Juan Carlos Girauta-El Debate
  • Cuando el sanchismo te quiera dar con su doble vara de medir por señalar a Puente «con los muertos recientes», a las meretrices de Ábalos y a los inútiles responsables de evitar accidentes, arrebátales la vara y dales tú. O bien déjate azotar y no faltes a la convocatoria del presidente ilegítimo para la foto del blanqueo

El descarrilamiento lo habían previsto recientemente múltiples usuarios, amén de los maquinistas. Por eso los zurdos sacaron la doble vara de medir, como obedeciendo un silbato de Óscar Puente. Aunque no precisan órdenes las bandas de la porra digital, ni los linchadores profesionales, ni los intxahurracos, para tapar al Gobierno. Con su doble vara azotan a los que se dejan, a los sufridos y acomplejados, a los pusilánimes que siempre compran el marco mental de la extrema izquierda separatista gobernante. El número de víctimas era escalofriante, Óscar Puente se reía en la rueda de prensa y decía que todo es muy «raro». Y sobre todo: la crítica política, y aun ciertas preguntas, resultaban intolerables en plena tragedia.

Tengo bastante frescos en la memoria tres días de marzo de 2004 que torcieron la historia de España. Del 11 al 13. Cuando se echó la culpa de los atentados de los trenes al PP. El PP de 2004 todavía era el PP original pero empezaba a no serlo. Su gestión de la crisis fue lamentable. Pudieron impedir y no impidieron el despiadado e injusto ataque de los socialistas, que prácticamente dieron un golpe de Estado bajo las directrices de Rubalcaba, a quien tanto respetan hoy sus golpeados. Habría bastado con invitar al candidato Zapatero, la mañana del 11, a integrar un grupo de crisis transparente. Pero una cosa es gestionar mal las crisis y otra ser responsable de los atentados, que tal era la acusación unánime de la turba que asedió las sedes populares de toda España.

La izquierda sacó a la calle a una masa llena de odio. La vi en el Paseo de Gracia el día 12. Casi en el mismo lugar, trece años más tarde, me encontraba dentro de una cápsula que protegía al Rey y a algunos más de otra muchedumbre vociferante. Del orden se encargaba la organización golpista ANC por indicación de la entonces alcaldesa Ada Colau. Nos insultaban y amenazaban, pero lo significativo es que acusaban a «España» del atentado de las Ramblas. Era agosto de 2017. El atropello masivo de los descerebrados yihadistas también les perecía «raro»: estaban integrados, hablaban catalán. Como es sabido, si hablas catalán no puedes ser terrorista. Y te deben dinero.

Aunque lo raro de verdad te lo cuento ahora: uno de los separatistas catalanes que, increíblemente, seguían perteneciendo a la comisión de secretos oficiales del Congreso tras el golpe de Estado, asaeteó al director del CNI (organismo al que siguen acusando de estar detrás de los atentados) con insidiosas preguntas tan llenas de datos reservados que todos comprendimos su procedencia: la Inteligencia rusa. Mira, cuando el sanchismo te quiera dar con su doble vara de medir por señalar a Puente «con los muertos recientes», a las meretrices de Ábalos, al trinque del ministerio y a los inútiles responsables de evitar accidentes, arrebátales la vara y dales tú. O bien déjate azotar y no faltes a la convocatoria del presidente ilegítimo para la foto del blanqueo.