Juan Carlos Viloria-El Correo
- Mayor Oreja ha tardado veinticinco años en desclasificar sus propios papeles
Los ministros del Interior no son nada proclives a poner por escrito sus vivencias y secretos en formato memorial cuando abandonan el cargo. El único que escribió algo parecido a un ensayo testimonial fue José Luis Corcuera. Así que son bastante insólitas las memorias que Jaime Mayor Oreja acaba de publicar bajo el título de: ‘Una verdad incómoda. Testimonio de una época: contra el silencio y la mentira’. Son unas memorias de plomo, como la época en la que le tocó estar en el punto de mira de ETA, ser la bestia negra de los nacionalistas, enterrar a Miguel Ángel Blanco y a Gregorio Ordóñez, sacar del zulo a Ortega Lara, sostener a la derecha española en el País Vasco, enfrentarse al Pacto de Estella y gestionar la famosa tregua trampa. Mayor Oreja ha tardado veinticinco años en desclasificar sus propios papeles. Los entresijos de las conversaciones de Ibeas de Juarros (Burgos) y Zurich con Herri Batasuna y ETA en el curso de la mayor operación para desactivar la lucha antiterrorista y avanzar a la autodeterminación.
El libro está lleno de sangre, dolor y dignidad. Salpicado de anécdotas trágicas de las víctimas, conversaciones clandestinas, atentados fallidos, decisiones acertadas y reconocimiento de errores de cálculo. Y nombres. Muchos nombres propios. Amigos y adversarios. Porque Jaime Mayor Oreja le concede un valor supremo a la amistad, a la confianza y a la conversación. Guante de seda, mano de hierro, le decíamos en la época en que se resistía acercar presos de ETA contra todos, incluidos sus propios. Las memorias no van a gustar al nacionalismo, ni al socialismo aunque estos últimos no deberían. Porque si buscas en el índice onomástico las siglas GAL el resultado será, agua. Esa época socialista está en blanco. Sigue sin desclasificar porque Oreja permanece leal a su criterio (proteger la seguridad del Estado y la continuidad institucional) desde que llegó al ministerio de la mano de Aznar. Es paradójico que el año en que se desclasifican los papeles del 23-F, sigan en la oscuridad los del GAL durante los gobiernos socialistas.
Pero más allá de esa etapa negra, si alguien quiere conocer un testimonio de primera mano, verídico, no un relato politizado y tuneado de la realidad vasca de aquellos años de muerte, infamia, árboles y nueces; miedo en un lado, indiferencia en otro, tiene que sumergirse en unas memorias que tratan de levantar, aunque solo consiga a medias, el silencio y la mentira. Como político a contracorriente, pero certero en sus análisis, ahora augura que cuando se vaya Sánchez, ETA volverá a expresarse a través de un frente popular vasco, navarro y catalán que colisionará con el Gobierno de España. Alma mater de la fundación Neos, si alguien consigue acercar a Abascal con Feijóo, ese será Mayor Oreja.