- Dice el Ministerio de Sanidad que estás en un estado de salud lamentable y que los inmigrantes, sanos como una manzana, te están pagando la sanidad a ti. Toma nota.
Mónica García ha descubierto por fin quién está colapsando el Sistema Nacional de Salud y perjudicando a los inmigrantes que intentan acceder a él tras financiarlo durante décadas de duro trabajo: los españoles.
La ministra de Sanidad ha publicado un informe titulado Estado de salud y uso del sistema sanitario por la población migrante en España en el que se afirma que la población migrante está más sana y consume menos recursos del Sistema Nacional de Salud (SNS) que la nacional.
Ahí es nada.
Concretamente, el informe dice que:
1. Los nacidos en España presentan mayor prevalencia en dieciséis de las veintiuna patologías que más gasto y presión asistencial generan.
2. Que realizan entre un 18% y un 51% más de consultas en Atención Primaria.
3. Que consumen entre un 32% y un 69% más de medicamentos.
4. Y que presentan entre un 24% y un 38% más de enfermedades crónicas y multimorbilidad.
[Aunque luego reconoce que usan más Urgencias y que sufren más ingresos hospitalarios, lo que desmonta su principal argumento].
El Ministerio lo atribuye al «efecto del inmigrante sano» y concluye que los inmigrantes «contribuyen más de lo que cuestan».
Es decir, que, según el estudio del Gobierno, no sólo estás en un estado de salud lamentable, sino que los inmigrantes, sanos como una manzana, te están pagando la sanidad y los medicamentos a ti.
¡A ver si van a acabar deportándote!
Como supongo que habrás imaginado ya, el informe del Ministerio de Sanidad, presentado como la prueba de que la inmigración no está colapsando el Sistema Nacional de Salud, oculta datos clave.
1. La falacia central: no es que estén más sanos, es que son más jóvenes
El informe celebra la menor prevalencia de patologías crónicas y menor consumo de recursos entre los migrantes.
Sin embargo, según el INE, la edad media de la población nacida en el extranjero ronda los cuarenta y un años, frente a los cuarenta y cinco de los nacidos en España. La diferencia de casi cuatro años es crucial: la mayoría de las veintiuna patologías analizadas (diabetes, hipertensión, trastornos metabólicos, multimorbilidad) aumentan exponencialmente con la edad.
Además, una proporción muy elevada de inmigrantes han llegado a España durante los dos últimos años, lo que retrasa su «ingreso» en el Sistema Nacional de Salud. Este sesgo de selección (quien migra tarda más en empezar a hacer uso de los servicios sanitarios) es conocido, pero el informe lo menciona de pasada sin aplicar ajustes rigurosos por edad en todas las comparaciones.
2. El «efecto del inmigrante sano» se diluye y se invierte con el tiempo
Estudios internacionales muestran que esa «ventaja» inicial desaparece a partir de los cinco años de residencia. Porque, como es evidente, no hay nada en la genética de los inmigrantes que les haga inmunes a las patologías que sufren el resto de los seres humanos. Lisa y llanamente, los inmigrantes son más jóvenes y tardan más en utilizar los servicios públicos.
Pero cuando lo hacen, lo hacen en la misma o mayor medida que los españoles.
El propio informe reconoce que el acceso de los inmigrantes es «más limitado, intermitente y tardío», lo que deriva en diagnósticos más avanzados y mayor uso de urgencias (servicios más caros).
Presentar el menor consumo actual como prueba de «mejor salud» es un razonamiento circular.
3. Efecto llamada para la inmigración sanitaria
El Real Decreto de marzo de 2026, que facilita el acceso universal con una simple «declaración responsable» incluso a irregulares, ha generado un efecto llamada de inmigrantes por motivos sanitarios que llegan a España para recibir, gratis, los tratamientos que no reciben en sus países de origen. Es un efecto similar al del conocido turismo sanitario, pero entre inmigrantes.
El dato: entre 2021 y 2025 han llegado a España más de 600.000 inmigrantes mayores de cincuenta y cinco años. ¿Por qué? Reagrupación familiar, efecto llamada e inmigración sanitaria.
El Ministerio de Sanidad lo niega, pero omite que una sanidad gratuita, universal y de calidad como la española actúa como imán en un país con listas de espera crónicas.
Esa inmigración sanitaria es hoy todavía relativamente marginal. Pero cuando se convierta en habitual, el Sistema Nacional de Salud, convertido ya en un Estado del bienestar universal para cualquiera que aterrice en España, colapsará junto al resto de los servicios públicos.
4. La falacia de la «contribución neta»: la mayoría de españoles no son contribuyentes netos… y los inmigrantes aún menos
El argumento estrella del informe (que los inmigrantes «contribuyen más de lo que cuestan») es su mayor mentira.
El ciclo vital completo cuenta otra historia: reunificación familiar, mayor natalidad (el 33,3% de los nacimientos de 2024 fueron de madres nacidas en el extranjero) y envejecimiento futuro de esa misma población.
Análisis fiscales independientes estiman que el umbral aproximado para convertirse en contribuyente neto en España (es decir, el punto en el que un ciudadano aporta más en impuestos y cotizaciones que lo que recibe en servicios públicos) se sitúa en torno a los 40.000-45.000 euros anuales.
