Alberto López Basaguren-El Correo

  • ETA trataba de imponer su voluntad por la fuerza pisoteando los derechos humanos más elementales

El asesinato de Francisco Tomás y Valiente tuvo un primer significado, común a todos los actos de barbarie cometidos por ETA: tratar de imponer su voluntad por la fuerza pisoteando los derechos humanos más elementales. La extraordinaria relevancia del asesinado le otorgó, además, un significado suplementario.

Francisco Tomás, con una trayectoria universitaria muy destacada, era uno de los referentes intelectuales de quienes, en el mundo del Derecho, se oponían al franquismo y abogaban por un sistema democrático. Nombrado magistrado del Tribunal Constitucional en su momento inaugural, algunas circunstancias –prolongación extraordinaria de su mandato durante doce años; presidencia durante los últimos seis– le llevaron a desempeñar un papel clave en aquel primer periodo de actividad del TC, determinante en el asentamiento de la nueva Constitución: frente al Tribunal Supremo, impuso la aplicabilidad directa e inmediata de los derechos fundamentales; y, casi sin mimbres constitucionales, estableció los fundamentos que facilitaron el desarrollo autonómico, sin temer contrariar la voluntad de los dos partidos mayoritarios, como, por ejemplo, cuando declaró inconstitucional la LOAPA.

La visión de Francisco Tomás sobre las autonomías era de largo alcance, como puso de relieve el voto particular en el que, junto a otros magistrados, sostuvo la legitimidad del País Vasco para impugnar la primera ley antiterrorista; interpretación que logró establecer siendo ya presidente y que perdura en la actualidad.

El asesinato de Francisco Tomás fue expresión de lo más miserable de la sociedad vasca; miseria moral redoblada hasta el extremo por quienes ostentosamente aplaudieron su asesinato.

En la sociedad vasca, sin embargo, había cada vez más gentes que manifestaban públicamente su repulsa a ETA. La destacada condición universitaria de Francisco Tomás, ejemplificada en el asesinato en su propio despacho docente, al que retornó tras concluir su labor en el TC, provocó que la Universidad del País Vasco se sintiera directamente apelada y compelida a dar una respuesta pública al asesinato. A impulso del rector Salaburu, la UPV/EHU organizó un acto público en el Campus de Leioa de repulsa por el asesinato y de desagravio de la figura de Francisco Tomás. Un acto multitudinario en lo cuantitativo que, en lo cualitativo, invistió a la universidad de un sentido de la dignidad de la que estaba necesitada ante la comunidad universitaria española y ante la sociedad.

El acto tuvo como preludio la concentración tradicional de Gesto en el Campus en repulsa por los secuestros de José María Aldaya y José Antonio Ortega Lara, que seguían privados de libertad. Ambos actos trataron de ser reventados por epígonos de ETA. Pero, ante una Aula Magna repleta, en presencia de amigos y compañeros de Francisco Tomás, el rector Salaburu manifestó el hartazgo de parte importante de la sociedad vasca ante la barbarie de ETA, afirmando que no íbamos a permitir que los asesinos triunfaran ni tampoco «quienes en cada elección avalan con su voto el asesinato».

Transcurridos treinta años desde el asesinato de Tomás y Valiente, cuando quienes tratan de que triunfe el olvido parecen triunfar, no estoy seguro de que mi universidad tendría hoy el mismo sentido de la dignidad que fue capaz de tener en aquel momento.