Antonio Pérez Henares-El Debate
  • Lo que ya es menos digerible para nadie que no sea de la propia parva y hasta del cogollo más duro, es la pretensión de imponer absolutamente todo su doctrinario y convertirlo en mandamiento sagrado para permitir que haya gobierno. Y eso es en lo que ahora parecen estar

Advertían los sabios griegos a los mortales humanos que «los dioses ciegan a los que quieren perder». Traducido al español, viene a decir que la euforia y emborracharse de éxito es una mala senda que puede concluir en un despeñadero. Y aunque resulte muy peligroso decírselo a quien está exultante viéndose ya mismo, o todo lo más pasado mañana, sentado en la cima del Olimpo tras llegar en triunfo a lomos de Babieca, tal vez alguien habría de decírselo a Vox. Aunque ello suponga desatar la ira de Aquiles y que a quien van de seguro a lapidar va a ser a ti. Por hecho lo doy.

Pero habrá que recordarles, de principio, que su éxito, siendo notable y muy sonoro y por el que se pueden felicitar y celebrarlo con alegría, ha sido quedar terceros. Aunque ciertamente y de manera considerable ellos han ganado posiciones y engordado tras habérselas arrebatado y adelgazado a sus rivales. Cinco escaños al PSOE y dos al PP. Eso en Aragón, mientras que en Extremadura la ganancia solo les vino por un lado, pues los populares allí no solo no perdieron nada, sino que algo ganaron también. Y en ambos lugares estos han logrado distanciar y mucho a quien se supone que es el enemigo de los dos, el partido de Sánchez. Se supone, digo, pues a tenor de lo que se les escucha, es un mucho suponer.

Es, sin embargo, muy comprensible no solo su alegría, sino que hagan uso de la fuerza que las urnas les han dado y exijan lo que por ello les corresponde en la gobernación, que es al cabo la conclusión del ejercicio del poder.

Si es que quieren gobernar, cogobernar en este caso, que eso está más en duda aún. Porque es una evidencia que han sabido leer muy bien y convertirse en cauce de la rabia y de la frustración de unas gentes a las que se está saqueando en haberes, dignidad, futuro e identidad; también se vislumbra que han estimado que mejor no asumir ninguna responsabilidad y así poder seguir despotricando sin más y contra todos sin tener que rendir cuentas ellos también.

Lo que ya es menos digerible para nadie que no sea de la propia parva y hasta del cogollo más duro es la pretensión de imponer absolutamente todo su doctrinario y convertirlo en mandamiento sagrado para permitir que haya gobierno. Y eso es en lo que ahora parecen estar.

En Extremadura de manera especial. Vamos, que siendo terceros, lo que vienen a exigir es mandar ellos como si hubieran obtenido la mayoría absoluta. Y eso es descabellado e imposible de tragar por muy mal que les caiga Guardiola y haya cometido errores, y alguno de bulto, con ellos.

La senda elegida indica que han decidido bloquear allí la formación de un gobierno y obligar a ir a unas nuevas elecciones. Creo que así será, porque ellos creen que aún les irá mejor y el PSOE desea eso mismo, pues suponen que es muy difícil que les pueda ir aún a peor. Pero mejor que tengan cuidado, pues si los dioses ciegan con la soberbia, el diablo carga las urnas y el raciocinio y el muy desaparecido sentido común pueden aparecer cuando menos se les espera.

Impedir gobernar a los vencedores de las elecciones, o sea al PP, tiene como poco algunas contraindicaciones y que el personal barrunte que una de ellas es favorecer al régimen sanchista y ayudar al encastillado de Moncloa, provoca reacciones que no entraban en el plan.

Como lo está haciendo la prepotencia, el ir de sobrados, el alarde continuo y la cansina repetición de que como ellos nadie y solo ellos valen y son. Y como a alguno se nos ocurra un mínimo, una leve crítica o señalar, van a lanzarse en tromba dispuestos a aplastar a quienes ya marcan como un enemigo a destruir y una sabandija además. Es muy posible que hoy lo vuelva a comprobar aquí.

Por mi parte, dados van, tengo en ello ya el culo pelado y he afrontado señalamientos e intimidaciones de mucho mayor peligro y empaque a lo largo de muchos años por ejercer lo que siempre he puesto por encima de todo, del miedo al borrado y la cancelación también: mi libertad de opinión y de expresión.

Pero es que no es ninguna buena cosa para su propio interés. Esa agresividad y acoso ante la más mínima disidencia puede acabar por resultar perjudicial. Muchos hay que comparten no pocas de sus pulsiones, desgarros y apreciaciones ante la realidad que vivimos y sufrimos. No pocos incluso perciben y hasta apoyan con su voto la necesidad de que estén ahí con la fuerza necesaria para impedir flojeras y obligar a decisiones quirúrgicas que es preciso tomar. Ciertas cosas, y esta es una que empieza a rascar, tiran más que para adelante, para atrás.

No estaría de más que pensaran en lo que decían los sabios griegos. O si quieren y les cae mejor y más marcial, lo que los romanos vinieron a imitar poniéndole en el carro del desfile una ‘mosca cojonera’ al general que entraba en triunfo en la ciudad imperial y que a cada paso le iba diciendo «Recuerda que eres mortal». Aunque convendrán al menos conmigo que por el momento es pronto para celebrar algo así. Para ello tendrían al menos que haber ganado y poderse proclamar como primeros en Roma o en algún lado. ¿O no?