Miquel Escudero-El Correo

En su Constitución, Bolivia reconoce 36 pueblos indígenas originarios, con sus respectivas lenguas y manteniendo el español como lengua común. Está muy bien. En cambio, un respeto sin excepción a las antiguas leyes y normas es inaceptable. Por ejemplo, los u’wa identificaban a los gemelos con el mal y por esto los abandonaban al nacer. Tampoco es aceptable la mutilación genital femenina, propia de algunos países. Por desgracia, se han cometido innumerables barbaridades, se siguen cometiendo y nunca acabarán. Sin embargo, a partir de la conciencia de ser persona nunca podemos hacer la vista gorda ante todas ellas, ni en virtud del ‘sacrosanto’ multiculturalismo.

Hay cosas que ignoramos y que sería bueno aprender. En 1503 Isabel la Católica ordenó expresamente que los indios fueran «doctrinados como personas libres que son y no como siervos». Era una orden desde el convencimiento. Sucede que tenía poder, pero no potencia para hacerla cumplir. Así se pudo decir que «la ley se acata, pero no se cumple». El año 1571 se imprimió en México la primera Gramática de la lengua náhuatl. Y, como recuerda Gonzalo M. Quintero, en 1745 había 17 universidades en la América española por 3 establecimientos de educación superior para predicadores en la América británica. No todo fue malo, no todo fue bueno.

Sheinbaum exige a España pedir perdón por sus fechorías históricas. En cambio, no se le ocurre rechistar a Trump por que México se viera obligado a dar el 40% de su territorio a Estados Unidos. Pedir perdón no siempre procede: es reconocer un error sin excusas y mostrar arrepentimiento genuino, lo que no sucede con algunos convictos privilegiados.