Gorka Maneiro-Vozpópuli
- Mantener prietas las filas socialistas tras el batacazo electoral, principal objetivo de la candidata por Andalucía
La mujer más poderosa de España, Marichús, en un alarde de altruismo y bondad política que no se recuerda desde que Pablo Iglesias se sacrificó (y se estrelló) para salvar a Madrid del fascismo y la malvada Ayuso, ha decidido, vía Pedro Sánchez, o sea, obligada por su jefe, renunciar a todos sus cargos y dedicar toda su vida política que le reste, desde ya mismo y quizás para siempre, a rescatar a los andaluces de las garras del PP y de Vox, o sea, de la extrema derecha y de la derecha extrema a las que los andaluces están votando últimamente equivocada aunque mayoritariamente. Su objetivo es estadísticamente improbable, vistas las encuestas que amenazan penúltima ruina socialista antes de la catástrofe definitiva: hacer que los andaluces recuperen su sentido común, se arrepientan de sus pecados, pidan perdón por sus errores más recientes, abran los ojos y le voten a ella para que a continuación retrotraiga Andalucía al pasado que se añora y no se olvida: el del socialismo secular, los ERE, la precariedad laboral, el paro, la corrupción y la quiebra económica y financiera. Y qué menos que darle las gracias por semejante muestra de generosidad política.
El auténtico objetivo que se pretende, pero no se confiesa, se antoja difícil pero no imposible: porque no es ganar sino mantener prietas las filas socialistas, impedir rebeliones internas y tener controlada a la afiliación más díscola, si es que existe, una vez que se produzca la derrota; o sea, aunque se pierda por goleada y el PP renueve su mayoría absoluta, que al menos Pedro Sánchez pueda mantenerse en la Moncloa, objetivo al que rinden pleitesía y por el que se confabula y se compromete todo bicho viviente que todavía mantenga el carnet del PSOE. Y para semejante objetivo se necesita a Marichús, ese dechado de virtudes: no tanto para tratar de ganar las elecciones andaluzas sino sobre todo para administrar después la nueva debacle que se cierne sobre los socialistas; esta vez en Andalucía, quién lo diría, la tierra que gobernó durante décadas con mayoría absoluta y que ahora les da reiteradamente la espalda por una confabulación fascista y de extrema derecha que fabrica y propaga bulos antisocialistas que los votantes aceptan dócilmente, como si no votaran con conocimiento de causa.
La farsa de los presupuestos
El gobierno del PP de Moreno Bonilla ha cometido, desde luego, sus errores y, tras cuatro años de mayoría absoluta, tiene sus fisuras y sus vías de agua, cuestiones que el resto de partidos deberán poner en evidencia para tratar de ser alternativa, dado que es así como funciona la democracia. Y, en el caso del PSOE, quién mejor que María Jesús Montero, ya desposeída de sus cargos y degradada a diputada rasa en el Congreso de los Diputados para ser la alternativa a quienes ahora gobiernan tras décadas de gobiernos socialistas.
Al fin y al cabo, sus méritos políticos son incuestionables para enfrentar semejante desafío: en el pasado, como consejera de Sanidad de la Junta de Andalucía con Chaves y Griñán, condenados por los ERE, y después como consejera de Hacienda con Susana Díaz, época que se caracterizó por la precariedad laboral, el desempleo, el clientelismo y la corrupción, de nada de lo cual fue ella responsable, como todo el mundo sabe, dado que se dedicó a labores más elevadas, como administrar la sanidad y recaudar impuestos que a saber dónde terminaban; después, como ministra del Gobierno de Pedro Sánchez, tiempo durante el cual primero se opuso y a continuación apoyó la concesión de los indultos y la amnistía a los próceres del procés que auspiciaron un golpe de Estado contra la Constitución Española y la convivencia entre españoles al pretender alcanzar con violencia e ilegalmente la independencia de Cataluña; además, como ministra de Hacienda aceptó como conveniente y nos vendió como necesario el cuponazo catalán, culmen de la desigualdad entre españoles, gracias al cual los catalanes aportarían al Estado menos de lo que les corresponde, a costa de los restantes ciudadanos españoles, incluidos los andaluces.
Entre unas cosas y otras hasta tuvo tiempo de mandar un mensaje de ánimo a Ábalos, hoy entre rejas: «Tienes todo mi apoyo», le dijo. Además, se ha negado a presentar ante el Congreso de los Diputados el proyecto de presupuestos durante los últimos cuatro años, a lo que la Constitución obliga, tras prometer presentarlos reiteradamente en tiempo y forma y no terminar de hacerlo nunca.
Vergüenza ajena
Por lo demás, Marichús ha sido todo un ejemplo de lo que no debería ser un representante político independientemente del partido que represente y de las ideas que defienda: matonismo, sectarismo y zafiedad política, tanto en el fondo como en las formas, alcanzando momentos que deberían desterrarse del proceder político que el buen parlamentarismo exige en una democracia que quiera considerarse avanzada. No ha sido el único gobernante que nos ha dado vergüenza ajena, desde luego, pero, como representante político, ella ha sido de los peores.
Cada partido político presenta libremente al candidato que considera, y el PSOE ha decidido presentar en Andalucía a Marichús, otrora la mujer con más poder en España que ha decidido dejarlo todo para volver a una tierra que no la olvida. Cómo olvidarla. Sus Grandes Éxitos son la banda sonora de nuestras vidas. Desgraciadamente.