Ignacio Camacho-ABC
- Símbolos de un tiempo inicuo: una socialista ofrece la semilibertad a un asesino y éste la rechaza para mantener su ‘prestigio’
Mira por dónde resulta que Txapote tenía principios. Principios miserables, principios abyectos, principios canallas, pero principios. Los suficientes para rechazar la semilibertad que el Gobierno vasco le ha ofrecido. El tipo se niega a pedir perdón y a firmar ese papel en que algunos de sus colegas se declaran de boquilla medianamente arrepentidos para acogerse a los beneficios; está orgulloso de su currículum, es consciente de su macabra condición de símbolo y quiere acumular legitimidad moral –lo de moral es una forma de hablar– para liderar una facción tardoetarra irredenta cuando haya cumplido su castigo, quizá sabiendo que entre cierto sector de la sociedad vasca bastante significativo aún es posible gozar de un prestigio como asesino.
Lo relevante del asunto, sin embargo, no es tanto el rechazo como la oferta. Una consejera del PSOE estaba dispuesta a sacar de la cárcel antes de tiempo al más sanguinario criminal de las últimas generaciones de ETA. Iniquidad que ya ha ocurrido de hecho con Txeroki, Antza, Carasatorre, Olarra y otros sicarios autorizados a abandonar sus celdas durante el día a la espera de la excarcelación completa. El siguiente será Bienzobas, el verdugo de Tomás y Valiente, una burla siniestra apenas dos semanas después de que la Universidad Autónoma rindiera homenaje al catedrático con los Reyes en la presidencia. Los pactos ocultos, que no secretos, con Bildu se cumplen al pie de la letra; en un par de años más o menos, la flor y nata –otro decir– de la banda estará fuera.
La etapa final del blanqueo va deprisa. Hay Presupuestos y otras leyes que negociar y Sánchez no está para remilgos con la legislatura cuesta arriba. Si hay que soltar rápido a los matarifes, se sueltan, y si hay que volver a humillar a sus víctimas, se las humilla. En la exposición del Congreso sobre la Constitución –¡¡la Constitución!!– luce una fotografía de la portada de ‘Gara’, el periódico –de nuevo un decir– dirigido por Mertxe Aizpurúa que señalaba objetivos a los terroristas y llamaba ‘ekintzas’ (acciones) a los atentados con suma delicadeza eufemística. Página pasada, los muertos al hoyo y los vivos a su vida… política. ‘Spoiler’: veremos a algunos pistoleros en las listas electorales cuando sus condenas estén concluidas.
A Txapote aún le quedan en teoría cinco años de cárcel, salvo que sus abogados encuentren un resquicio leguleyo para lograr, al amparo de la reforma legal de 2024, que le descuenten el tiempo que pasó en Francia preso. (Esa reforma se redactó ‘ad hoc’ como parte del plan en favor de los sicarios más violentos, y se aprobó por unanimidad porque PP y Vox no advirtieron la cláusula específica que llevaba dentro). Pero de momento seguirá bajo encierro, en testimonio voluntario de su terco desafío sembrado de muertos. Y acaso acierte al pensar que existen en su entorno conciudadanos lo bastante enfermos para considerar que haber matado o mandado matar a Ordóñez, Múgica, Blanco o Lacalle puede constituir un mérito.