Ramón Pérez-Maura-El Debate
  • Además de por un compañero del Consejo de Ministros, Robles se ha visto desmentida por un representante del Gobierno. Un representante de ella misma. No está mal

Corren las horas desde que el ministro del Interior acusó a la ministra de Defensa de mentir y aquí no parece que pase nada por algo tan grave que afecta a una crisis sobre la soberanía nacional. No a si se tomó unos pinchos con un amigo en una taberna de Chamberí.

Si es muy grave que dos ministros del máximo rango del Gobierno se enfrenten en un asunto así, peor todavía es que después saliera el delegado del Gobierno en Ceuta a desmentir a la titular de Defensa y ratificar al de Interior. Es decir, además de por un compañero del Consejo de Ministros, Robles se ha visto desmentida por un representante del Gobierno. Un representante de ella misma. No está mal.

Y la cosa va más allá, porque prácticamente todos los miembros del gobierno y de su entorno que han tomado la palabra en este asunto se han alineado con Grande-Marlaska. Con la categoría humana de este gabinete, entre quienes están dentro sólo puede haber serviles al amo. Por eso uno se imagina que Pedro Sánchez se ubica junto a la mayoría, la totalidad de los que han hablado, de su gobierno. Porque no olvidemos las grabaciones de conversaciones entre Sánchez y ese prohombre suyo, el hoy encarcelado José Luis Ábalos, en la que Sánchez se refirió a Robles como «esa pájara que duerme con uniforme». Claro, cuando la prostitución ha sido tu principal ingreso en el sector privado, nada te puede parecer peor que dormir con el uniforme puesto. Así no hacemos negocio.

Yo conozco poco a Margarita Robles. Pero mínimamente sí. Por una amiga común que había superado un cáncer de pecho, mi mujer y ella compartieron hará veinte años diez horas de mesa petitoria a la puerta del hotel Wellington de Madrid. Y eso da para hablar mucho. Y tanto ella como yo tenemos una estrecha amistad con un capellán castrense. Margarita Robles es católica practicante de un sector progre dentro de la Iglesia. Y eso debe de ser causa de preocupación para ella. A mí los progres dentro de la Iglesia Católica me gustan poco. Y sospecho que a Sánchez y sus adláteres los únicos progres que no les gustan son los católicos practicantes. Así que me da la sensación de que Robles se ha quedado, casi, casi, colgada de la brocha.

El Rey entregó el 11 de octubre de 2024 el VI Premio de Historia Órdenes Españolas a la historiadora estadounidense Carla Rahn Phillips en un acto solemne que se celebró en el Palacio Real de El Pardo en Madrid. Margarita Robles fue ministra de jornada junto al Rey ese día. A la salida coincidimos esperando nuestros coches y ella me dijo que qué divertidos son mis artículos. A mí me han dicho muchas cosas sobre mis columnas, especialmente en los comentarios que se publican en El Debate. Pero jamás nadie, ni antes ni después, me ha dicho que son divertidos. Creo que Napoleonchu sabe por qué le parecen tan divertidos a la ministra de Defensa.

Ministra, cuando Sánchez te llamó «pájara» hiciste, muy emocionada, unas declaraciones proclamando tu lealtad a él. Tú sabrás. Ahora resulta relevante que todo el Consejo de Ministros se está alineando contra ti y eso sólo puede ser porque él ha bajado el dedo frente a ti. Y no te quepa duda. Yo creo que quien miente, una vez más, es Grande-Marlaska.

En este gobierno sólo quedan cuatro miembros de los que llegaron al poder en 2018. El presidente y los titulares de Interior, Defensa y Agricultura. Y desconozco qué relación hay con el hecho de que, a esos cuatro supervivientes, y sólo a ellos, es a los que Marruecos les pinchó el teléfono con el Pegasus. Me reconocerán que es mucha casualidad. Me dice quien lo ha hablado con ella que Robles está muy tranquila por ese pinchazo en lo que a ella se refiere. Que no había secretos personales en su dispositivo. Pero esa conjunción de teléfonos pinchados y ministros supervivientes requiere alguna explicación que no parece que este gobierno sepa dar.

Ministra, por tu honor, dimite. Cuanto más tardes, peor.