Juan Soto Ivars-ABC
- La recuerdo hablando día y noche del Ventorro, animando a cortar la vuelta ciclista por amor a Palestina
La frase que más he oído hoy ha sido «esto se veía venir». Nadie conoce la causa del desastre ferroviario, pero de manera inconsciente parece que alguna gente une los puntos y hace un dibujo. El dibujo es un país parasitado donde se elige a dedo a los altos cargos en función de lo que se les debe y los amaños en la contratación pública son el pan de cada día.
Así, años de pequeñas catástrofes de origen político, molestas e intrascendentes (retrasos, averías, novias de Ábalos en Adif, baja inversión, quejas de maquinistas, quejas de usuarios) han funcionado hoy como el prólogo sentimental de una gran catástrofe que no pilla a demasiados por sorpresa. La herida en la confianza se abrió antes del golpe, y el desastre parece que la subraya.
De ahí que, aunque hoy no sea el día, haya un sordo clamor de resentimiento contra la clase política y un dedo que los señala. Y de ahí que, en la sincronizada, lo que más se ha repetido hoy haya sido que «no hay que politizar la tragedia».
Con los ojos fuera de las órbitas, una joven y humanitaria tertuliana maldecía desde la Televisión Española a quienes politizan desgracias, a esa piara de infames fachas que mencionan el sofrito. ¡No politicéis la desgracia!, exige, aunque la recuerdo hablando día y noche del Ventorro, animando a cortar la vuelta ciclista por amor a Palestina o luciendo una camiseta con la cifra de 7.291 «asesinados» por Ayuso.
¡No politicéis la desgracia!, truenan quienes convirtieron el desastre del Prestige en un pozo negro de política; quienes enviaron mensajes de texto en masa para dar un vuelco electoral tras el atentado de Atocha; quienes convirtieron la ayuda de miles de voluntarios en la dana en una amenaza fascista; quienes se rieron de la muerte de Charlie Kirk porque se lo andaba buscando; quienes mandaron flotillas sin ayuda humanitaria a Gaza contando que llevaban ayuda humanitaria; quienes consideran que sólo murieron ancianos por Covid en Madrid; quienes colocan a enfermeras del sindicato en la televisión pública para que hablen de lo mucho que sufre el enfermo donde no gobiernan ellos; quienes desprecian a las víctimas del terrorismo que no han comprendido que Bildu es bueno está a favor del derecho a la vivienda; quienes ignoran a los que esperan todavía las ayudas por la ley ELA; quienes proclamaron abiertamente que llegaron a la política para «politizar el dolor»; quienes dicen que «lo personal es político»; quienes se ungen con el dolor de la víctima y se lo apropia sin sufrir. «¡No politicéis la desgracia!», nos espetan a los demás. «Que ya la politizamos nosotros», les falta añadir.
Uno no puede evitar maliciarse que, si tanto insisten con no politizar esta catástrofe, sólo puede ser porque los suyos la han causado.