José Antonio Gómez Marín-Vozpópuli
- Sánchez utiliza a Vox para espantarle al PP el voto moderado, y Vox sirve sumiso a Sánchez con tal de destruir al PP
Menuda paliza la propinada a mi última columna. Trataba en ella, fundamentalmente, de explicar que Sánchez y Abascal comparten un mismo objetivo: destruir al PP. Y me cayeron decenas de improperios en tiempo récord. No les faltó más que mentarme la madre, pero como si lo hubieran hecho. Claro que decenas de discrepancias no quiere decir decenas de discrepantes. Muy al contrario, mi impresión –y no es preciso para ella ser gran experto en análisis textual— es que esas irritadas decenas se debían sólo a un par de manos, todo lo más a tres. Saltaba a la vista, tanto eso como su origen voxero. El neoPSOE, con la que tiene encima, no está ya ni para una réplica.
Y bien, ya que con tanto ahínco me provocan, insistiré con la única intención de mejorar mi tesis: no sólo Sánchez es un yonki del poder, también lo es Abascal. Vox tendrá, según dicen, todo un departamento de replicantes para arremeter contra la opinión libre, pero no habrá de lograr silenciarla.
Recién llegados como son, tal vez no sepan que suele resultar difícil censurar con éxito. Cuando en los 60 y 70 hacíamos Triunfo –aquel estupendo catecismo de la progresía–, Franco a lo más que llegó fue a cerrarnos varias veces el semanario buscando su asfixia y se encontró con que una legión de lectores se suscribió a ciegas para mantenerlo. ¿Qué podrían hacer ahora los anónimos desde Vox con sus soflamas?
Darle la puntilla al sanchismo
Vuelvo a lo mío: si Sánchez estuviera convencido de que la “extrema derecha” es el sumo peligro para esta república coronada, ya habría flirteado con el PP –sugiriendo abstenerse en Extremadura, no necesitaría más—para reducirla a su real insignificancia. No lo hace porque prefiere utilizar a Vox como ariete: para esa “extrema derecha” deja el trabajo sucio. Y Vox se presta a la jugada porque antepone la eventual ruina del PP a darle la puntilla al sanchismo de los Ábalos, las Leires, los Koldos o las Begoñas.
Es una obsesión, oigan, la que traen con destruir al conservatismo de Gobierno. Qué más le da a Vox –a la vista está— que Sánchez gobierne como un cristobita manejado por un golpista prófugo, auxiliado en las bandas por un etarra secuestrador o que lleve tres legislaturas sin ley de Presupuestos. ¡El objetivo es el PP en cuyo pesebre abrevó tantos años Abascal, qué coño!
Por supuesto que el que diga lo que estoy diciendo es un mercenario del PP, ni más ni menos, como Abascal lo fue antes de venirse arriba. Un improperio que no sé si le aplicarán a los personajes respetables que al inicio respaldaron su aventura (y no los nombraré por respeto) o a los no menos dignos –los Olona, los Espìnosa de los Monteros o los Sánchez del Real entre ellos—que saltaron por la borda o fueron purgados por el autócrata.
Porque ésa es otra coincidencia psíquica entre Sánchez y Abascal: su fría determinación de cargarse a cualquiera que le haga sombra sea cual fuere su condición y su mérito. ¿Por decir estas cosas me veré también señalado como mantenido por el PP? Pues puede, pero, créanme, me trae el fresco, por no usar otra expresión más áspera como se merecen los censores anónimos.
Lo que fueron las dictaduras
Sánchez utiliza a Vox para espantarle al PP el voto moderado, y Vox sirve sumiso a Sánchez con tal de destruir al PP. Eso viene a ser todo. Para Sánchez, la “extrema derecha” es buena –tal como la “extrema izquierda”: está demostrado—siempre que vaya contra el único partido que él sabe de sobra que es capaz de gobernar aquí. Y ella entra al trapo entusiasta en lugar de, como sería lógico, supeditar su ansia vengativa con objeto de librar a España de la miseria presente. Ya verán cómo en Extremadura se confirma esta tesis, aunque lo contrario no tendría por qué suponer un paso atrás ni una contradicción sino una finta de emergencia para permitir a España salir del cenagal en que la han metido.
Tiempo habría luego para que la “derechona valiente” porfiara contra la “derechita cobarde”, ¿o no? Pero tampoco eso es posible porque Abascal está encaramado en otro plano: aquel en el que, a la sombra amenazante del trumpismo, se reparten u ocupan, entre otros, los lepenistas franceses y los orbanistas húngaros. Esto es, del neofascismo galopante que compite con el fracasado “leninismno amable” en la triaca populista. Ni unos ni otros saben, por experiencia propia, ¡esas criaturas!, lo que fue y serán siempre las dictaduras. Su parva ideología se agota en el “escrache”. Que puede ser físico tanto como digital.