Editorial-El Correo

  • El pacto entre PSE y Bildu en Vitoria que incomoda al PNV anticipa la batalla electoral en Euskadi y pone una pica en el duelo nacionalista

Los partidos vascos han decidido ya tomar posiciones para preparar la pugna que les espera en las elecciones municipales y forales de mayo del año que viene. O en cualquier adelanto de las generales, pese a la negativa de Pedro Sánchez a poner fin a una legislatura cada vez más diezmada en aliados. El apoyo de EH Bildu a los presupuestos de la alcaldesa de Vitoria, la socialista Maider Etxebarria, ha servido para anticipar la batalla que se librará en Euskadi por la hegemonia y centralidad políticas. Aunque se trata del tercer pacto consecutivo de esa naturaleza, en esta ocasión ha desatado un indisimulado malestar en el PNV, socio del PSE en el equipo que gobierna en minoría el Ayuntamiento alavés. Que los jeltzales consideren que ese acuerdo «da alas» a la coalición soberanista y que lo suscribe para «salir en la foto» es una muestra de los profundos recelos con los que ahora enfocan su relación con la izquierda abertzale.

El acuerdo que ha permitido renovar sin agobios las cuentas a Etxebarria pone una pica en el duelo nacionalista y abre las expectativas electorales frente al relato interesado de que esto es solo cosa de dos, del PNV y Bildu. De dos fuerzas que rivalizan por el liderazgo -hoy suman una abrumadora mayoría, 54 de los 75 escaños del Parlamento- en la Euskadi con menor pulsión identitaria y tendencia independentista de las últimas décadas. Por la contrastada pluralidad emanada de las urnas, Álava puede volver a decantar la balanza en el País Vasco. No hay territorio con mayor alternancia, después de una sucesión de gobiernos encabezados por PNV, PP y PSE, tanto en la Alcaldía como en la Diputación. El ascenso de Bildu, sigla más votada en Vitoria en 2023, fue frenado por el tándem entre jeltzales y socialistas para garantizarse la gobernabilidad y estabilidad en las instituciones.

Es un hecho que el final de ETA ha facilitado la convivencia y la consecución de pactos cruzados, sobre todo en la gestión de la agenda más cercana como se plasmó el año pasado en los tres territorios. A la vez, el respaldo de Bildu a Sánchez ha podido allanar la búsqueda de otros compromisos entre la izquierda abertzale y el PSE, aunque su líder, Eneko Andueza, se cuida mucho de levantar barreras a una entente mayor como la alcanzada en Navarra con los de Arnaldo Otegi. Parece lógico que hoy niegue la posibilidad de desalojar de su mano al PNV de Ajuria Enea, a la vista de las resistencias de Bildu para completar el recorrido ético que le exigen el resto de partidos.