Ignacio Marco-Gardoqui-El Correo

  • Nuestro inmerecido presidente nos prometió que, esta vez, en 2027, sí habrá Presupuestos. Pero para dar su aprobación, a Junts le faltan todavía más cesiones

¿Y cómo va la cosa? Muy bien, gracias por su interés y por preguntar. De momento tenemos ya fijado el techo de gasto y, como se esperaba, es todo un espectáculo. Un nuevo récord, claro, porque el tiempo pasa y las necesidades aumentan, sobre todo si recordamos que el año próximo se celebrarán todo tipo de elecciones en muchos ámbitos y no es el mejor momento de irritar a nadie apretándole el cinturón. Para evitarlo gastará -bueno, en realidad, el Gobierno solo invita, pero el que realmente paga es usted, lo siento, pero así son las cosas- 226.032 millones, es decir, un 6,6% más que los del año pasado y eso sin contar los gastos financieros -los gastos por intereses de la deuda, que algunos aseguran que no pagamos, pero que ya ve que sí los pagamos-, y que empezarán el año en los alrededores de los 40.000 millones.

Total, que en el conjunto de la legislatura se habrá incrementado el techo del gasto en un 31%, aunque es verdad que no se lo han aprobado «jamás, nunca», como diría la directora de la Guardia Civil. Pero eso es porque el Congreso es un nido de fachas carentes de la mínima sensibilidad social. No como el Gobierno de progreso progresista que nunca varía su rumbo, ni aunque se le apague ese faro moral que iluminaba su singladura, el señor Zapatero. Ese señor que alza las cejas y no el brazo y que antes se dedicaba a blanquear dictaduras y ahora se consagra como exitoso custodio de joyas. En resumen, desde que llegó a la Moncloa el señor Sánchez ha aumentado el techo del gasto en un 92%. Eso sí que es ‘sensibilidad social’ y de la buena…

En la misma reunión, el Consejo de Ministros dio luz verde a los objetivos presupuestarios que, antes de ser operativos, deberán obtener la aprobación previa del Congreso. Es decir, deberán convencer y ‘conmover’ a Junts, porque si éstos mantienen su actual posición no tendrán su voto a favor. Junts ya ha dicho que con ellos no se puede contar para nada y no creo que dejen pasar la oportunidad de mantener al Gobierno castigado a lo largo de toda una legislatura sin disponer de cuentas públicas aprobadas, algo que no se ha visto antes en ningún gobierno democrático, en ningún país del mundo, ni en ninguna época desde que comenzó el holoceno. Para dar su aprobación, a Junts le falta todavía la cesión total del IRPF, la concesión del ‘cupo vasco’ y lo del catalán en el Parlamento europeo y le sobra el exilio de Puigdemont en Waterloo.

Para preparar bien las cosas, el Ministerio de Hacienda ha presentado los números de la financiación autonómica y trata de ganarse los apoyos de las comunidades, que recibirían un montón de dinero extra. Pues, ni por esas catorce comunidades, las gobernadas por el PP más la castellano-manchega y la asturiana han avanzado su oposición. Todas menos la catalana en donde el ‘molt honorable’ Illa ha conseguido desatascar sus presupuestos gracias al apoyo de ERC y los comunes.

¿Cómo es posible tanta ingratitud? Pues porque el sistema propuesto por el Gobierno arrastra el pecado original de haber sido previamente pactado y en rigurosa exclusiva con ERC y nadie quiere presentarse ante sus electores con semejante estigma sobre sus hombros. Eso por los que sitúan debajo del Ebro, mientras que los de Puigdemont no soportan ni consienten que sus rivales de ERC se apunten ningún tanto y desean que sufran las consecuencias de su apoyo al Gobierno.

Pero, ¿servirá para algo todo este esfuerzo? Lo más probable es que no. Porque se lo tumbará el Congreso, pero él, siempre podrá presentase ante el electorado como el ‘gran benefactor y el protector de las masas’. Si los demás son todos unos fachas… ¡no es su culpa!