- Porque lo suyo, en realidad, pertenece al género del terror. Los narcos que ellos consienten matan a dos guardias civiles más. Mueren pues en acto de servicio. Pero ella escoge una categoría de la Seguridad Social: accidente laboral. Ahí comprendes cuán malvada es la payasa acróbata
La candidata socialista a la presidencia de la Junta de Andalucía se consideraba la mujer más poderosa de España del último medio siglo. Si quiere creerlo, no le quitemos la ilusión. Su vida es un viaje en la montaña rusa. Todo empieza con el mandato en la consejería clave del «sistema de ayudas» de los ERE, coincidiendo con el fragor de la onerosa rebatiña. Peligroso viaje donde cada vez está a punto de caer, pero nuca cae. Lo último atañe a la movida de su número tres en Hacienda, un señor que perdona dieciséis millones en impuestos si le pagas uno y pico a él. Otro sistema de ayudas rozando a Montero. En este caso, de la modalidad autoayuda, donde el auto remite al número tres, y también al cochazo que se gastaba. Aunque este no es el verbo adecuado.
La montaña rusa de Montero es larga y da unas sacudidas tremendas. Así como otros socialistas, andaluces o no, se precipitan de vez en cuando con su chiringo boca abajo, ella tiene un don especial para agarrarse a lo que sea. Cuando parece que va a salir despedida, aguanta. Esa resistencia se ha convertido en un espectáculo. Nos deja boquiabiertos. Entonces la acróbata, como burlándose, nos saca la lengua de una forma rara, de lado. Y de ahí extraen los conspiranoicos una nueva magufada: que si es una reptiliana, que si tiene la sangre fría, que si forma parte de una red, y tal. Eso no nos ayuda a entender al personaje. La dicción y prosodia de ella, tampoco. Fíjense, a veces parece Ozores y a veces Cantinflas. Lo suyo es tan extremo que me inclino por no considerarlo natural. Algo semejante ha exigido diseño y entrenamiento. Pero, ¿quién trabajaría en no ser entendido? Es que no es eso, eso es lo de Yolanda. Con Montero pasa otra cosa: sí se la entiende porque formula naderías, repite módulos verbales memorizados, lo habitual en los políticos de lengua de madera. Lo que la acerca a Ozores es la celeridad, y a Cantinflas el patinaje conceptual.
Solo un humorista se tomaría la molestia de desarrollar tan insólita técnica. Si siendo político no quieres comunicar nada, tienes mil maneras de hacerlo. Cuando no deseas responder, diez mil formas de salirte con la tuya pareciendo que respondes. Del mismo modo, solo un humorista reforzaría un discurso ajeno sacando la lengua de lado, que es un modo completamente inesperado de atraer la atención sobre ti, robándosela al interviniente. También Marlasca sacó la lengua en el Congreso, pero si buscas el vídeo verás una cosa procaz, bastante asquerosita. Lo de Montero es infantil, para que los niños se rían convencidos de la clave cómica. La falsa clave cómica, puntualizo. Porque lo suyo, en realidad, pertenece al género del terror. Los narcos que ellos consienten matan a dos guardias civiles más. Mueren pues en acto de servicio. Pero ella escoge una categoría de la Seguridad Social: accidente laboral. Ahí comprendes cuán malvada es la payasa acróbata.