José Alejandro Vara-Vozpópuli
Sánchez huye de la guerra, de los reproches de sus socios a la inversión en Defensa y convierte el debate sobre Putin en un ataque desquiciado contra Feijóo
«Saldremos más fuertes». Así arrancó Sánchez su homilía de paz. Sólo faltaba don Simón en la tribuna para redondear el esperpento. Traer la pandemia de los 130.000 muertos a la primera jornada bélica del Parlamento, más que oportuno, resultó una provocación. «Nos toma por idiotas», resumió Feijóo. Tenía pánico el presidente a que el olor a napalm invadiera el Hemicliclo, a que los misiles de la oposición destrozaran su bancada, a que las ráfagas de sus socios reventaran sus posiciones. En suma, a que su hipócrita actitud ante el rearme europeo saltara por los aires. Y saltó, aunque con silenciador. Los Frankenstein siempre son suavitos cuando le llevan la contraria al Gobierno. Ese olor a napalm de mañanita que tanto agradaba al teniente coronel William «Bill» Kilgore. Gloria a Coppola.
La pretendida sesión solemne sobre los planes europeos ante el cambio geoestratégico mundial tuvo tanta envergadura ideológica y tanta altura dialéctica como una disputa de trasnoche entre un grupo de dipsómanos en el casino del pueblo. La forma en la que Rufián se acoda en el atril, con la otra mano en el bolsillo, esperando quizás otra ronda, es la palmaria representación de la tontada. O los rebuznos de Patxi López que tanto agradan a su bancada. Lejos de resultar ‘épica y pedagógica’, como anunciaban sus trompeteros, la verborrea buenista del presidente discurrió por las lindes de la mera chapucilla mortalmente herida por todo tipo de lugares comunes. Una engañifa desgalichada que Sánchez se quitó de encima con ese desdén jactancioso que tanto frecuenta cuando le obligan a comparecer ante la Cámara. Tan incómodo estaba el jefe de Gobierno que se refugió, histriónico y embarullado, en el ataque a Feijóo como bálsamo a los ‘noes’ que acababa de recibir de la ultraizquierda, de la carcundia xenófoba y los colegas del pistolón.
No aclarar las dos únicas cuestiones que ahora mismo interesan y que le tienen cercado: Cómo cumplirá con su inevitable compromiso de aumentar la inversión en Defensa y de dónde sacará los fondos para lograrlo. Sin presupuestos, sin la manga ancha de Bruselas
Su pregón escapista apenas superó los tres cuartos de hora de amorfo contenido en el que no despejó duda alguna sobre la acción de su Gobierno en esta nueva era, tan tenebrosa como la mirada de Mertxe Aizpurúa. Un derroche de greenwashing embadurnado en ese desodorante de moralina ecoprogre, desechado ya por los gobiernos de casi toda Europa. Un sobrecito de edulcorante cursi con frases de Paolo Coelho. Un blablaba ñoño y blandurro para no aclarar las dos únicas cuestiones que ahora mismo interesan y que le tienen cercado: Cómo cumplirá con su inevitable compromiso de aumentar la inversión en Defensa y de dónde sacará los fondos para lograrlo. Sin presupuestos, sin la manga ancha de Bruselas. No se trataba hoy de molestar a esos golpistas que le avalan, a esos Otegi y Puigdemont que se fotografiaron la víspera en Waterloo para recordar quienes mandan por aquí.
El presidente de la nada
El eufemismo del orador fue mucho más allá de la categoría del chiste. “Amenaza híbrida” por no hablar de escalada bélica. Los problemas en Europa giran en torno a la emergencia climática, el crimen organizado, la seguridad de fronteras, el terrorismo yihadista, la violencia de género, la ultraderecha…”Salto tecnológico” e “innovación de doble uso”, para no mencionar la compra de esas herramientas que matan y que algunos llaman armas. Nadie esperaba anuncios concretos o decisiones firmes. Nadie esperaba sorpresas o concreciones. “No ha contado nada que no supiéramos”, le recibió Feijóo. “No tiene plan de defensa, ni gobierno que lo respalde, ni Parlamento que lo apoye, no tiene nada de nada. Es usted un frívolo y nos toma a los españoles por idiotas”. El líder de la oposición, en esta línea ocurrente y drástica que ahora exhibe, dejó algunas perlitas en la anodina reunión. “¿Va a meter como gastos de defensa las defensas de Ábalos y de su hermano? ¿Va a tener más información sobre España el presidente chino que el Congreso? Usted es el presidente de la nada en una legislatura vacía. No estoy a sus órdenes”. Y concluyó, lo que ya es mayoría asumida en todo trabajo demoscópico que se precie: no hay más salida que aprobar los presupuestos o someterse a las urnas”.