Según datos de la Agencia Tributaria y del INE, sólo una minoría reducida de los españoles, aproximadamente el 10%, supera ese nivel: la renta mediana está en torno a 24.500 euros y la media en 29.540 euros en 2024; la distribución muestra que la inmensa mayoría se concentra en tramos inferiores.
Los inmigrantes, que según un estudio reciente publicado en Nature ganan un 29% menos que los nativos, están por tanto todavía más lejos de ese umbral. Cuando se dice que muchos de ellos cotizan, se omite interesadamente que da igual que lo hagan, porque en ningún caso cubrirán jamás el coste de su residencia en España.
Afirmar por tanto que «aportan netamente» al sistema cuando incluso la mayoría de los españoles no lo hacen es una mentira rotunda. Lisa y llanamente, la inmigración sale siempre a pagar. El cacareado incremento del PIB es por tanto un trampantojo: el PIB aumenta cuando aumenta la población, pero lo que ocurre en España es que estamos repartiendo un poco más entre muchos más. Es decir, estamos empobreciendo a los españoles.
5. Equidad y sostenibilidad: lo que el Gobierno oculta
El Sistema Nacional de Salud ya soporta una presión enorme por el envejecimiento autóctono, las kilométricas listas de espera y la escasez de profesionales, que huyen de España en cuanto pueden por la alta presión fiscal y las malas condiciones laborales.
Priorizar el acceso inmediato de población recién llegada o irregular mientras los españoles esperan meses no es equidad, sino una transferencia de recursos de contribuyentes netos a usuarios que, en promedio, han contribuido menos tiempo y menos cantidad.
6. La regresión a la media
Los países occidentales están viviendo además un fenómeno cuyos motivos son objeto de un intenso debate en el sector sanitario, pero sobre todo en el político: el de la reaparición de enfermedades que creíamos controladas (o casi erradicadas) en Occidente.
En las últimas dos décadas, y especialmente tras la pandemia de Covid-19, varios países occidentales (en Europa, Estados Unidos, Canadá y partes de América Latina con sistemas sanitarios avanzados) han registrado el resurgimiento de enfermedades infecciosas que habían sido fuertemente reducidas o incluso eliminadas gracias a las vacunas, la mejora de la sanidad pública y los antibióticos.
No se trata de un retorno masivo a niveles prevacuna, pero sí de brotes preocupantes que han alertado a las autoridades sanitarias.
Es el caso del sarampión, por ejemplo. En Estados Unidos se declaró eliminado en 2000. En muchas partes de Europa estaba bajo control estricto.
Sin embargo, ha vuelto con fuerza.
En 2025 se registraron miles de casos en Europa y Estados Unidos, con brotes importantes en Texas, Nuevo México, Canadá y varios países europeos.
En España también se han investigado brotes activos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha retirado a España el estatus de país libre de sarampión y certificado el restablecimiento de su transmisión endémica. Esta medida se tomó tras detectarse 397 casos confirmados en 2025 (frente a los 227 de 2024), impulsados por casos importados y grupos de población con baja cobertura vacunal.
Es también el caso de la tosferina (pertussis o tos convulsa), otra enfermedad prevenible que había descendido drásticamente en Occidente. En 2024-2025 se ha disparado en Europa (con picos en República Checa, Polonia y España), Estados Unidos y México.
No es un hecho anecdótico: se han registrado ya decenas de miles de casos y muertes por tosferina, especialmente entre bebés no vacunados.
O la tuberculosis, que no llegó a desaparecer del todo jamás, pero que en Occidente se había convertido en una enfermedad rara y controlada en la segunda mitad del siglo XX. Pero desde los años noventa, y especialmente en las últimas décadas, ha resurgido en algunos países europeos y en Estados Unidos, con tasas más altas en grandes ciudades.
Otras enfermedades han reaparecido puntualmente en zonas y países donde se daban prácticamente por erradicadas: las paperas; la difteria (muy rara en Occidente, pero que ha reaparecido con casos aislados); la poliomielitis, prácticamente erradicada en América y Europa; o la sífilis, que había caído a mínimos históricos en los años 90-2000, pero que ha vuelto a niveles de hace décadas en Estados Unidos y Europa, impulsada por cambios en comportamientos y menor uso de protección.
Las causas de esta regresión a tiempos pasados son múltiples: la no vacunación, las disrupciones provocadas por la Covid-19, la inmigración descontrolada y sin control sanitario, la inmunidad menguante y las desigualdades sociales. Pero lo que es innegable es que añade un factor de tensión extra a unos sistemas sanitarios que ahora deben tratar con una población cada vez mayor de pacientes cuyo historial sanitario no es uniforme ni equivalente al de un ciudadano occidental.
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El informe de Sanidad no es, en fin, neutral. Es una herramienta de propaganda política que minimiza variables clave (edad, tiempo de residencia, ajuste estadístico y balance fiscal a largo plazo) para desmontar «estereotipos» mientras oculta o minimiza la presión real sobre la sanidad, la vivienda y los servicios públicos.
Pero, en cualquier caso, si la hoja de ruta está trazada y nuestra clase política ha decidido ejecutarla llueva o truene, lo mínimo es que lo hagan a portagayola y sin complejos, ahorrándonos los estudios à la CIS con los que intentan convencerte a ti, español de sangre, de que estás avejentado, carcomido y putrefacto, y de que te has convertido en una carga para los inmigrantes jóvenes y sanos que financian tus caras medicinas.