Bieito Rubido-El Debate
  • ¿Quién es el culpable de lo que aconteció? Habrá que esperar tiempo para depurar los hechos y llegar a alguna conclusión. Una cosa es la culpa y otra la responsabilidad

La tragedia se cierne de nuevo sobre España. Llevamos unos años que no ganamos para disgustos. Este domingo, pasadas las siete y media de la tarde, dos trenes, un Iryo y un Alvia, chocaron a la altura de la localidad cordobesa de Adamuz. A la hora en que escribo este comentario se cuentan ya 21 muertos y numerosos heridos graves. Y por desgracia, el balance puede ser todavía más dramático.

Un accidente le puede ocurrir a cualquiera. En muchas ocasiones las desgracias, ya sean como ésta o como las provocadas por siniestros causados por la naturaleza, tienen un alto componente de azar. Si los gobernantes tuviesen lo que hay que tener, sentido de la responsabilidad y del servicio público, deberían gestionar sus competencias y poderes con más humildad. Nunca sabes qué noche, qué tarde, que día puede ocurrir una tragedia como la que nos ocupa.

¿Quién es el culpable de lo que aconteció? Habrá que esperar tiempo para depurar los hechos y llegar a alguna conclusión. Una cosa es la culpa y otra la responsabilidad. En esta ocasión el Gobierno central no puede tratar de escurrir el bulto. La gestión del sistema ferroviario español es competencia única y exclusiva de él. Adif, gestora de las infraestructuras ferroviarias, es parte del Ministerio de Transportes. Se da la circunstancia que el titular de esa cartera se llama Óscar Puente, el ministro más bronco de los últimos diez años. Un demagogo de manual que solo la sordidez que hoy vive la política española explica y justifica su presencia en un gobierno.

Óscar Puente se pasa el día insultando a propios y a extraños. Sus deslices y excrecencias verbales alcanzan desde a su compañero Madina hasta cualquier periodista que ose señalar una evidencia como que no poseíamos una situación ferroviaria para acoger tantas compañías privadas y frecuencias como las que ahora mismo se dan. Puente, sin embargo, ha preferido la agitación política a la gestión.

Aprovecharse de las desgracias y del dolor de las víctimas, algo frecuente en el PSOE desde el 11 de marzo de 2004, no ayuda a solucionar nada. Ahora bien, tal vez hoy, en algún momento de debilidad, en algún rayo de lucidez y compasión, Óscar Puente, antes de demostrar su gatillo fácil en las redes sociales, podría reflexionar y tratar de aprender de cómo la vida y su azaroso discurrir termina devolviendo el agua al cauce natural, que en este caso es la ponderación, la empatía y la capacidad de solucionar problemas a quien los está sufriendo.

Una vez más, el periodismo vuelve a una de sus misiones más primigenias: ordenar el caos que la actualidad presenta de manera súbita. La actualidad es caótica. Nunca sabemos cuándo dos trenes van a colisionar. No está en las previsiones informativas ni en ninguna agenda. Ocurre. A nosotros nos corresponde ordenar los datos y facilitarlos a las audiencias. También nos corresponde la obligación moral de denunciar lo que era un clamor: los trenes en España de unos años a esta parte se habían convertido en una oferta desordenada, impuntual, liosa, sucia… y ahora mortal.