RAMÓN PÉREZ-MAURA-EL DEBATE
  • Al pedir la justicia francesa la colaboración de la justicia española, al juez Calama se le han abierto las puertas y puede reactivar su investigación de la que, para mí, ahora, lo más interesante es saber por qué prefería el Gobierno que se dejase de investigar el caso
¿Recuerdan las cosas que decíamos los españoles de Bélgica y de Alemania cuando se negaban a atender las peticiones de extradición del prófugo Carles Puigdemont? De todo, menos bonito. Pues imagínense lo que dirán de España los holandeses en esta hora en que han conocido que un criminal como Karim Bouyakhrichan, capo de una banda mafiosa dedicada al narcotráfico y que amenazó la vida de la Princesa Heredera del Reino de los Países Bajos y la vida del primer ministro, Mark Rutte, tan aficionado a ir a la oficina en bicicleta, ese criminal fue puesto en libertad en España por un juez que consideraba –contra el criterio de la Fiscalía– que no había peligro de que se fugase pese a que se estaba tramitando la solicitud de extradición. Ésta es la España de 2024. Nuestra imagen ante el mundo está hoy todavía más descalabrada.
Esta mafia, que es conocida en Bélgica y Holanda como la Mocro Maffia por el origen mayoritariamente marroquí de sus integrantes, es conocida por el grado de violencia que emplean y lo asentados que están en el territorio donde operan. No así en España, donde nadie cree que se haya quedado el capo fugado. El juez le puso una fianza de 50.000 €, que para él es como si un juez pone una fianza de 20 € a una persona que cobra el salario mínimo interprofesional.
A estas horas el tipo está, con toda seguridad, en Marruecos, donde se puede sentir seguro. Y da la casualidad de que el mismo día en que nos enterábamos de la fuga a Marruecos de este tipejo, nos llegaba la noticia de que el juez José Luis Calama ha reabierto la causa de la investigación del espionaje de los teléfonos del presidente y los ministros de Defensa, Interior y Agricultura. Cuando el 2 de mayo de 2022 Félix Bolaños informó del pinchazo de estos teléfonos, lo que estaba haciendo era intentar distraer la atención de la acusación de la Generalidad de Cataluña de que el Gobierno de la nación había ordenado al CNI espiar a miembros del Gobierno catalán. En lugar de responder que para eso está en CNI, para conocer lo que hacen todos los que conspiran contra España –y habrá que reconocer que los que quieren la independencia de Cataluña hacen exactamente eso– Bolaños prefirió hacerse la víctima y decir eso de que estas cosas nos pasan a todos.
Cuando el juez Calama se hizo cargo de la investigación, se encontró con todas las puertas cerradas y en el plazo de dos meses tuvo que archivar la causa provisionalmente. Afortunadamente la investigación se está haciendo con todo detalle en Francia y allí, como aquí, todo apuntaba al vecino del sur. Al pedir la justicia francesa la colaboración de la justicia española, al juez Calama se le han abierto las puertas y puede reactivar su investigación de la que, para mí, ahora, lo más interesante es saber por qué prefería el Gobierno que se dejase de investigar el caso.
Y el dato relevante, en esta hora, es que la Mocro Maffia y el caso Pegasus, ambos dos apuntan a Marruecos, país con el que Sánchez tiene una relación sumisa y en el que Napoleonchu acaba de cubrir todos los consulados que salían en el bombo como puestos de asterisco. Es decir, de designación personal por el ministro y al margen de la Junta de la Carrera. Aquí hay mucho que todavía no sabemos. Raro, raro.