Tonia Etxarri-El Correo

Si Núñez Feijóo hizo ayer un emplazamiento a los 184 diputados que están pidiendo elecciones anticipadas e inmediatas a Pedro Sánchez es porque le salen las cuentas: PP, Vox, Coalición Canaria, UPN, PNV y Junts. Pero el líder de la oposición no sale de ese bucle desde hace tiempo. Sabe que tiene un problema para conseguir esa moción de censura instrumental que nunca presentaría para perderla porque los partidos nacionalistas, vasco y catalán, hacen otros cálculos y no les cuadra el balance si piensan en sus elecciones autonómicas. Que sienten vértigo ante la asociación de sus siglas a las de Vox porque saben que esa coincidencia técnica y puntual para forzar el adelanto electoral sería inmediatamente utilizada por Bildu y el propio PSE en el País Vasco. Están enredados en ese laberinto. Bloqueados. El PNV hace ademán de iniciar un distanciamiento del actual gobierno pero no da el paso siguiente. Como Junts. Piden a Sánchez que convoque elecciones pero ellos no las van a forzar a través de una moción de censura.

¿En qué se basa el optimismo de Feijóo, entonces? ¿En el propio desgaste del sanchismo que es tan evidente que el movimiento de algunos de sus aliados intentando alejarse del camarote sin abandonar el barco está siendo muy gráfico? ¿Se conforma con dejar en evidencia el desmarque contenido del PNV y ya está?

Porque el ‘boss’ de los socialistas piensa seguir hasta el 2027 «y más allá» . Así se expresó, desafiante, ante el congreso federal de las juventudes el pasado domingo. Le han sabido a poco los ocho años en la Moncloa. El caso es que no le va tan mal si los socios siguen sin atreverse a dejarlo caer y si la perspectiva electoral, a pesar de la debacle que supondría perder más de un millón y medio de votos, le mantiene con un suelo raspado de los cien escaños. A pesar de tantas causas judiciales, del auto judicial sobre Zapatero y del relacionado con los movimientos efectuados en las cloacas del PSOE para proteger a Sánchez de la sombra de la corrupción a cualquier precio. ¿Qué podría salir peor?

Es un consuelo de perdedor, sí. Pero Sánchez no hace otra lectura, incapaz de reaccionar a la desmovilización del electorado de izquierdas, que es palmaria. Quita importancia a la pérdida de apoyos demoscópicos y sostiene su teoría del complot para desacreditar las instrucciones judiciales. De eso se encargan portavoces como Montse Mínguez. Pero las encuestas, aparte del CIS, preconizan una mayoría parlamentaria del centro derecha muy reforzada, superando los 210 escaños de los que 145 se los llevaría el PP. Y Vox, subiendo. En medio del páramo de contraste de ideas en la casa socialista porque el jefe no lo permite, Feijóo sigue presionando al PNV y a Junts. Con la única intención de dejar en evidencia su falta de coherencia. Sabe que no les convencerá. Hace meses dijo ante la patronal catalana de Foment del Treball que «no me faltan ganas, me faltan votos para presentar una moción de censura». Hoy, volverá a la carga en Barcelona pidiendo apoyo a los empresarios del Cercle de Economía, consciente de que si lograse la moción de censura sería gracias al PNV y Junts ¿Está seguro que ésa sería la mejor compañía si algún día llega a ser presidente del Gobierno?