Tonia Etxarri-El Correo
Lo volvió a hacer. Con las elecciones andaluzas en el horizonte, el presidente del Gobierno recurrió a la ‘exhumación’ del Aznar de hace 23 años para utilizarlo como arma arrojadiza contra el PP actual. Volvió a elegir la guerra de Irak de 2003 para hablar de la guerra en Irán de 2026. Sin apenas concretar cuál va a ser nuestra posición en el conflicto bélico ¿Algún cambio sobre el uso de las bases? ¿Cuál es nuestra posición diplomática?¿Qué se decidió en la sesión del Consejo Europeo? No lo contó en más de dos horas de discurso. Pero Aznar fue muy malo con una guerra ilegal (que la ONU no condenó), se fumó un puro con Bush y osó poner los pies sobre la mesa. Ese afán por tirar de la moviola para buscar rédito político. Una maniobra de baja estofa para compensar la nostalgia de movilizaciones de otro tiempo.
Las urnas andaluzas dirán si la utilización de la pancarta beneficia al PSOE o deja indiferentes a sus electores. El caso es que no estuvieron muy acertados quienes prepararon el discurso a un presidente que, con poca convicción, volvió a utilizar la vuelta al pasado como única tabla de salvación a la que aferrarse con un presente tan adverso.
La sesión no pudo ser más bronca pero el líder socialista pudo darse un paseo triunfal sobre la alfombra que le extendieron sus socios de izquierdas. Tan anti OTAN y pacifistas, siempre que sea EE UU quien ataque. De los atropellos de los ayatolás a sus ciudadanos no dijeron nada cuando hubo que hacerlo. Pero ayer se pusieron estupendos. Ninguna pega en la bancada de los Bildu de Otegi, agradecidos al Gobierno por la excarcelación de presos de ETA tan sanguinarios como ‘Anboto’.
Pero con la oposición, el camino estaba plagado de clavos. Sánchez es el dirigente europeo que tiene menos información sobre la guerra, sentenció un Feijóo crecido por los resultados de las últimas elecciones autonómicas. Herido por el desprecio del presidente que intentaba ridiculizarlo, dejó suelta su irritación para llamarle «pacifista de pacotilla», «trilero» con «un tic dictatorial peligrosísimo» y «matón» por haberle emplazado reiteradamente a que aclarara su sentido del voto con el decreto de ayudas que deberá convalidarse hoy. Quizá para ponerse a su nivel. Pero no son formas.
Insultos aparte, el jefe de la oposición que está en contra de la guerra y en contra de Sánchez, tuvo fácil contraatacar al presidente tomando solo el hilo de quienes le han felicitado en los últimos conflictos bélicos. Desde Hamás, en su día, hasta los propios ayatolás estampando su imagen en los misiles. Entre los dos contendientes apareció el ‘tercer hombre’ (Abascal) cargando más sobre el PP que sobre Sánchez.
Por mucho énfasis que pusiera Patxi López en su descargo pro Sánchez, diciendo que la oposición «cacarea»., el enfoque de ese debate solo convenció a los convencidos, ahora que la foto de las Azores ya ha amarilleado en el archivo. Sostenía el primer ministro británico Winston Churchill que «en la guerra nos pueden matar una vez; en política, muchas veces». Lo de ayer fue un cruce de artillería. Con dardos de alcance directo y misiles de crucero sostenidos sobre el hemiciclo. Es el choque que necesita Pedro Sánchez para seguir sobreviviendo a su debilidad parlamentaria.