Editorial-El Correo
- La inquietud de Trump por la seguridad de la isla danesa se reduce a una exigencia caprichosa si no la plantea en el seno de la OTAN
La obstinación del Donald Trump en reclamar el control de Groenlandia por creerlo imprescindible para la seguridad nacional de Estados Unidos ha desencadenado un terremoto político. Primero, en el territorio directamente concernido, perteneciente a Dinamarca; también en el propio reino danés y en el conjunto de países de la Unión Europea, en su mayoría miembros a la vez de la OTAN. La declarada preocupación del republicano por una supuesta y masiva presencia de buques rusos y chinos en torno a la estratégica isla, que nadie más percibe, y el hecho de que renuncie a compartir de manera formal su inquietud con el resto de socios en el marco de la Alianza Atlántica, convierten su insistencia en una exigencia caprichosa. Pero desestabilizadora, como cada paso del presidente estadounidense.
La reunión en la Casa Blanca entre los responsables de Exteriores de Dinamarca y Groenlandia con una representación liderada por el vicepresidente J. D. Vance certificó «el acuerdo en el desacuerdo». Las propuestas de anexión del territorio helado, de su compra por 700.000 millones de dólares e incluso la no exclusión de su incorporación a EE UU por la fuerza acercan un escenario inimaginable hace solo un año. El conjunto de la Alianza comparte la necesidad de asegurar el Atlántico Norte, donde la apertura de nuevas rutas marítimas por el deshielo atrae la ambición de las más poderosas autocracias. Y es la OTAN el marco para discutir cualquier medida. Pero no desde la deshonestidad de confundir la seguridad de un territorio con su propiedad, sino desde la confianza en los aliados que permiten a Washington multiplicar su presencia en el mundo.
Varios países, encabezados por Dinamarca y Alemania, se suman estos días a una operación para analizar en la práctica la seguridad en Groenlandia, y de concretarla de manera conjunta con EE UU. El reducido número de efectivos militares vuelve ridícula la «seria preocupación» de Rusia «por la mayor presencia de la OTAN» en la isla. Aunque, como ocurre con la guerra en Ucrania, el cinismo de Moscú encontrará un oído agradecido en la Casa Blanca. La perspectiva de que España pueda incorporarse al contingente en territorio groenlandés, lejos de dar lugar al debate sereno, ya proporciona un nuevo frente de bronca entre los grupos parlamentarios. Y podrá discutirse en el encuentro que mantendrán el lunes Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo.