Juan Van-Halen-El Debate
  • Habrá elecciones en 2027 o cuando sea, pero no olvidemos el pasado. La izquierda recupera sus tácticas, su historia. Y, mientras, parte de la oposición sin percatarse

El hoy olvidado Federico García Sanchiz escribió «Ya vuelve el español por donde solía». Estamos viviendo ese regreso a un pasado no precisamente ejemplar: la izquierda vuelve por donde solía. La inefable metepatas Yolanda Díaz, en comparecencia ante la prensa tras un Consejo de Ministros, llamó a la «movilización social», a salir a la calle en defensa de decretos no convalidados por el Congreso. Yolanda sostuvo: «Hay batallas que se ganan en las calles».

El PSOE recomienda a los suyos que peguen a los adversarios fascistas. En un acto socialista, a puerta cerrada, en Rivas-Vaciamadrid, el diputado autonómico Marcano animó repetidamente a su público «a pegar a los fachas». En Cataluña, la izquierda radical reivindicó acciones para boicotear y destruir carpas de Aliança Catalana, como ocurrió en una plaza de Barcelona; circula un manual para sabotear actos públicos de Aliança Catalana y de Vox.

La izquierda quiere retornar a la etapa anterior a la guerra civil. Aquélla en la que Wenceslao Fernández Flórez, cronista parlamentario de ABC, se presentó sin su habitual crónica tras la sesión del 16 de marzo de 1936. El director, Juan Ignacio Luca de Tena, se extrañó, y la respuesta de Fernández Flórez fue: «No hay crónica. Allí tiene usted que mandar a un redactor de sucesos, no a mí». Entre febrero de 1936, elecciones generales, y julio, se produjo una extrema polarización en el Congreso con permanente violencia verbal y una parálisis legislativa. La situación recuerda a la actual con un Congreso degradado, un léxico grosero, excesivas descalificaciones, y difamaciones que la presidencia, absolutamente casera, no impide salvo que afecten a los suyos.

El diputado Balbontín, un saltimbanqui que pasó del PCE a Izquierda Republicana y transitó por otros partidos, cuenta aquella situación en su libro «La España de mi experiencia», de 1952. Escribe: «Aunque la violencia de los debates era tremebunda, no llegué nunca a ponerme en el trance de tener que defenderme con la pistola que llevaba siempre en los bolsillos, como todos los diputados militantes». Diputados pistoleros; no hemos llegado aún a eso.

Gil Robles desglosó en el Congreso estadísticas apabullantes que incluían asesinatos, incendios de iglesias y conventos, y asaltos a centros políticos. El 15 de abril de 1936, denunció 269 muertos y 1.287 heridos desde la victoria en febrero del Frente Popular. Las leyes no se cumplían por la impotencia gubernamental. El 16 de junio de 1936 señaló la pérdida total de autoridad del Gobierno. «Tenemos que decir hoy que estamos presenciando los funerales de la democracia». Los jefes de la izquierda exigían «Todos a la calle», un antecedente de Yolanda, comunista más o menos enmascarada tras sus costosos modelitos.

Y lo mismo ocurre con los pucherazos, tras los videos del que intentó perpetrar Sánchez en su propio partido. Hay pruebas del pucherazo en las elecciones de febrero de 1936, una vez huido de la presidencia Portela Valladares, un ejemplo de cobardía política. Aquel pucherazo ha sido desvelado minuciosamente desde fuentes públicas que antes nadie había estudiado, por Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García, en 1936. Fraude y Violencia en las elecciones del Frente Popular. Supone, según el historiador Stanley G. Payne, «el fin del último de los grandes mitos políticos del siglo XX».

La investigación de Álvarez Tardío y Villa surgió tras conocerse los llamados «papeles de Alcalá-Zamora» desaparecidos durante decenios. La Comisión de Actas formada tras las elecciones, presidida por Indecio Prieto, hizo bailar hasta cincuenta escaños en favor del Frente Popular. Así en La Coruña, Orense, Cáceres, Málaga, Jaén, Santa Cruz de Tenerife, Granada o Cuenca. Entonces aquello se consideró un «golpe parlamentario». Fue un punto de inflexión hacía la guerra civil. Alcalá-Zamora anotó en sus papeles: “España se ha vuelto La Coruña«, generalizando el gran pucherazo comprobado en aquella provincia, que para el expresidente de la República ejemplificaba «esas póstumas y vergonzosas rectificaciones» descubiertas en las actas electorales.

Nunca hubo un acta única con los resultados oficiales. El Frente Popular señaló que «no se dejaría arrebatar la victoria». Presiones, secuestro de gobernadores y alcaldes, toma de las calles. El Estado de Derecho estaba, de hecho, suspendido. Habrá elecciones en 2027 o cuando sea, pero no olvidemos el pasado. La izquierda recupera sus tácticas, su historia. Y, mientras, parte de la oposición sin percatarse.