José Alejandro Vara-Vospópuli
- Defensa e Interior se enzarzan en un estéril combate sobre la responsabilidad en la inoperante defensa de las fronteras
‘Pájara’ la llamó Sánchez a Margarita en uno de sus guasap con Ábalos, cuando ambos eran compañeros de correrías y residentes en Madrid. ‘La reina de los corazones malvados’, le dicen ahora a la ministra en los cuartos de banderas, en alusión a la histriónica majestad del cuento de Alicia que se la pasaba rebanando gaznates. “Que le corten la cabeza”. La última víctima de Margarita Robles ha sido la responsable de alertas del Departamento de Seguridad Nacional (DSG), cuyo nombre no ha trascendido.
La pobre funcionaria cumplía con su deber. El pasado viernes, el día siguiente de la invasión de Ceuta, se permitió colgar en la web del DSG los datos sobre la avalancha que manejaba el Ministerio de Interior. Unas cifras que oficialmente no se habían hecho públicas hasta que las difundió la ahora fulminada cuyo cometido no era otro que tener al día esa página sobre las cuestiones de seguridad nacional.
Los secretos de Interior
La general de brigada Loreto Gutiérrez, directora de este departamento desde 2023, la telefoneó a su lugar de vacaciones y la cesó sin mayores miramientos. Órdenes de Moncloa. Hala nena, vente al despacho y recoge tus cositas. La DSG está incrustada en el Ministerio de Presidencia, que dirige Bolaños, pero los hilos se manejan desde Defensa. Margarita Robles ordenó la ejecución, a instancias de Marlaska que se subía por las paredes al enterarse de que desde un departamento oficial se había difundido la cifra de los 49.000 muchachos de la ‘excursión juvenil’ (un Vallespín así tituló en El País) que habían entrado en Ceuta. Luego resultaron ser 72.000, según confesión del propio Marlaska. Interior es la cueva del oscurantismo, la cripta de los secretos, la caja negra de gran parte de los episodios más tenebrosos, tóxicos e ilegales ocurridos en estos ocho años de sanchismo, desde Pegasus hasta la destitución de Pérez de los Cobos.
Pese a que Robles y Marlaska se detestan, dos jueces en el mismo corral, coinciden en una abominable falta de escrúpulos que les lleva a dictar órdenes y a imponer decisiones sin demasiados remilgos y sin calibrar mayores consecuencias que el beneficio a su señorito. Robles es decididamente perversa y Marlaska, tremendo cobardón. Robles forma parte de la mesa camilla íntima del sanchismo, incondicional de la primera hora y Marlaska es un advenedizo que mutó del PP a la otra acera en busca de una fácil escalada.
La ridícula defensa del CNI
Ahora andan de nuevo a la greña, una disputa navajera en el seno del Gabinete sin ápice de dignidad. En una competición de vilezas ganaría la ministra, dotada de una desconsiderada maldad y una astucia venenosa. En este lío de Ceuta, de momento es Marlaska quien tiene la lengua más larga. Niega que el CNI advirtiera del descomunal asalto. «No hubo ningún informe» ni “ningún aviso”, subrayó tras la reunión telemática de los ministros de Interior europeos, enrabietados por el desastre fronterizo español y por la chulanganería de Sánchez, que se largó de vacaciones a La Mareta cuando decenas de cadáveres flotaban aún en las aguas ceutíes. Para más guasa, colgó su lista de canciones en TikTok. No esperan Mozart ni Bach.
Robles, a la desesperada, había deslizado una defensa del CNI tan confusa y vaporosa que se perdió en el laberinto de la trola. Tres veces le preguntaron sobre el particular y tres veces negó. “No me van a pillar en esa”. Tan pusilánime resultó el apoyo al trabajo de sus filas que en la Casa se escucharon chistes y cuchufletas sobre la ridícula intervención de la dama de los cuarteles. Ya hubo de tragarse el sapo de los independentistas, ordenado por el número ONE, cuando tuvo que fumigarse a la anterior directora del CNI, Paz Esteban, apenas días después de haberla defendido cabal y ardorosamente en sede parlamentaria frente a los bárbaros golpistas. “No es una destitución es una sustitución”, explicó. “Sentí una especie de tristeza, asco y malestar”, confesó entonces un funcionario del servicio de ¿inteligencia? ante semejante bajeza.
Mohamed lo disfruta
Todo un Bernabéu invadió en un plisplás la indefensa y diminuta Ceuta y la respuesta oficial ha sido la cara de pasmado de Marlaska tras el diálogo con sus homólogos europeos y la torpe palabrería exculpatoria de la susodicha, de una desfachatez irrespirable. Y, naturalmente, el cese de una funcionaria anónima que tuvo la ocurrencia de cumplir con su deber. Al parecer, ella es la única responsable de que Marruecos se burlara aviesamente de España y sus fronteras. El sanchismo es lo de Séneca, “cuando lo haya destruido todo a eso lo llamará la paz”. Y Mohamed, aplaudiendo desde su palacio el hermoso espectáculo de contemplar a su vecino en descomposición.