Teodoro León Gross-ABC

  • Ser el ‘rey del zasca’ es la máxima aspiración. Ahí pelean Rufián o Puente, en el olimpo de los provocadores

Lo sucedido esta semana en la comparecencia de Feijóo es algo más que el enésimo hito en la degradación de las comisiones de investigación, desde tiempo atrás convertidas en comisiones de intoxicación. Hace ya años que perdieron cualquier interés como mecanismo parlamentario para depurar responsabilidades políticas más allá de las penales. A estas alturas sólo cabe invocarlas por pura melancolía, algo que quizá pudo haber sido pero no fue. Ahora sólo se trata de una impúdica y desahogada puesta en escena de zascas destinados al fuego cruzado en las redes sociales. Tal vez sea pertinente prohibir que los menores accedan a las redes, pero nadie se mueve ahí en el lado oscuro de lo obsceno como sus señorías. Van a las comisiones a sacar dos o tres clips después viralizados por sus followers sectarios y sus bots. Ser el rey del zasca es la máxima aspiración. Ahí pelean Rufián o Puente, en el olimpo de los provocadores, entre tantos aspirantes a prosperar bajo esa forma de prostitución.

Y la convocatoria de Feijóo, definitivamente, supone media vuelta de tuerca más. Esa comisión no ha llamado a nadie del Gobierno, con graves responsabilidades antes y después de la dana que arrasó la vida de más de doscientas almas. Pero allí estaba el líder de la oposición, sin ninguna responsabilidad de gestión, sin la menor participación en la tragedia, sometido a un escrutinio perruno por los artistas del zasca. Se trataba de desplegar una coreografía para ponerlo bajo sospecha y percutir coralmente con la acusación de mentiroso… Todos los socios se prestaron a ese enjuague inquisitivo al servicio de la causa sanchista. Claro que Feijóo sabía a lo que iba y salvó la encerrona, con otros tantos zascas al contragolpe del mismo poco valor. Pero la lección es desmoralizadora: esa comisión no investiga la dana, sólo trata de exonerar a un Gobierno que falló y mucho. Y también exonerarse moralmente a sí mismos, porque algunos de ellos, como Rufián, horas después de la tragedia estaban repartiéndose el botín de RTVE. Y andan dando lecciones.

El sanchismo nunca hubiera ido mucho más allá del aventurerismo particular de su líder de no haber sabido coser una UTE llamada Frankenstein. La Unión Temporal de Escaños por interés lucrativo es lo que lo define. Sánchez es un comercial de la política, muy dotado para atisbar las oportunidades y colocar la mercancía. Ha sabido reunir a su alrededor a partidos de distinto pelaje simplemente persuadidos del beneficio. Y ahí están sus balances. Sólo estas últimas semanas Sánchez ha repartido la financiación y la caja única, una regularización masiva a espaldas del Congreso, un plus de okupaciones sin respetar la propiedad privada, pedazos de la Seguridad Social… troceando el Estado en su carrera desesperada por aferrarse unos meses más al poder. Y sus cómplices saben que esa debilidad es muy rentable. Por eso ponen su dignidad en almoneda en la comisión de la dana: las ganancias merecen la pena. ‘It’s strictly business’.