- Las mezquitas en España superan las 2.000, de las que más de 100 son salafistas y predican un islam radical contra la cohesión e integración en nuestras sociedades occidentales de acogida (o nacimiento); contra homosexuales, judíos e infieles; contra el juego y el alcohol; y hasta contra la felicitación navideña a un infiel
La población africana residente en España supone actualmente alrededor del 17 % del total de extranjeros, frente a un 47 % de latinoamericanos. De aquellos africanos, más de un 70 % son marroquíes. Los súbditos alauitas no nacionalizados españoles –sin contar a aquellos en situación irregular en nuestro país– son más de 1,1 millones. Con la dificultad que supone calcular el número de fieles musulmanes en España porque no se recogen datos de filiación religiosa, estos podrían ser más de 2,5 millones, un 5 % de nuestra población. Un 45 % son españoles. Son principalmente marroquíes, argelinos, pakistaníes y subsaharianos: senegaleses, malienses y gambianos. Un 31 % de los recién nacidos en España lo son de padre o madre marroquí. Hace 30 años, al principio de la década de los 90, los musulmanes eran alrededor de 200.000, es decir, en tres décadas se han multiplicado por diez. En los veinte años de este siglo han pasado en Europa de 15 millones a más de 40, y su férrea inadaptación en Francia, Bélgica, Países Bajos, Suecia y países nórdicos, Reino Unido, Alemania, Austria… Aún continúa medio siglo después de que llegasen. Las mezquitas en España superan las 2.000, de las que más de 100 son salafistas y predican un islam radical contra la cohesión e integración en nuestras sociedades occidentales de acogida (o nacimiento); contra homosexuales, judíos e infieles; contra el juego y el alcohol; y hasta contra la felicitación navideña a un infiel. Cada vez son más patentes las celebraciones del Ramadán en nuestras escuelas, la imposición de comida halal en comedores públicos de escuelas, prisiones y hospitales que pagamos el resto de contribuyentes; el velo en las aulas, su antisemitismo, el sacrificio de miles de corderos vivos frente a posibles multas por dejar a tu perro atado un rato a la puerta del supermercado, los rezos masivos en espacios públicos…
La tasa de paro de los marroquíes triplica la de los españoles: un 27 % frente al 8 %, y duplica la de los subsaharianos: el 16 %. Británicos y marroquíes son los extracomunitarios que menos cotizan a la Seguridad Social; los primeros porque son mayoritariamente pensionistas jubilados. Hace un año y medio la prensa nos bombardeaba con que los marroquíes alcanzaban las cifras de mayor número de afiliados extranjeros a la Seguridad Social, habiendo superado a los rumanos. Obviaban que por aquél entonces los rumanos eran más de 600 mil ciudadanos en España y los marroquíes casi llegaban al millón. El porcentaje de estos últimos que están empleados sobre su propia población en España oscila entre el 22 %, según La Gaceta y Atalayar –medio participado por la propia Embajada de Marruecos en España–, y el 40 %. Por contra, los extracomunitarios con mayor porcentaje de afiliados en 2024 eran los venezolanos (74 %), peruanos y argentinos (66 %), ucranianos (63 %), ecuatorianos (61 %), colombianos (60 %), … Los empleos de marroquíes son no cualificados y sus salarios son bajos, por lo que también lo son sus cotizaciones. La gran mayoría han de ser complementados con prestaciones sociales por hijos, ayudas al alquiler, rentas mínimas, etc. Más de la mitad de las mujeres marroquíes están en paro: al menos un 54,2 %. Les siguen las paquistaníes, con un 39,5 %, y aún me parece muy poco. Medios marroquíes en lengua española como Mares 30 y Rue 20 informaban en base a datos oficiales este año que los marroquíes lideraban en España el ranking de beneficiarios extranjeros de prestaciones por desempleo: un 17,7 % (32.849 de un total de 184.820). En 2018, Dinamarca reconocía que cada inmigrante no occidental procedente de países MENAPT (Oriente Medio, Norte de África, Pakistán y Turquía: ¡todos musulmanes!) le suponía un coste neto al Estado de 85.000 coronas (11.374 euros).
El abandono escolar entre los adolescentes inmigrantes africanos es el más alto. El 55 % de los inmigrantes subsaharianos de entre 16 y 20 años no cursa estudios, y lo mismo pasa con el 26 % de los marroquíes. En 2024, la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea publicó un informe sobre los inmigrantes musulmanes y sus hijos en 13 países europeos: Being Muslim in the EU. Experiences of Muslims. Según este informe, el 30 % de los estudiantes musulmanes entre 18 y 24 años abandonaba la escuela en España. Esta tasa era tres veces superior a la media de la población general en la UE-27. Además, solo un 4 % obtendría un título universitario frente al 35 % del conjunto de la sociedad española. En 2020, la Fundación Ibn Battuta decía que los jóvenes de origen marroquí en Cataluña duplicaban el fracaso escolar de la población autóctona, siendo aún mayor entre los chicos que entre las chicas. Marroquíes e hijos de marroquíes no obtenían ningún título postobligatorio en el 66,9 % de los casos, mientras que ese fracaso escolar entre los autóctonos era del 36,5 %. Pero siempre se creen discriminados y nos acusan de islamófobos. Este sentimiento subjetivo es perversamente utilizado por líderes radicales para azuzar la animadversión de sus correligionarios hacia nosotros, los europeos. Bélgica y Cataluña son los focos islamistas más radicalizados en Europa; en nuestro caso, gracias a los políticos catalanes independentistas de Convergencia y ERC, que fueron a buscar marroquíes mientras desdeñaban a los latinoamericanos porque hablaban español.
En una entrevista en este mismo periódico hace año y medio, una profesora del Bajo Penedés confesaba que sus alumnos decían que estaba bien pegar un tiro por defender a Mahoma. Aunque habían nacido en España, oían esas ideas en sus casas. La docente creía que no se integrarían jamás. En mi anterior libro, Hacia una Europa Islamizada, yo ya refería episodios similares en la educación de los jóvenes musulmanes europeos. Recuerdo un alumno alemán de ascendencia albanesa que creía que el hombre era superior a la mujer, y que a este le estaba permitido castigarla físicamente en determinados casos (versículo 34 de la Sura 4, An-Nisá).
El voto musulmán en nuestras democracias occidentales no es asunto baladí. Mientras nosotros siempre hemos elegido en las urnas a quienes pensábamos pudieran traer mayor prosperidad a nuestro país, la islamoizquierda europea es rehén del avance de la islamización y de sus perennes ayudas públicas. Hasta aspiran a condicionar la política internacional de un país europeo para que se alinee con sus postulados en el eterno conflicto de Oriente Medio.
- Alejandro Espinosa Solana es autor del libro Hacia una Europa Islamizada’ (SND Editores)