- El justo juez se despertó convertido en un hosco ministro sectario que usaba la ley como papel higiénico. Anuncia que está monitorizando las redes. Monitorízame esto
Marlaska empezó su metamorfosis cuando renunció a la ce y se puso esa ka. Su euskaldunización básica y simbólica no nos importa. Como si decide llamarse Karkaska, o Herrikarkaska. O bien Karkafka, en homenaje al literato que prefiguró lo suyo. La cuestión es que nuestro Gregorio Samsa dejó de ser el admirado juez que se había enfrentado a la ETA, con la ley como única guía, para convertirse en otra cosa muy distinta. La ka fue solo una señal, y su salida del armario en una entrevista televisiva muy personal, otra. De nuevo, la decisión no nos importa. Como si entra y sale del armario hasta la saciedad o el paroxismo. Lo que uno esperaba de un juez de la Audiencia Nacional era que cumpliera con su papel. Y él lo hizo. Hasta Garzón lo hizo. Entonces pasó algo. A cada uno le pasó lo suyo. Algo tendrá ese puesto que de repente torna en estrellitas a sus titulares. La señal, con Garzón, fue un posado de alipori donde se colocaba el puño bajo la barbilla. Algo idóneo como afiche de película dudosa. De ahí a la política y de la política a la casilla de salida. A Felipe González no se le engañaba tanto como a Pedro Sánchez.
Comparas el PSOE del primero con el del segundo y comprendes que la metamorfosis también la ha sufrido el partido. Cuando uno no incluye en su desprecio profundo a todos los socialistas le dicen que está blanqueando a alguien. Lamento ese malentendido. Supongo que se debe a otra metamorfosis, la de unos tiempos en los que todo lo tiñe una moralina escolar. Entre las cosas que me traen al pairo ahora mismo está la memoria del felipismo. Contra Felipe había que estar en 1986, en su apogeo, cuando uno se marchó del PSOE. No en 2026. Ser antifelipista hoy es casi tan absurdo como ser antifranquista. Lo único que recuerdo cuarenta años después de dejar de ser de izquierdas es que Felipe no se dirigía al personal como si fueran imbéciles. Siendo esta la característica principal de Sánchez, junto a su oficina familiar, dime si no ha mutado lo PSOE.
Tras la digresión, volvamos a Marlaska, con ka. No sin antes subrayar otra señal: la de colocarse un guion entre el primer y segundo apellidos. Porque el padre no se apellidaba Grande-Marlaska, sino Grande. Y la madre no se apellidaba sino Marlasca, con ce. Pero he aquí que nuestro hombre se viene arriba y une sus apellidos, quedándose sin segundo, pero insinuando el abolengo de los largos o dobles. Quizá persuadido de que iba a pasar a la historia, había decidido hacerlo con todo el equipamiento. «Una mañana, al despertar Gregorio Samsa de un sueño agitado, se encontró sobre su cama convertido en un enorme insecto». No lo digo yo, lo dice Kafka. El justo juez se despertó convertido en un hosco ministro sectario que usaba la ley como papel higiénico. Anuncia que está monitorizando las redes. Monitorízame esto.