Fue el único momento de razonable firmeza de la mañana. Casi como lo que le espetó Amery, el diputado conservador, a Greenwood, laborista, en la sesión del Parlamento británico en la tarde en la que Alemania invadió Polonia. “¡Deje de hablar como socialista y hable de una vez en nombre de Inglaterra!”. Todos los dirigentes europeos han detallado sus próximos pasos para enfrentarse al monstruo de Moscú. Y lo han hecho varias veces. Esta es la primera vez que el jefe del Ejecutivo español tenía a bien abordar públicamente, y en sede parlamentaria, el asunto que va a cambiar la dirección del mundo en los próximos meses y años. Como era esperable, se burló de todos los presentes y, por extensión, de aquellos a quienes representan.
En la sesión de la guerra, apenas Ione Belarra se arriesgó a propinarle un bofetón al repetir lo de ‘señor de la guerra’ que tanto le incomoda. La irascible podemita acarició luego a Putin y entonó su cántico a la diplomacia para acordar con el criminal ruso. El resto de los portavoces de ese ‘espacio’ (así le dicen) ultra, no pasó de sus reproches a la compra de armas y la OTAN
Alertaba Camus que todas las desgracias de los hombres provienen de no hablar claro. En política no es así. Al menos, a Sánchez no le va mal incurriendo en la mentira, la trola, el eufemismo ramplón y la bellaquería. En la sesión de la guerra, apenas Ione Belarra se arriesgó a propinarle un bofetón al repetir lo de ‘señor de la guerra’ que tanto le incomoda. La irascible podemita acarició luego a Putin y entonó, como siempre, su cántico a la diplomacia para acordar con el criminal ruso. Su interlocutor le tenía ganas. Se enceló con la portavoz morada. «Usted estaba en el Gobierno cuando reforzábamos nuestra Defensa y no decíia nada. Nunca se lo diré pero podria pensarse que callaba porque quería seguir siendo minsitra». El resto de los portavoces de ese ámbito ultra no pasó de sus reproches a la OTAN, a Trump y a remachar en que no secundarán más gasto en compra de armamento. Abascal optó por repartir sus mandobles a diestro y siniestro con lo que su discurso insiste en lo ya sabido por los suyos y, posiblemente, disuade a quienes tuvieran tentaciones futuras. Su momento cumbre fue la despedida. El narciso le acusó a Vox de ser el partido de «todo por la pasta». Respondió: «Devuelva el dinero que ha robado su esposa, su hermano y el que ha gastado su partido en coca y en putas».
Los chistes bobos sobre Aznar
En su réplica, y dado que no tiene previsto pasar por el Congreso la fórmula de dotación de fondos para la compra de material bélico, huyó de nuevo de la guerra y recobró su perfil de las sesiones de control, con su tradicional ristra de ataques al PP, como que no es un partido de Estado, un partido aislado que «volverá a pedir elecciones anticipadas en 2027 porque volverán a perder». Irritado y nervioso, algo enfurecido, ahí evidenció que sangraba por la herida de los últimos reveses que ha sufrido el Ejecutivo socialista en el Congreso, donde ya no puede presentar ni una ley porque se la tumban y ha de recurrir al decreto ley con insistencia inaudita. Ahí se mostró el auténtico Sánchez. Degradó el debate, chapoteó en la inmundicia, se regodeó en los chistes bobos sobre Aznar, el ‘pacto del Ventorro’ y demás bromitas de monologuista romo. Se olvidó de su función y de la altura que reclamaba el momento. Pero se equivocó en el airado, inconexo y estrafalario ataque contra Feijóo: evidenció que las críticas que le llegan del PP le hacen daño, las apunta, le dejan huella y, posiblemente, más de una herida.
No le agrada a Sánchez el olor a napalm en las mañanas del Congreso. Recibió una desagradable rociada desde sus bancadas amigas. Intentó resarcirse con chascarrillos ridículos contra la oposición. Lejos de un presidente en el momento más inquietante de la reciente historia, se comportó como un saltimbanqui faltón, un matoncillo ridículo y desencajado que no acierta a acomodarse a la nueva situación, tan adversa, que requiere fortalez, principios y decisiones duras. Ni unidad de Gobierno, ni mayoria parlamentaria, humillado por sus socios periféricos y convertido ya en eslabón más débil de la nueva etapa en Europa. Él se va a China, con Zapaero. Los business. El busto del emperador del progreso ha empezado a resquebrajarse. No es Sánchez el político que reclama este momento. Los españoles lo saben.