedro Sánchez y Fernando GrandeMarlaska volaron a Ceuta. Si algún día se hace la verdadera serie sobre Sánchez, no la que lo mostraba tomando tostadas en Moncloa, sino la que enseñe sus maniobras en las cloacas, esta parte será especialmente interesante.

Resulta que los servicios secretos marroquíes disponen de unos dispositivos que, haciéndose pasar por falsas antenas de telefonía, capturan las señales de los móviles.

Ese día, de entre todos los dispositivos que deambularon por la zona, sólo hubo unos que estuvieron sucesivamente en la frontera de El Tarajal, en Ceuta y en Melilla: los de Sánchez y su séquito.

Ya los tenían identificados, así que un día más tarde los espías marroquíes pudieron infectarlos con el software Pegasus. Gracias a él, al día siguiente birlaron toneladas de información de los móviles del presidente, Marlaska y Margarita Robles. A esta última accedieron, probablemente, a través de los contactos del primero.

Un día más tarde, el CNI detectó el robo. Un año más tarde, el Gobierno lo hizo público. Todo esto ha sido ahora publicado en distintos medios, que invocan fuentes del CNI, y no ha sido desmentido.

Entre el robo de la información, y el momento en que éste fue admitido, pasaron muchas cosas.

El 2 de julio Marruecos pidió la cabeza de Arantxa González Laya, entonces ministra de Exteriores, y Sánchez la concedió: fue sustituida por el inefable José Manuel Albares, que desde entonces hace trastabillar la diplomacia española por el mundo.

Pero lo más sorprendente ocurrió el 18 de marzo de 2022: Marruecos anunció la existencia de una carta de Pedro Sánchez a Mohamed VI, en la que se alteraba sustancialmente la posición española sobre el Sáhara occidental. Básicamente, evaporaba la soberanía saharaui y convertía la región en autonomía del reino de Marruecos.

¿Cómo era posible? El asunto no había pasado por el Parlamento, ni había sido anunciado a los españoles.

Un par de días más tarde, El País publicó la carta que, en sí misma, es extraordinaria. Es dudoso que su redacción proviniera de Albares, porque ponía mal incluso el nombre de su ministerio.

Además, algunas expresiones de una carta extraordinariamente sumisa («le ruego acepte, Majestad, la expresión de mis más distinguidos sentimientos») hacían sospechar que, o bien había sido redactada apresuradamente por un colaborador de Sánchez escasamente alfabetizado, o bien directamente en Marruecos y posteriormente traducida.

Pero el resumen era éste:

«España considera que (sic) la propuesta marroquí de autonomía presentada en 2007 como la base más seria, creíble y realista para la resolución de este diferendo» (¿diferendo?).

Seguro que alguna vez han jugado a ese pasatiempo. En un cuadro hay una serie de puntos numerados, que uno debe conectar ordenadamente para formar una imagen. Cuando se une un número de puntos suficiente ¡zas!, usted ya sabe que se trata de una mariposa, o de un tren.

Permítanme, entonces, proponerles un cuadro en blanco con los puntos «Marruecos se enfada», «el móvil de Sánchez es infectado por Pegasus», «las sospechas recaen sobre Marruecos» y «Sánchez se somete a la voluntad de Marruecos«.

Ahora, díganme, ¿qué dibujo les sale si unen estos puntos?

Porque lo que parece es que:

1) el presidente tenía información inconfesable en el móvil,

2) que ha sido chantajeado con ella por otro país, y

3) que ha aceptado el chantaje.

Incluso sin conocer la información exacta que habría servido para la extorsión, e incluso con los estándares políticos y morales más laxos, la concurrencia de los puntos 1) y 3) incapacitaría a cualquier persona para continuar siendo presidente.

Pensemos que, de ser cierto el chantaje, pueden existir otras cesiones adicionales al cambio de opinión sobre el Sáhara, que aún no hayan aflorado. Por eso, no es descabellado pensar que, si la sospechosa conducta de Sánchez resultara probada, pudiera encajar en la traición tal y como está tipificada en el Código Penal.

Pero el juicio penal es otra historia. Para el juicio político, los puntos de los que ahora disponemos son suficientes, y no es necesario esperar a que los jueces los unan.

Y otro día podemos conectar otra línea de puntos: la que une a Zapatero, Análisis Relevante, el testaferro Julito Martínez, 53 millones de euros para la aerolínea Plus Ultra, y 450.000 € para Zapatero. Seguro que sale un dibujo interesante.