Editorial-El Correo

  • El crecimiento del empleo en Euskadi y el conjunto de España no debe solapar el avance de la exclusión infantil en la cuarta economía de la UE

La Seguridad Social brindó ayer de forma simbólica por la buena marcha del empleo en vísperas de la Semana Santa, cuando la afiliación avanza con brío por el mayor dinamismo de la hostelería. El impulso anotado en marzo ha permitido a Euskadi superar los 1.022.439 cotizantes, a solo 2.000 de su récord alcanzado en Navidad. En el conjunto de España, el mercado laboral repunta con 161.500 nuevos puestos, lo que eleva el número total de trabajadores a 21.357.646, muy cerca de su mejor marca de la serie. La cuesta de enero se ha superado sin aparentes fatigas, pero no todo son buenas noticias en este arranque de 2025.

Pese al crecimiento del empleo en Euskadi en actividades como la hostelería, la construcción, la educación y las profesiones científicas, la empresa manufacturera, corazón de nuestra economía, no late con la misma fuerza. Sigue en un preocupante estancamiento, siendo el sector más importante con 175.000 puestos. Y las nuevas señales que emite no invitan al optimismo tras el despido anunciado por Bridgestone de casi la mitad de su plantilla de la fábrica de neumáticos de Basauri. La industria, agobiada por las presiones del exterior, es el talón de Aquiles del trabajo. El paro en los jóvenes vascos refleja otra alerta del mercado, con una tasa muy por encima de la media europea y una temporalidad superior a la del resto del país. Esta realidad que frena la emancipación es una verdadera amenaza para el talento.

La cruz en España está en la leve caída de los desempleados -13.311, menos de la mitad que hace un año-, y en la inestabilidad laboral. Los contratos fijos discontinuos son los más numerosos entre los nuevos indefinidos de marzo. Además, el paro de los menores de 25 años asciende en 2.638 personas (1,35%).

Con todo, el dato más preocupante conocido ayer es el intolerable avance de la pobreza infantil, una auténtica anomalía en un país considerado la cuarta economía de la Unión Europea. Más de 2,7 millones de niñas, niños y adolescentes viven en riesgo de exclusión social en España, a la cabeza de la UE en este ranking de la indignidad, según la Plataforma de Infancia. La desigualdad no la marca solo el empleo, sino vivir desde la infancia en una clara posición de desventaja económica. Acabar con esa brecha se logra con trabajo, por supuesto, pero también con mejoras en la educación. Porque está demostrado que los chavales criados en familias con bajo nivel educativo son más propensos a caer en la pobreza de adultos.