Gregorio Morán-Vozpópuli
Cómo mostrar al público que una deuda de 87.000 millones de euros no la va a pagar nadie, porque Nadie, es un personaje de la Odisea
Es posible que estemos viviendo la edad de oro del relato, porque nunca han aparecido tantos en el mercado; sin embargo no creo que supongan ningún beneficio para la literatura. Más bien al contrario; la prosa se ha apelmazado y los lectores han de tragar lo que les echan con una mansedumbre que pasma. Marquemos el campo: la presidencia del Gobierno cuenta con 2.016 cargos de confianza de los que 471 asesoran al talento multiusos del Presidente, mientras una porción notable de 152 se dedican a cultivar nuestra Memoria Democrática con productos de lo más variopinto en beneficio de quienes les pagan. Siempre fue así pero no tanto y en tan gran número. Algo tendrán que discurrir porque si no dejarían de cobrar. Hagamos números con los dedos: hay oficialmente 2.016 familias y allegados que votarán juntos y como un solo hombre (o mujer) a partir del principio indestructible de que la familia que reza unida (a su patrón) jamás dejará de votar unida, mientras su voto valga una soldada.
A partir de este primitivo principio, que se propia denominar la Primera Ley de Hierro de la termodinámica del poder, seremos capaces de acercarnos a fenómenos singulares, como las olas de información. Hablamos pues de Mazón, de Monedero, de Ábalos y como no puede faltar una mujer empoderada en tales escenarios, María Jesús Montero, auténtica super women que aúna facultades tan extraordinarias como ser ministra de Hacienda, candidata a presidenta en Andalucía, vicepresidenta del Gobierno, oradora de extraña dicción; no por “trianera” sino por dificultades cognitivas que apedrean la lengua. Y por si faltara poco en tal portento, es licenciada en Medicina y Cirugía aunque nunca ejerció fuera de una oficina.
Cómo mostrar al público que una deuda de 87.000 millones de euros no la va a pagar nadie, porque Nadie, además de un personaje de la Odisea, es a su vez Otro en la Hacienda Pública
A María Jesús Montero se debe la parte más dominante del relato, una variante del esperpento que se presenta como auténtico arte de magia. Cómo mostrar al público que una deuda de 87.000 millones de euros no la va a pagar nadie, porque Nadie, además de un personaje de la Odisea, es a su vez Otro en la Hacienda Pública. Lo expresó otra luminaria, Carmen Calvo, en memorable ocasión, al precisar que el dinero público no es de nadie, lo que en consecuencia debería interpretarse como que usted no paga nada a la Hacienda, porque hacienda somos todos; si bien unos más que otros. Un lío tan enmarañado de palabras que el relato salta al campo de la ciencia ficción galáctica: las hipotecas no se van a pagar porque se descuentan… (Me pierdo en las florituras del vocabulario).
¿Habrá alguien capaz de creerse este truco heredado del tocomocho? Los tiempos del bitcoin no alcanzan a saber que se trataba de vender una maleta con recortes de periódico como si fueran billetes de curso legal. Los estafadores siempre encontraban a algún listo que picaba. Mi pobre madre sostenía que deberían castigar tanto al que ejercía de truhán como al que pretendía aprovecharse del idiota. Ahora no; al de la maleta le hacen un relato a medida y aI cándido que se lo cree le burlan gracias a la pericia del promotor. Si alguien duda, asústenle con la extrema derecha. Es un procedimiento tan infalible como distraerse del carterista descubierto cuando grita ¡Al ladrón! ¡Al ladrón!
La misma mano que orienta la magia de María Jesús Montero en los medios procura ir achicando la figura de José Luis Ábalos. Los dos salieron de la misma matriz, tienen al mismo maestro y cumplieron hasta la prepotencia las tareas que se les encomendó. Pocos políticos fueron tan tóxicos como Ábalos; no hablaba, injuriaba; miraba torvamente a la manera del sicario. Tenía la protección absoluta del Amo y la ejercía en todos los ámbitos, desde la política internacional subcontratada hasta echar aceite a las bielas del Partido. ¿Qué la madera de la que estaba hecho era eucalipto? Bueno, y qué; sirve para hacer papel y emplastos. Elegía prostituta por internet y luego la convertía en empleada del Estado. Putero es una querencia, corrupto es un delito. En su declaración ante el juez aportó una novedad a nuestro vocabulario de relatos: “Yo creo que no recuerdo”. Un hallazgo para vocacionales de la política la simbiosis de creer y recordar.
Cada día que Carlos Mazón habla sube el pan y la indignación. Es difícil encontrar a un político con tal elevado nivel de incompetencia, cinismo y estupidez como el suyo
El caso Ábalos se va deslizando hacia su guardaespaldas Koldo y si les da tiempo acabarán diluyéndose en “esos nombres de los que usted me habla”; ya un clásico de la política española. Sin uno y otro no será posible entender como el Puto Amo alcanzó el más alto grado de impostura. Por eso baja Ábalos y sube Mazón, en la misma medida que baja Begoña y sube un tal Fernández Amador; entre un fraude familiar de Estado y un noviazgo con un defraudador de Hacienda. Desde Plutarco los impulsores de relatos políticos siempre imaginan vidas paralelas, aunque haya que forzar las trayectorias.
Cada día que Carlos Mazón habla sube el pan y la indignación. Es difícil encontrar a un político con tal elevado nivel de incompetencia, cinismo y estupidez como el suyo. Conocer los procedimientos por los que persona de tan incontestable mediocridad alcanzó la presidencia de la Generalitat valenciana nos alumbraría sobre la fauna política con la que pechamos. Por vergüenza elemental debería haber puesto su cargo a disposición de sus jefes políticos, ya que sería impensable que de sus entrañas saliera una decisión tan digna como dimitir y asumir que su irresponsabilidad y su impericia convirtieron una catástrofe en un drama colectivo que dejó 227 muertos. Mazón, además de inútil, costará un potosí en pleitos y regalías. La dimisión voluntaria es algo impensable, el cese aún más; lo votaron sus conciudadanos, como a Trump y a Milei.
El caso de Juan Carlos Monedero tiene vertientes indescriptibles, pero dentro de una vulgaridad que hace difícil entrar en su trascendencia política. Un referente al que ahora rechazan sus inanes seguidores. Un tipo a dos años de jubilarse aparece como un baboso acosador de alumnas liberadas. Los que inventaron consignas tan excitantes como “solo sí es sí” o “hermana yo sí te creo” hasta convertirlas en el “detente bala” de una nueva cruzada por lo políticamente correcto, ahora se desmelenan en cancelarle. No hay amigo más sañudo que tu discípulo fraterno. ¡Vaya tropa! Iñigo Errejón es 20 años más joven; aún creía estar en la edad del pavo del sexo y la ideología. Se atribuye al sarcástico Pere Rusiñol -un agudo periodista que conoce el paño- una boutade que parece un pie de página: “Podemos era un plan para follar que se les fue de las manos”.